Desde finales del 2007, TEOR/éTica planeaba una exposición con Gustavo Araujo. La intención era exponer su pintura reciente, incluyendo algunas de sus fotografías emblemáticas, con el deseo de mostrar la coherencia y las relaciones que esta pintura mantenía con la estructura y la temática de su práctica anterior. En efecto, sus pinturas aparecían, de alguna forma, como una continuación, en un medio más intimista, a un ritmo más pausado, de su obra fotográfica. El trabajo reciente de Araujo se originó en un deseo de incursionar en lo pictórico, acompañado por una actitud tesonera en el aprendizaje del oficio, y fue producto de lecturas y reflexiones en la soledad de su estudio. Es una obra que evidencia el conocimiento y la presencia del lenguaje publicitario, pero, al igual que en su fotografía, es filtrado y decantado a través de una sensibilidad muy particular. Su muerte repentina interrumpió el proyecto, tal y como lo estaba concibiendo, y la exposición en TEOR/éTica está constituida de obras entre el 2000 y el 2008, reunidas póstumamente, pero que muestran la intensidad con que Araujo estaba trabajando.

Sus experiencias pictóricas se dan cuando cuenta con un gran reconocimiento como fotógrafo. Araujo toma el riesgo de asumir la pintura plenamente, sin temor al error, y trabaja fuertemente durante varios años, logrando un nivel sorprendente en poco tiempo. En su proceso de formación, recurre a los géneros tradicionales, el retrato y el paisaje, que ya había trabajado desde la perspectiva fotográfica, para ir definiendo lo que busca en su trabajo artístico, y lo que intenta específicamente desde el terreno pictórico. La obra, S./T., última pieza en la que estaba trabajando, es una pieza particularmente importante, pues evidencia el inicio de un profundo cambio y una apertura hacia otros confines.
Piezas como Isla (Panamá) e Isla (Paris), 2005 son los primeros intentos de conceptualizar la idea de un territorio aislado en un mar imaginario: Panamá, aislado, flota en el Caribe, y París, convertido en un bosque atravesado por el Sena, flota en otro mar desconocido. Coiba, 2007 representa la antigua prisión insular panameña, ahora convertida en reserva natural. Es constante en Araujo una estructura modular, a manera de las vallas publicitarias omnipresentes en Panamá, una vegetación abstraída en formas circulares, delimitada por la arena y rodeada por un intenso y uniforme azul profundo, y su obsesión por la visión cenital. Coronado, 2007 se origina en una vista tomada de Google Earth, de la cual elimina las edificaciones: desde el cielo, entre nubes, deja entrever la costa donde pasó gran parte de su vida y donde vivía su padre. Dos obras se concentran en el territorio, sin referencia al mar: Río Azul, 2005 de fuerte carácter evocativo, y Mapa #1, 2007, en la que ya se percibe un intento de descomponer el color en pixeles.
Los diversos niveles de la realidad y del paisaje aparecen en una pequeña pieza que subtitula This is so Magritte!, 2007. Coincidentemente, el taller al que fue invitado en julio del 2008 en Contadora, organizado por la Fundación Carolina y la Félix Llopis, produjo una serie de bocetos, ensayos, objetos y estudios, y la pintura Esto es un paisaje, piezas que, a partir de la idea de isla, evidencian la intención de superponer realidades, pensamientos, recuerdos y experiencias. Este taller lo marcó profundamente y preparó el terreno para la investigación que emprendía cuando lo sorprendió la muerte.
Dentro de las obras más abiertamente figurativas destaca la inquietante pieza Hyhits, 2006, en donde una figura femenina en bikini negro esconde la cabeza en la arena como un avestruz. Igualmente potentes son los cuatro autorretratos, óleos realizados entre el 2006 y el 2008. En su obra fotográfica, el autorretrato se presentaba como una secuencia cinematográfica en la cual el paso del tiempo subyace la imagen, (Olas y Molinos -obra ganadora de la Bienal Centroamericana del 2002). Sus óleos, en cambio, plasman un solo instante de ese tiempo que pasa irremisiblemente, y parecen reflejar momentos diversos de su vida y de su personalidad, unidos todos por una mirada penetrante y directa.
Un carácter poético atraviesa toda la obra de Gustavo Araujo, desde sus inicios con temáticas de la nostalgia, de los sueños, y de la memoria. De alguna forma, Araujo confiere coherencia a lo incoherente que lo rodea. El mar está omnipresente en su trabajo, de diversas maneras – como un espacio que acoge, como un espacio que aísla y protege al mismo tiempo, como un espacio que libera y purifica. En relación con la pieza Exit, Donna Conlon le escribía: “me gusta mucho tener una imagen del mar con un letrero Exit. Siempre veo el horizonte del mar como el símbolo más fuerte de la eternidad, así que mi primer pensamiento fue en este contexto, la posibilidad (o inevitabilidad) de salir de la vida”.
VIRGINIA PÉREZ-RATTON
