Exposición Individualsept 2009 - nov 2009· Por Marta Rodríguez

Alicia Viteri

Centro Cultural Gabriel García Márquez

Desde que conozco a Alicia Viteri, siempre ha estado contando historias. Primero contó la historia de unos insectos que se fueron regando por el mundo. Fui testigo de cómo fue cobrando vida una mosquita observada con la pasión de un científico y dibujada con minucia sobre una lámina de zinc. Esto ocurrió en el taller de grabado de la Universidad de los Andes, con la supervisión de Umberto Giangrandi y bajo la mirada cómplice de Juan Antonio Roda. Luego esos animalitos dibujados con mucho detalle se apoderaron de una botella de Coca-Cola, mientras otros salían de un enorme tubo. Cucarrones, hormigas y mosquitas, lentamente se fueron humanizando, y cuando se despojaron de sus alas y sus piernas zancudas, entraron a ser parte de carnavales y funerales, en los que mujeres y hombres con gestos y rasgos extravagantes anduvieron por lienzos y finalmente se congregaron en un gran mural. Después vino la historia del Príncipe Próspero, símbolo del poder y la ambición que rigen el mundo; este tirano, su familia y su corte, tratados con un dibujo caricaturesco y deformante, como alguien lo comentó, pudieron haber cobrado vida en algún dibujo animado. Esta historia quedó regada en grabados, dibujos y pinturas ornamentadas con color dorado, encajes y lentejuelas; la promesa de recogerla en un libro no pasó de ser un proyecto que siempre me pareció interesante. En medio de esas historias se coló la imagen de Alicia; junto con su rostro aparecieron sobre los lienzos, las montañas de su ciudad natal, Pasto.

Exposición Individual: Alicia Viteri — imagen 1
Alicia Viteri. Amo a mi mamá, 2009. Arte digital impreso sobre tela. 129,5 x 175,2. (51 x 69 pulgadas).

En los últimos años Alicia Viteri ha seguido empeñada en continuar contando historias; esta vez, su historia personal. El esfuerzo se ha dirigido hacia la creación de un libro que dé cuenta de su vida a través de imágenes y breves comentarios a “pie de foto”. Los paisajes que viene haciendo desde tiempo atrás, se han convertido en una producción paralela que le ha permitido acercarse al color, dejar atrás el mundo en blanco y negro de los insectos, carnavales y funerales, y profundizar en el oficio de la pintura. Desde la década anterior se ha concentrado en recoger imágenes de su álbum familiar y en tomar nuevas fotografías de sus amigos. En medio de este proyecto su vida se vio amenazada por la enfermedad. Venciendo todos los obstáculos y adversidades, con enorme tenacidad, y con el apoyo de Benjamín Villegas, el libro salió adelante. Su lanzamiento se hizo en marzo en Ciudad de Panamá, y a mediados de abril, en Bogotá, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez; en ambas ocasiones paralelo al lanzamiento, se presentó una exposición de las imágenes impresas sobre tela. Para este proyecto Alicia Viteri puso su conocimiento gráfico y pictórico al servicio de nuevas tecnologías, en el manejo de programas de computador que reemplazan las brochas, los buriles y la punta afilada del lápiz. Con estos nuevos medios interviene las imágenes fotográficas que son el punto de partida de sus retratos. En las impresiones sobre tela, por la escala, es posible captar con más precisión los múltiples detalles que conforman cada retrato o episodio, en los que se sobreponen otras imágenes que vienen a enriquecer las características del retratado.

El libro, que tiene una presentación de la historiadora Ángela Picardi, ha sido merecedor de dos nominaciones en “Latino Book Awards” en Nueva York, donde obtuvo el segundo lugar como “Mejor portada” y el segundo puesto en la categoría de “mejor libro de arte en español”. El formato y la portada en seda color violeta llevan a manera de  la imagen de Alicia niña, lo que lo convierte en una pieza delicada; las páginas de papel translúcido que anteceden cada retrato y las esquineras, apoyan el carácter íntimo de esta historia, refuerzan, en quien lo mira, la experiencia de estar viendo un álbum de fotografías. Las imágenes de este proyecto, Memoria Digital, abordan vínculos afectivos con el padre, con una madre que murió dejando huérfana a una niña que lleva sobre su cabeza un enorme moño rosado, una madre que aún se añora; las relaciones con los hermanos y con nosotros, sus amigos, cada uno con un tratamiento particular. Y, por supuesto, en el centro de esta historia aparece un protagonista: Stephan Proaño, como ella lo llama: “Mi compañero, mi amigo, mi hijo, mi padre, mi amante”. 

Para quienes conocemos paso a paso su obra, podemos ver que en las imágenes que conforman este proyecto se filtran rasgos de los insectos, particularmente, en algunas imágenes que aluden a momentos agobiantes; así como aparece la mujer de grandes sombreros que hizo parte de la serie de sus autorretratos con la montaña de fondo, y también se reconoce a uno que otro pariente del Príncipe Próspero.

No sé qué tanto diga esta reseña a un público desprendido de esta historia individual; como tampoco sé cómo llega este álbum familiar, conformado con la voz del afecto, con una gran dosis de humor y con una excelente calidad gráfica, a unos lectores y espectadores ajenos a la historia. Estos son los retos de quien emprende la tarea de hacer pública su vida personal, un trabajo que lo veo como un asunto vital. Este es un proyecto que ha vencido todos los obstáculos para que finalmente sea la vida la que se imponga sobre el arte.

MARTA RODRÍGUEZ

Alicia Viteri, por Marta Rodríguez | artnexus