Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Eugenio Espinoza

Jaime Gili

Alejandra Von Hartz Gallery

Pintar el movimiento ha sido siempre un desafío en la historia de la pintura, pero fue la aparición del cine la que detuvo implacablemente esa contradictoria fantasía, la cual hoy regresa quizás más fuerte gracias a la tecnología digital, pero esta vez quizás como algo ideológico. Los artistas futuristas italianos manifestaron con gran orgullo sus preocupaciones por destruir los conceptos tradicionales del arte y apelaron a la idealización del desarrollo industrial. La velocidad era para ellos su gran inspiración. Sólo Marcel Duchamp fue el último pintor que al principio de su carrera pudo realizar una pintura fuera de los límites alcanzados por un artista con Mujer descendiendo por la escalera. El interés por el movimiento llevó a Duchamp a descubrir la poderosa energía implícita en los movimientos ópticos, a través de motores eléctricos. El movimiento fue objeto de interés también para la audaz imaginación de Ives Klein, pues saltar desde su edificio implica también movimiento, aunque sea en descenso. Pero fue Manzini quien llevó la idea del movimiento al borde de lo inimaginable al pintar una línea sobre un rollo de papel activado sobre una rebobinadora.

Exposición Individual: Jaime Gili — imagen 1
Jaime Gili. Todo es prestado, 2009. Vista de la instalación.

Pero nadie como Alejandro Otero llevó la aventura del movimiento a una escala sin precedentes; desde Venezuela, logró desafiar la más compleja tecnología, para desarrollar unas esculturas monumentales, que aun conservan su carácter tanto futurista ,como quijotesco.

Es muy probable que Otero, mientras vivió en París, conociera el trabajo teórico del matemático alemán Herman Minkowski, quien para 1908 denominó su trabajo Espacio-Tiempo Continuo, que más tarde sirvió de base para que Einstein desarrollara su teoría sobre la relatividad. Otero, es otro artista paradigmático para Gili.

En esta época de estética electrónica, el movimiento visual se ha convertido en un paisaje natural, así como los ruidos musicales que explotan cotidianamente en todos los rincones del planeta. Jaime Gili forma parte de los artistas que quieren expresar la época en que viven con gran intensidad. Su interés no se limita tanto a la sensación del movimiento como a la sensación de la explosión del mismo soporte de la pintura o de los espacios convencionales donde exhibe sus trabajos. 

Ya hace algunas décadas se venía hablando de la estética de la teoría del caos, donde todo parece emerger furiosamente sin control. Quizás Jackson Pollock se adelantó violentamente a las estéticas de la teoría del caos. La muestra de Jaime Gili, Everything is borrow, sugiere esa explosión de energía visual, tanto las obras como las paredes parecen gritar en contra de los espacios de exposiciones y del continuo e interesante aburrimiento del arte. Su pintura está basada en construcciones de planos derivados de las escuelas constructivistas de Rusia, hasta terminar en una visión maximalista de Cruz-Díez. Estas referencias forman una idea del origen de los intereses en las pinturas de Gili, pero el origen no limita los alcances de sus posibilidades; algo que no conocieron los maestros del siglo XX fue la tecnología digital, que parece ofrecer posibilidades instantáneas a lo inimaginable.

La velocidad es algo que no permite fácilmente un registro visual: está pasando o simplemente ya pasó. Pareciera que sus pinturas se diferenciaran radicalmente de la pintura gestual, pero al final crean otra gestualidad, con planos hambrientos de acción. Quizás la sensación de velocidad de Gili es de origen musical, o lo que generan esos ritmos cuando comienzan a tener carácter social, algo que marcó definitivamente el destino de Hélio Oiticica, pero Gili llega a esa clima a través de la estética que rodea la cultura automotriz.

La velocidad motora es sólo representada pictóricamente a través de planos multicolores que siempre triangularmente dan la sensación de ir sin duda alguna hacia múltiples direcciones. Gili hizo su maestría en España, y esta consistía en el estudio de la repetición de la imagen, la cual es el soporte teórico de todo movimiento.

No es fácil concentrarse en la particularidad de sus pinturas, debido a que parecen apéndices de la extensión pictórica que cubren parcialmente las paredes de la galerías, haciendo que las pinturas sean camaleónicas o eco de la experiencia visual, y aunque estas están llenas de referencias históricas, son tratadas con cierto desprendimiento e irresponsabilidad, dando paso a la espontaneidad y la frescura, que es al final por lo que aún al arte nos interesa.

EUGENIO ESPINOZA

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