Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por María José Ramírez

Saúl Sánchez

Nueveochenta Arte Contemporáneo

El joven artista bogotano Saúl Sánchez (1977) presentó en la Galería Nueveochenta la exposición Regla de tres. Esta muestra constaba de un rollo de tela recostado contra una de las paredes de la galería, una mesa y un metro, que parecían material de un almacén textil o de algún proyecto sin terminar. Al entrar en la sala y encontrar sólo esto, el espectador quedaba desconcertado. La tela de 170 cm de alto por 15 metros de largo estaba enrollada por el revés, pero en el interior es un larguero pintado con imágenes en óleo y acrílico. El coleccionista tenía la posibilidad de comprar, a ciegas, desde 50 cm de tela hasta 150, cuyo alto (170 cm) ponía a funcionar la imaginación del comprador en cuanto al formato en que tendría que enmarcarla haciendo cálculos mentales (en regla de tres), dejando al azar las imágenes que componen el “pedazo” que adquirió, o al factor sorpresa, una vez desenrollada en su lugar de destino. Y qué poco convencional e inquietante resulta esta manera de pensar en la pintura, en su comercialización, en el concepto que acarrea y en la percepción que de ella se hace el espectador; concepto que nos recuerda los 10 metros de Renoir que Beatriz González vendió por metros en 1977.

Exposición Individual: Saúl Sánchez — imagen 1
Saúl Sánchez. Regla de tres, 2009. Instalación, óleo y acrílico sobre tela.

Ir a visitar una muestra de pintura sin ver pintura es reformular el sentido de la galería como espacio para mostrar arte. De cierta forma, pierde validez su rol de vehículo expositor, y sin ir más allá, otros conceptos como el de la curaduría quedan flotando en un espacio de duda, por no decir que de nulidad. De otro lado, el primer impacto de las paredes sin obras colgadas es para el espectador una transición del sentirse burlado a sentirse desafiado en el buen sentido, por la reflexión que en él suscita esta situación alejada del estereotipo de lo que se espera encontrar en una muestra de pintura. Supongo que quien no compra un fragmento de este largo lienzo queda de alguna manera excluido de todo el juego que implica adquirir por pura fe para ver qué resulta y qué sensaciones causarán estas imágenes al develarse. Para el coleccionista ha de ser una novedad que estimula la curiosidad y que le permite ser partícipe de un proceso único de “desacralización” del medio y de una manera excepcional de involucrarse en todo un cuestionamiento plástico.

El artista, que tiene formación académica en artes plásticas y además en publicidad y mercadeo, ya ha venido forjando un particular estilo propio con obras anteriores que aluden a recuerdos como fotos antiguas; a íconos populares como las imágenes en las cajas de fósforos o los retratos intervenidos de personajes del diario vivir contemporáneo nacional e internacional (presidentes de Colombia, reyes de Inglaterra, pinturas de la lata del polvo para hornear, pequeños acrílicos pintados en tapas metálicas de bebidas gaseosas). Todas estas las interviene y empata con otros mensajes que no viene al caso comentar en esta ocasión, pero sí mencionar por lo que podría servir de referente inicial para quien adquiere una obra de Regla de tres. El artista alude al morbo del espectador-coleccionista pero también pone a prueba la aceptación general de lo que ya ha producido y expuesto abiertamente en otras ocasiones. En otras palabras el artista se lanza con fe a que haya un voto de confianza en su obra. Las imágenes detrás del revés de la tela son —asumo—, una selección muy personal y subjetiva, pero lo interesante es que lo que se pintó como una totalidad, se fragmenta en formato según la intervención del comprador y arma como una especie de rompecabezas que abarca el mundo del artista y a la vez los micromundos de las personas que adquirieron su pedazo. Son conscientes de que extrajeron un trozo de tela de un todo que talvez tendría un hilo conductor en cuanto tema o narración en imágenes, pero talvez no. En todo caso, siempre el fragmento será recontextualizado según la interpretación del comprador y espectador, y seguramente se encontrará tratando de descifrar alguna cosa en caso de toparse con dos o más fragmentos de diferentes dueños.

La exposición en Nueveochenta estuvo acompañada de un texto a cargo de Natalia Gutiérrez, que resultó una aclaración necesaria para quienes visitaron la muestra y eran ajenos al trabajo de Saúl Sánchez. Cabe citar de dicho texto algunas frases importantes: Refiriéndose a la pintura, escribe que “… El artista me comentó que quisiera quitarle el sentido del espectáculo con que viene envuelta. Quiere protegerla de tantos estereotipos que tenemos al mirar y que cargamos como piedras sin remover”. Al hablar sobre el coleccionist,a dice: “… confía en la pintura que en estos tiempos se siente tan desesperada porque no quiere ser espejo y representar, sino preguntarse por ella misma…El coleccionista rapta los tipos que su época le ofrece para llevarlos a su casa y exponerlos y, de esa manera, como un historiador anónimo, quedan al descubierto los raros patrones de la historia que nos tocó vivir”.

MARÍA JOSÉ RAMÍREZ

Saúl Sánchez, por María José Ramírez | artnexus