En poco más de una década, Heriberto Nieves (Vega Alta, Puerto Rico, 1957) se ha convertido en uno de los escultores puertorriqueños más cotizados no sólo en su país sino en todo el mundo. Sus numerosas y extraordinariamente provocadoras esculturas públicas en Puerto Rico; sus esculturas monumentales en Francia, Venezuela, Finlandia, China, Corea del Sur, República Dominicana y Estados Unidos; sus importantes premios en la Segunda Bienal de Florencia de 2005 (Medalla de Plata) y, recientemente en las Olimpiadas de Escultura de 2008 en China (Medalla de Oro), el haber sido nombrado Artista Residente en la Universidad de Puerto Rico- Recinto de Carolina (los otros dos Artistas Residentes de la Universidad de Puerto Rico son Francisco Rodón, en la UPR-Río Piedras, y Antonio Martorell, en la UPR-Cayey) y su obra mas íntima, nos instan a que revaluemos su carrera artística y a que hagamos un análisis mas profundo de la obra de este inagotable creador.

Conozco a Heriberto Nieves desde el principio de su carrera artística. Lo he visto crecer y convertirse en un verdadero poeta tridimensional –poeta que logra, con gran lirismo y dramatismo, integrar elementos cósmicos (los enigmas de nuestro Universo; su belleza y misterios, su incomprensible grandeza) con lo cotidiano (nuestras luchas existenciales de todos los días hechas metáforas) y puedo asegurar que estamos ante un ser con unas energías asombrosas y una creatividad sorprendente.
En una ocasión el artista me dijo en una entrevista: “Siempre he sido artista. En un tiempo no lo sabia pero desde el momento que acepte este regalo no he hecho sino arte. Y mi arte surge de lo que me rodea: el campo, el mar, el Universo y, sobre todo, lo que veo cuando me miro ante un espejo: un ser lleno de posibilidades creativas cuya misión es interpretar, convertir en metáfora, lo que lo rodea, lo que lo apasiona, lo que lo define”.
En el principio de su carrera, Heriberto Nieves se enfoca en la pintura —específicamente el desnudo masculino— pero inmediatamente lo seduce la tridimensionalidad, haciendo construcciones y/o instalaciones de corte existencial (el artista usaba radiografías, las intervenía e invitaba al público a entrar en unas dimensiones que Shakespeare definió muy bien en su famoso “To be or not to be”.
Habiendo entrado de lleno al mundo de las artes en la década de los 90, Heriberto Nieves está muy consciente de que tiene que “recuperar el tiempo perdido” y trabaja desmesuradamente, construyendo en muy poco tiempo un discurso estético original y muy reconocible. Seguro del desarrollo de su obra, sus composiciones —hechas soldando distintos metales, a veces oxidados, a veces pintados— parten del hombre y su esencia física (la relación del hombre con “todo”), específicamente la escultura y la arquitectura, que nos viene del mundo griego (Vitubrio), y se va acercando inteligentemente al hombre y su relación con su espiritualidad y el Universo.
Entender nuestra relación con la vida y el tiempo y con el Universo al que pertenecemos ha hecho que la obra de Heriberto Nieves esté siempre en una notable evolución. Cada uno de sus períodos básicos es un acercamiento a la condición humana en los distintos períodos de su vida —nacimiento, niñez, adolescencia, juventud, madurez, vejez, muerte, inmortalidad— y la relación que tenemos con el Firmamento. El artista lo ha expresado claramente cuando señala: “Mi obra está siempre en evolución y parte de mis cuestionamientos estéticos y éticos y de mis experiencias existenciales: mi niñez, mi adolescencia y mi juventud —todos los descubrimientos que ocurrieron para que yo sea quien soy— y, sobre todo, este momento que estoy viviendo dentro de una sociedad que todavía me cuestiona, me enjuicia, una sociedad generosa pero llena de injusticias. Me refugio tanto en la figuración —mis fotografías homo-eróticas— como en una obra exquisitamente abstracta. Me refugio en convertir en metáforas tridimensionales mi relación con la Eternidad, con ese Espacio desconocido donde quizás tengamos el derecho a volar a todas las libertades, aun las inimaginables.”
La obra de Heriberto Nieves en Puerto Rico y en diferentes países (que sólo puede compararse en cantidad con la del maestro puertorriqueño Pablo Rubio) es una obra celebratoria. Y es que este artista vive intensamente el proceso creativo –concebir, hacer e instalar la obra – ya que su expresión artística siempre es un canto a la vida, aun con sus injusticias y contradicciones, pero de milagros, epifanías, sorpresas, orgasmos.
El artista —que ha creado olas rojas cerca del las playas de Puerto Rico, impactantes cuerpos celestiales llenos de lirismo y misterio en Francia, Corea del Sur y China, casadas amarillas que nacen de montanas de piedra, mapas secretos llenos de “monedas”/ “lunas” para que nos perdamos en dulces aventuras, “ángeles” que bailan preciosos ritos de seducción—, esta vez ha querido que conozcamos lo que está haciendo a sus 52 años. Y en su última exposición en la Galería Biaggi-Faure de San Juan, titulada Mapa cósmico, este polifacético artista nos presenta una impresionante y seductora muestra de “las aventuras”/cosmogonías que lo provocan como hombre cuya sexualidad es todavía cuestionada y como artista. Y Heriberto Nieves ha decidido compartir con el publico desde unas esculturas móviles definidas por sus poéticos balances hasta unas “pinturas” enmarcadas en “cajas” de metal que tratan de captar, desde un punto de vista orgánico/simbólico/espiritual, tanto la naturaleza caribeña como el Cosmos, desde un alucinante tríptico que pudiera ser visto como el paisaje de un viaje espacial hasta un péndulo que le hubiera agradado mucho a Foucault (cualquiera de los dos…).
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
