La exposición Carlos Raúl Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas, es acogida en el FAD (Fomento de las Artes y el Diseño) en Barcelona (España) para celebrar doblemente el cincuentenario de los Premios FAD de Arquitectura e interiorismo, así como el aniversario del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, obra cumbre de dicho complejo arquitectónico.
Esta muestra representa una revisión actual que permite calibrar la trascendencia de la Ciudad Universitaria de Caracas en relación con la historia de la arquitectura desde la segunda mitad del siglo pasado, siendo referente fundamental de la Modernidad en el continente americano.

Este gran proyecto es concebido por Carlos Raúl Villanueva en un momento clave de la historia de Venezuela, cuando los estamentos positivistas y progresistas, imantados por un franco proceso de industrialización, un pronunciado nacionalismo y el apuro de una férrea dictadura, dirigen el curso del país. La insistencia en proyectar una “moderna y monumental fachada de Venezuela” justificaba, con cemento armado, la retórica arquitectónica del régimen; encomienda que es lúcidamente interpretada por este arquitecto.
Villanueva conjuga todo el caudal teórico, producto de su formación en la Europa que ve surgir las vanguardias históricas y la arquitectura moderna, en contraste con la atmósfera tropical que experimenta una vez que llega a Venezuela en 1929, encontrándose en medio de un universo completamente diferente y enclavado en una suerte utopía americana que supo potenciar con maestría.
Uno de los aspectos más nutritivos de esta muestra es la oportunidad de dar a conocer al arquitecto Villanueva, quien no cesa de ser motivo de admiración y sorpresa, aunque también de desconocimiento en el ámbito europeo.
Un potente grupo de arquitectos, curadores y productores —entre los que se encuentran Juan Pedro Posani, Javier Cerisola, Valentina Salcedo, Igor Peraza, Beth Galí, Eugenia Fuenmayor, Silvia Hernández de Lasala, así como Catalina Pons y Andrea Griborio—, llevó a buen término esta titánica y prolija labor de conceptualizar, seleccionar, documentar y acopiar tan vasto material.
Si bien no han sido pocas las muestras que se han dedicado a la Ciudad Universitaria de Caracas, nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2000, la importancia de la exposición radica en que una gran parte de las piezas que la componen se encontraba dispersa.
A lo largo de la sala del FAD, todo el material es mostrado elegantemente sobre un dispositivo museográfico diseñado especialmente para la muestra, inspirado en perfiles y estructuras propias de la Ciudad Universitaria.
Se consigue reunir 3 enormes maquetas, 25 fotografías, 49 planos y 2 bocetos, y no sólo se trata de colecciones particulares, ni colecciones oficiales sometidas a estrictos controles de seguridad, sino que parte importante del rico archivo de la Ciudad Universitaria es rescatado del propio taller de arquitectura de Villanueva y exhibido por primera vez.
El resultado, casi arqueológico, agrupa piezas tan valiosas como planos dibujados tradicionalmente a lápiz y firmados por el maestro, maquetas de hasta 60 años de antigüedad, croquis y bocetos, así como planos firmados conjuntamente por Villanueva y los mismos artistas, lo cual evidencia cómo este arquitecto supo escoger al más selecto grupo de artistas de la escena de vanguardia en Europa y Estados Unidos e invitarlos a formar parte activa del proyecto, dejándolos hablar desde sus propias poéticas e integrándolos a la empresa que se había trazado.
Las fotografías de Paolo Gasparini documentan espacios emblemáticos de la Ciudad Universitaria, que dialogan dentro del estilo moderno, para dar paso hacia una expresión mucho más orgánica y libre, por ejemplo el conjunto de la Plaza Cubierta. Villanueva concibe para esta plaza espacios de frescor a la sombra, así como entrelaza la luz tropical en radiantes urdimbres y traza la ruta de un versátil museo al aire libre, emblema de la modernidad. Este conjunto, síntesis de las artes pleno de esculturas y murales en los que encontramos obra de Vasarely, Léger, Arp, Pevsner y Laurens, entre otros, no deja de sorprender a quienes ven tal cantidad de piezas reunidas enalteciendo dicho entorno.
Otra serie fotográfica capta los grandes edificios del conjunto, cuyas fachadas resultaron prismas escultóricos colosales al aire libre, a mano de artistas plásticos nacionales e internacionales.
En esta sala se exhiben de manera excepcional copias a escala de las impactantes nubes de Alexander Calder, que fungen como pantallas donde se proyectan audiovisuales relativos a Villanueva. Así mismo, planos y fotografías del Aula Magna dan cuenta de la verdadera integración de las artes que representa este conjunto, donde al igual que en una lámpara de lava, las nubes parecen suspenderse y expandirse como en un cielo encapotado con doble funcionalidad: decorativa y acústica.
Merece la pena destacar la huella contenida en aquellos papeles, hoy velados por un color amarillento, sobre los que se distinguen sellos que dictaminan “definitivo”, así como discretas salpicaduras de vino, recuerdo del éxito de un proyecto tan colosal como único, no sólo para la generación que le tocó verlo erigirse sino para todas las generaciones que hemos tenido la oportunidad de disfrutarlo.
La exposición Carlos Raúl Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas ha tenido muy buena recepción por parte del público en Barcelona, superando las expectativas trazadas y dando pie a hacer de esta muestra un proyecto itinerante que permita difundir este importante conjunto.
ELISA RODRÍGUEZ-CAMPO
