Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Amalina Bomnin

Lázaro Saavedra

Servando Galería de arte

Lázaro Saavedra es uno de los artistas más ingeniosos, versátiles y cultos de la plástica cubana. Su cáustico sentido del humor remueve la existencia misma del acto creativo al cuestionar los mecanismos que intervienen en la emisión, circulación y consumo artísticos. No se contenta con ser uno más dentro del gremio, por eso a veces sus ejercicios me recuerdan el harakiri japonés, constantemente debaten acerca de la honestidad con que el artista asume su compromiso intelectual, sólo que en su caso la proyección se produce desde la ironía. Dotado de liderazgo fue también fundador del Colectivo Enema, grupo de estudiantes del ISA (Instituto Superior de Arte), que bajo su guía realizaron remakes de varios performances, en un intento controvertido de juzgar el carácter irrepetible de tales prácticas. 

Exposición Individual: Lázaro Saavedra — imagen 1
Lázaro Saavedra. Habanos, 2009. Óleo sobre lienzo. 100 x 280 cm. (40 x 110 pulgadas).

 Desde sus inicios Saavedra ha jugado a no ser enmarcado bajo ninguna clasificación que apunte a reducirlo. Pintó, hizo historietas, instalaciones, video, animación, siempre recurriendo al registro sarcástico, al emplazamiento del estatus del creador y del propio campo artístico en el contexto social. Sus piezas están concebidas como detonantes, son el necesario golpe de efecto en cuanto a visualidad y enjundia argumental.

 En el marco de la Décima Bienal de La Habana, que en esta oportunidad planteó como lema: Integración y Resistencia en la Era Global, Saavedra inauguró su muestra personal Sponsor en Galería Servando. ¿Quién pone en duda la difícil situación del artista cubano tanto en la escena nacional como internacional? Y Lázaro Saavedra se atreve nuevamente a jugar desde los presupuestos tradicionales del arte a una suerte de tócame Roque, pero no me toques, lanzando diatribas a diestra y siniestra. Nadie queda exento de sus juicios, ni la institución, ni los artistas que venden su alma al mejor postor, ni los mecanismos absurdos de promoción, ni los estereotipados conceptos de exposición que priorizan el catálogo o la publicidad por encima de otros aspectos más trascendentales. Su propuesta consiste en reproducir logos de varias compañías que por diversas vías contribuyeron a patrocinar la producción de la exposición en su conjunto”, según palabras del artista. 

 Cuando Saavedra obtuvo una beca de la Fundación Ludwig en 1996 y viajó a Alemania, se le presentó la oportunidad de tener en sus manos el catálogo de la muestra Kunst und Breining, realizada con obras de artistas alemanes y cubanos, quedó sorprendido al ver que casi la mitad del catálogo estaba impreso con publicidades de diferentes negocios de la ciudad de Aquisgrán. Le explicaron que las publicidades representaban a los sponsor que de una forma u otra habían financiado la impresión del catálogo o habían ayudado a la exposición. Desde entonces el artista ha intentado trabajar con esta idea pero invirtiendo los términos: realizar una exposición cuyas imágenes del catálogo fueran obras que representaran las publicidades o logotipos de los negocios y compañías que estuvieran dispuestos a actuar como sponsor para financiar la muestra y el catálogo. Una inversión de sentido que responde a las urgencias del contexto cubano, donde normalmente es harto engorroso conseguir patrocinio para una exposición. En otro orden de cosas, su intento desmitifica ciertas concepciones sobre el arte como espacio sagrado de legitimación o compromiso social, cuando en verdad resulta ser una mercancía más.

 Sponsor consiste en la reproducción mediante la técnica del óleo sobre lienzo de los logotipos de Habanos, Havana Club, Sol Melia, Daiquiri Tours, Cases & Cases, Vima, Hellman, Eurovins, Lince y la venta del catálogo de la exposición, en el que Lázaro ensaya lúdicamente la participación del público a través de un ejercicio de marcar con una X las ideas relacionadas con la muestra. Algunos de los planteamientos que refiere comentan irónicamente sobre la tendencia, bastante común en la actualidad, de pensar, sobre todo, en la realización de un catálogo antes que en la calidad de lo exhibido (cito al artista: “Soy catálogo, luego expongo”). Otros critican la manera en que muchas veces el público consume el arte, atendiendo, fundamentalmente, al estatus del artista y no al alcance de su obra. De ahí que el autor compare a los creadores con marcas. En Cuba, donde, como en todo país subdesarrollado, la gente gusta de ostentar símbolos de estatus, es usual ver al público comprando reproducciones de arte u obras baratas en las ferias, no porque disfruten o comprendan el mensaje de la pieza, sino por llevar a casa algo que consideran de valor porque conocen de oídas al artista.

 Saavedra ha sido un artista de iniciativa a la hora de mover ideas agudas sobre el arte y su contexto; pero en esta oportunidad su propuesta no colma nuestras expectativas acerca de lo que puede constituir una mirada crítica sobre los inconvenientes del mercado. Parece decirnos que el fin justifica los medios, porque en definitiva participa en un juego similar de oferta-demanda, donde los primeros invitados “a comer” son los patrocinadores, no la gente común. ¿Por qué niega que pinta y se burla, entre otras cuestiones, del cliché que puede encerrar la pintura? Su proyecto, en conjunto, recuerda aquella frase inscrita en la pieza Marquilla cigarrera cubana de Los Carpinteros, realizada en la pasada década, que versaba: “Lo hemos perdido todo al juego, todo, menos las ganas de volver a jugar”. De manipulaciones está lleno el camino al mercado. 

AMALINA BONMIN

Lázaro Saavedra, por Amalina Bomnin | artnexus