Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Dermis Pérez León

Maykel Linares

Galería de Arte Luz & Suárez del Villar

En ocasiones, el arte cubano se identifica con el relato simbólico de un país afectado por los acontecimientos políticos o sociales que construyen su historia. Para el artista Maykel Linares (Caibarién, Cuba, 1979) los datos personales sustituyen la experiencia colectiva y constituyen los apuntes para una biografía caótica y variopinta de un individuo que experimentara vidas dispares. El título de su primera exposición personal en la Galería Luz & Suárez del Villar, un espacio en Madrid dedicado exclusivamente a la exhibición de artistas jóvenes cubanos, lo confirma. Las siglas “M.P.D.” significan en inglés Multiple Personality Disorder (Desorden de la personalidad múltiple). Sin embargo, su obra no demuestra ser la evidencia desquiciante de esta patología, ni la de un amateur en terapia. Nos encontramos con un experimentado artífice que utiliza el “desequilibrio mental” como una situación que le permite apropiarse de cualquier medio o técnica para incursionar en situaciones y vivencias privadas, sin caer en “confesiones”. De ello devienen, quizás, la frescura del conjunto y su total desenfado en el uso de la fotografía, el dibujo, la pintura y la instalación.

Exposición Individual: Maykel Linares — imagen 1
Maykel Linares. Motherland. Installation, bed, mud, grass, clay, wood and bricks. 78 ¾ x 59 x 23 ½ in. (200 X 150 x 60 cm). On background: Screen Test. Acrylic on canvas. 86 1/5 x 52 in. (219 X 132 cm).

La exposición es sencillamente desconcertante por la disparidad de medios y la diferencia de las obras entre sí. No existe el menor atisbo de parecer congruente con un “estilo” que le identifique entre la pléyade de estereotipos cubanos y obras tan bien acuñadas internacionalmente. La sencillez con que asume sus fluctuaciones indica su voluntad ex profeso de parecerse a todos y no parecerse a nadie. Hay sin duda algo que las une, y es esa “elegancia” y limpieza del conjunto, que no debemos confundir con una actitud “minimalista”. Lo que sorprende es que son imágenes y objetos que rayan totalmente en lo cotidiano, como especies de pequeñas notas musicales que reconocemos en rituales compartidos durante algún momento de nuestra vida, con cierto saber irónico.

El centro del espacio lo constituye una pelota de béisbol con la base y eje del globo terráqueo. El tamaño del mundo (2008) es paradójicamente una esfera alusiva a los genitales masculinos y al juego cubano más popular. Desde su pequeña redondez estructura el campo visual de donde parten líneas invisibles que conectan las demás piezas y, por ende, la experiencia narrada. Y no es gratuito. El béisbol es un “símbolo nacional” en un país cuyo credo pasa por politizar el deporte y divinizar todo lo masculino. Por ello, resulta contrastante la pequeña escultura en bronce en la pared de un pene flácido, que contradice la dureza del material, y sus testículos altamente explosivos en forma de granadas. 

Al fondo del espacio, llama la atención la cama cubierta de césped recién instalado sobre un colchón de ladrillos y una almohada de greda, la cual se irá endureciendo con el transcurrir del tiempo. Motherland es su título, tan obvio y sutil al mismo tiempo. Habla de la búsqueda de un lugar desde dónde poder aferrarnos a una parcela de identidad; sólo que este sitio es la cama donde reposa el cuerpo y cuya geografía dejó de carecer de importancia. Ya no se trata de la fluctuación de identidades, sino la personalidad misma poniendo en juego sus estrategias para no colapsar y adaptarse a las situaciones cambiantes. 

La pintura es un juego, como lo es el dibujo; en este último, el ejercicio se hace más abstracto y metafórico. En cambio, la pintura es el deleite del color, con su abierta referencia a un pop art “degradado” con chorreados sin disimulo y encuadres fotográficos de escenas urbanas. Los personajes son jóvenes con miradas existencialistas, cuya expresión y lenguaje se reducen a la vaciedad de los “globos” convertidos en círculos flotantes de color. Se camufla el artista en sus propios sujetos, ya sea como pintor de paredes que trastoca el paisaje londinense en algo caribeño, o al contrario, un latino que se adapta a la corriente cosmopolita del arte y se adscribe a ella sin reparos. Habla de ello su fotografía casi abstracta, donde los objetos se magnifican y adquieren la elegante banalidad y sensibilidad del mundo anglo. Sólo los títulos le “traicionan”, como en Insomnio con el cenicero lleno de colillas aplastadas; o Yesterday, un tríptico de fotos de un fragmento ampliado de huevo frito. 

Sin duda alguna, M.P.D. es un refinado alegato o ejercicio de la condición existencial del artista nómada. Maykel Linares utiliza como estrategia el desorden de la personalidad múltiple para crear obras y situaciones, sutilmente construidas y miradas con distancia, sobre su historia personal. Estamos ante un potencial criminal en ejercicio controlado de su propia patología, a través de la obsesiva reconstrucción del pasado en la cotidianidad del presente. No hay nostalgia, sino fina ironía y buen arte. En él se aplica perfectamente la frase de Ana Mendieta: “Sé que si no hubiera descubierto el arte, habría sido un criminal”. Y en cada una de sus personalidades, no cabe duda de que Maykel Linares llegará a ser un consumado perfeccionista.

DERMIS PÉREZ

Maykel Linares, por Dermis Pérez León | artnexus