Exposición Individualsept 2009 - nov 2009· Por Manuel Álvarez Lezama

Cristina Córdova

Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico

La joven ceramista/escultora puertorriqueña Cristina Córdova, a quien le escribí los ensayos de sus primeros catálogos hace varios años cuando comenzaba su afortunada carrera artística, ha pasado de ser otra excelente ceramista puertorriqueña —¡y hay muchos/as! (desde REDO hasta Cecile Molina, ya que la cerámica ha tenido un auge y sofisticación notables desde la fundación del proyecto Casa Candina (Susana Espinosa, Jaime Suárez, Bernardo Hogan, Aileen Castañeada, Toni Hambleton), los ceramistas de la Liga de Arte de San Juan (Sylvia Blanco) y John Balossi en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras— a convertirse en una reconocida artista en Estados Unidos (donde vive desde el1999), sumamente cotizada en su isla.

Exposición Individual: Cristina Córdova — imagen 1
Cristina Córdova. Entre Tierra, 2008. Foto: Sergio Hernández.

Desde el principio de su carrera demostró originalidad y excelencia en el campo de la cerámica escultórica de pequeño y mediano formato, dedicándose a captar la esencia de la mujer (y del hombre también) desde un punto de vista surrealista, rayando a veces en la exageración y/o lo lúdico o lo grotesco; en el caso de la mujer debido a la incomprensión de su naturaleza y sus conceptos del amor, de la felicidad, de sus sueños y aspiraciones. No obstante, su obra siempre fue para el público local una interesante combinación entre retos existenciales y conversation pieces de cierto atractivo estético ( los grabados de Goya). Con enormes ganas de superarse tomó talleres en Estados Unidos, hizo su maestría en 2002 (New York State College of Ceramics de la Alfred University), y su obra fue adquiriendo nuevas e interesantes profundidades.

Cada exposición que ha hecho desde 2001 en la Galería Pamil, que la representa en Puerto Rico (en Estados Unidos la representan hoy la Ann Nathan Gallery de Chicago y la Hodges Taylor Gallery en Charlotte), fue una nueva provocación y un gran éxito comercial. Cristina Córdova continuaba acercándose a entender, por un lado, la incomprensión de la mujer y el hombre, por parte de una sociedad clasista, sexista y, en esencia, injusta, y. por otro, la naturaleza de la mujer y sus acercamientos al amor y a la felicidad, su visión de la felicidad, la importancia de sus sueños y aspiraciones. Y mientras más entendía el espejo, más compleja se volvía su obra: viajes como el de la Odisea, guerras como la que presenta la Ilíada, círculos del Infierno, Purgatorio (Temporal) como los presenta Dante en su Divina Comedia, pero también Paraísos.

ENTRE][TIERRA es un viaje donde Cristina Córdova nos presenta enormes retazos de la condición humana. Marcadas por su catolicismo original y ahora por todas sus nuevas libertades —estéticas y éticas— la artista acepta sus creaciones como espejos distorsionados que bien reflejan nuestras luchas de sobrevivencia y nuestros deseos de acercarnos a algo mejor. Para la artista, “El potencial verdadero de entender y existir plenamente se desactiva ante la necesidad humana de estructurar y definir. Busco crear metáforas a través de la socialización forzada de estas figuras”. No sé si la artista entiende plenamente a los filósofos postmodernos pero hay ecos de sus osados pero interesantes postulados. Lo que sí sé es que la mayoría de sus esculturas nos fuerzan a tratar de entender nuestra existencia/destino, ya sea desde un punto de vista marxista o capitalista, espiritual o animal, de reyes o esclavos (Heráclito).

En ENTRE][TIERRA Cristina Córdova no tiene problemas en tomar elementos desde las Venus de la fertilidad de la prehistoria hasta las esculturas de terracota chinas de la dinastía Ming, las precolombinas y el arte africano de terracota Ife del siglo XII, desde Henry Moore hasta Antonio López y Fernando Botero. Otra vez, la obra en general es histriónica y podemos ver a la artista dirigiendo pequeños pero consecuentes obritas de corte surrealista/existencial/feminista que muy conscientemente dialogan con lo que está ocurriendo en los discursos globalizados de hoy. No hay duda de que ENTRE][TIERRA es una exposición impresionante, que fue bien pensada y muy profesionalmente ejecutada y expuesta. La pregunta que se han hecho muchos conocedores de arte, entre ellos, las madres y padres de la cerámica puertorriqueña (artistas de renombre internacional con todos los premios habidos y por haber), es si el tamaño monumental (de la serie/instalacion Salvavidas: —El aire huele a humo, Tiempo sin memoria y Canto errante, y Duelo I y Duelo II, ambos espacios interesantemente retos visuales e intelectuales para este critico de arte) –claro, no de las esculturas de pequeño formato (Las negras y Lid) es necesario o simplemente un truco para llamar la atención: algunas esculturas se mueven y todo. Para la decana de la cerámica puertorriqueña la contestación es “no”. Cristina Córdova logra capturar en los rostros/cabezas y en los cuerpos de sus esculturas de mediano formato una gama de emociones extraordinarias. Yo lo entiendo como si la artista simplemente nos quisiera demostrar tanto su virtuosismo técnico (la técnica de los alfareros precolombinos del slab building) como sus sensibilidad para captar la condición humana. Tiene el don del “retrato” tridimensional; tiene el poder de ser cronista de la historia y el presente de la mujer; muchas clases de mujeres, desde esclavas hasta las que sufren las diásporas (La huida), desde las condenadas a la soledad hasta las que tienen fuerzas y luces. Captura las intensidades que marca la vida y da esperanza a los que creemos en los globos, las alas, la risa, las verdaderas comuniones. Porque siempre está entre lo terrenal y lo sublime.

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Cristina Córdova, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus