La Casa de América Latina en París presentó, bajo la curaduría de Christine Frérot, la exposición de la artista argentina Julieta Hanono, intitulada Temps-Mêles, que podríamos traducir como “Tiempos Revueltos”, El tiempo es sin duda la pieza maestra de la muestra. No se trata de un tiempo lineal o cronológico sino de una intemporalidad donde se mezclan sus memorias, su espíritu, sus anhelos, sus luchas internas y su preocupación por la condición humana.
La obra principal, 395 está constituida por 395 bordados hechos por 395 campesinas mexicanas de la ciudad de Zoquitlán, a partir de un solo modelo cortado de una túnica bordada por Julieta Hanono en 1979. La artista distribuyó fotocopias del fragmento entre las artesanas y encomendó a cada una de ellas un bordado individual inspirado en el recorte. 395 corresponde a los días que Julieta Hanono permaneció encarcelada en una prisión de Rosario durante la dictadura militar en su país, cuando sólo tenía 17 años de edad. La referencia a la labor manual se asemeja a su vivencia en prisión, cuando solía tejer hora tras hora para fabricar un pulóver que deshacía para volver a empezar, sin límites ni prisas, pues el tiempo no existía para ella.

Cada tejido, sin embargo, cuenta con su propio marco, a fin de individualizar el trabajo y la existencia de cada mujer como un saber transgresor, como si la vida se viera a través del propio universo de Julieta y de cada una de las tejedoras, encerradas en el anonimato tanto de las trabajadoras de la industria textil como de las prisioneras. Es imposible disociar esta obra del caso macabro de las centenares de maquiladoras de Ciudad Juarez que han sido asesinadas en la mayor impunidad desde hace ya varios años. Cada bordado es un homenaje detenido en el tiempo a cada una de estas mujeres, cuyas desapariciones y asesinatos no han sido dilucidados por la justicia.
El video Camisa de su Madre presenta un campo de flores. Esta nueva inspiración floral surge de la camisa que lleva su madre en los recuerdos de Julieta cuando piensa en ella durante su cautiverio. Su madre ignoró durante mucho tiempo el paradero de su hija. El motivo floral se convierte en un objeto fetiche: su manera de aferrarse al calor de la madre, a la esperanza ante la incertidumbre de su existencia.
Julieta Hanono busca lenguajes alternativos, la manera de encontrar una distancia afectiva , como hizo al elegir un nuevo idioma, el francés, lengua de adopción tras su destierro en Francia y que le permitió desprenderse de su pasado, de su lengua materna, sin dolor, a través de un lenguaje que le permitió decir lo “indecible” reafirmando la conquista de la artista sobre su pasado. El catálogo de la exposición está compuesto por una recopilación anacrónica y ecléctica de textos escritos por Julieta Hanono tanto en español como en francés, mezclando recuerdos de infancia donde el sentimiento de encierro con relación al mundo de los adultos se mezcla con la reminiscencia de su estadía en prisión, sin dolor ni resentimiento, como confundiendo pistas donde la realidad es ficción y la ficción se convierte en realidad. La imagen se invierte y el espectador llega a la obra libre de referencias directas.
Julieta Hanono regresó al lugar donde fue encerrada, El Pozo, antigua prisión de Rosario en el marco de las actividades del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario. Convidó a las asociaciones de defensa de los derechos humanos, a las Madres de la Plaza de Mayo y a los HIJOS. A través de esta transgresión dionisiaca entra en el lugar de su tortura, filmando sus pies a medida que regresan a su pasado en este edificio abandonado, de pieza en pieza, como entrando en un subterráneo que lleva el recuerdo de lo que allí sucedió. La cámara de video es su escudo, la brújula que le permite volver. El Pozo fue proyectado posteriormente en el Museo Reina Sofía de Madrid.
El Pozo la llevó a conceptualizar la idea de un túnel que la conduce a la matriz de su madre de regreso a su momento de gestación. El túnel se vuelve espéculo hacia las entrañas. Julieta plasma esta mirada transgresora en la obra Túnel donde el hueco, túnel o pasaje creado por el instrumento ginecológico, es fotografiado dentro de su cuerpo, dando una visión de viaje al infinito clamando que Julieta infanta obras no niños.
Pulso en la tiniebla de Paco Ibáñez, canción preferida de Julieta Hanono, invoca la energía creadora que transmite la obra de la artista, es un corazón que late en la substancia. No se trata de una obra testimonial, ni de protesta o de denunciación. Es más una introspección a través de historias autorreferenciales, secretos y recuerdos oscuros, temibles, que se convierten en el motor de la obra gracias a la alquimia del arte.
TATIANA VILLEGAS
