Re-collections es el título de la muestra personal de Carlos Betancourt presentada por The Molly College Art Gallery en Long Island, Nueva York durante en abril. La muestra se concentró en la serie del mismo título y presentó a su vez obras clave dentro de la trayectoria del artista, como son los casos de The (Last) Supper y Sunday Afternoon in El Yunque, ambas de 2008.
La obra de Carlos Betancourt es el fruto de una acumulación meticulosa —prolongada en el tiempo y el recuento— que el artista maneja como admirable maestro de ceremonias. Y es que Betancourt es, por sobre todo, un artífice preclaro que, a partir de la conjunción de elementos mínimos significantes, construye una cosmogonía altamente peculiar: excéntrica y radiante, al tiempo que íntima y sentida.

La propuesta artística de Betancourt se sustenta en una búsqueda insaciable de su propia identidad. Una identidad difícil de aprehender, con múltiples aristas y altamente mutante, con barreras limítrofes escurridizas e imaginación desbordante. Una identidad heterogénea y diversa, multirracial, multilingüe, transcultural, y donde la migración aparece como piedra angular que sostiene la cultura de la región. Me refiero, por supuesto, a la identidad caribeña. Aparece asociada a ella un fenómeno relativamente nuevo: la diáspora caribeña, y relativa a ello, la aparición de un nuevo tipo de identidad de la que es exponente la obra de Carlos Betancourt: la identidad transcaribeña.
Imbuido de su propio bagaje cultural —nace en Puerto Rico, de padres cubanos— este artista radicado en Miami nos transmite a través de su obra la amalgama y yuxtaposición de referentes que es la cultura trans-caribeña, exacerbada por la imaginación y la distancia. Carlos Betancourt explora el Caribe a partir de sus raíces culturales históricas. Tales son los casos de la cultura taína y africana como pivotes esenciales conformadores de la identidad de la región.
En específico, Betancourt se detiene en la cultura taína como cultura originaria del área, rica en leyendas y tradiciones que aún hoy portamos y que, sin embargo, es la más de las veces soslayada. También encontramos en su obra elementos de la cultura afrocaribeña, típicos también del Caribe y, por supuesto, de la cultura urbana contemporánea. Todos estos elementos se integran entre sí configurando una cosmogonía que dialoga sobre la identidad, la diversidad, el diálogo.
La idea de ofrenda, tan cara a las culturas taína y africana, se erige en pivote central del discurso artístico de Carlos Betancourt. Sus personajes, cargados siempre de atributos que lo identifican, son portadores de elementos votivos: el regalo propiciador y pacificador. En primera instancia, destaca la cultura taína, invocada aquí por su carácter animista, donde todo elemento viviente es venerado y respetado. Cualquier negligencia u olvido puede alterar el necesario equilibrio del cosmos y revertirse contra sí mismo. Esta condición es piedra angular en la obra de Carlos Betancourt, donde todos y cada uno de sus personajes —de una gama de riqueza y diversidad impresionantes— son ubicados siempre en un mismo nivel, emplazados siempre desde su condición humana.
El segundo cuerpo teórico que conforma la obra de Carlos Betancourt es la cultura afrocaribeña, una tradición cultural arraigada desde hace varios siglos en la región y que se distingue por su carácter de resistencia cultural y el proceso transcultural que identifica al Caribe.
Su serie Re-collections (2008) es emblemática de todo este proceso. En primera instancia, los elementos que conforman cada una de las obras son extraídos de su contexto original para ser extrapolados, reinsertados en una nueva cosmogonía. Asistimos a la idea estereotipada y edulcorada del Caribe: flores, conchas exóticas, colores estridentes, naturaleza exuberante, cuerpos sensuales.
Desde el punto de vista formal, prevalece una especie de horror vacui. Sin embargo, la armonía de la composición global dominante nos devuelve el sosiego. La preferencia por la acumulación, los colores brillantes, la superficie brillante, la exageración y, en ocasiones, lo grotesco en la producción de Betancourt conlleva estrechos vínculos con la tradición de la cultura pop americana y kitsch. Estas influencias devienen influjo vital en la obra de Carlos Betancourt, que está siempre en una estrecha relación con la cultura urbana.
Los personajes que aparecen en la obra de Carlos Betancourt traen a la mente la obra de artistas americanos como Duane Hanson y Jeff Koons. En el plano conceptual, sin embargo, se imponen los nombres de artistas como Ana Mendieta, José Bedia y Arnaldo Roche Rabel.
La muestra Re-collections, presentada en The Molloy College Art Gallery, es un viaje fascinante y mágico que mucho tiene que ver con ese realismo mágico tan caro a la región.
JANET BATET
