Antes de octubre de 2008, en medio de todo el despliegue del mercado del arte, era raro encontrar un artista dispuesto a abordar el caos de las guerras en el Oriente Medio y las implicaciones de la religión. Sin embargo, Ernesto Pujol, quien una vez fue monje y es famoso por sus performances públicos, específicos para un sitio, creó hace poco un conjunto de obras que trata en una forma poética estos temas de reflexión.
Para su exposición en la galería, titulada Inheriting Salt, el artista exhibió una serie de fotografías: dos de ellas enfocadas en el desierto de Judea, en Israel, y otras dos, en las salinas de Utah, Estados Unidos. A primera vista, los dos eriales parecían tener poco en común; el terreno del desierto de Judea se veía escabroso, rocoso y escarpado, mientras que las salinas parecían suaves y blanquecinas y se podía observar a lo lejos, hasta el punto que se veía la curvatura de la Tierra en el horizonte. Sin embargo, las fotografías de Pujol lidiaban con algo más que el simple paisaje. Cada uno de estos desiertos representaba un lugar de peregrinaje religioso, de soledad para el aspirante a profeta, y, más específicamente para el artista, la representación de un hombre moribundo mientras espera a su buen samaritano. En el proceso de crear la obra, Pujol dijo que el proyecto comenzó como una meditación sobre la compasión entre los hombres pero con el tiempo se transformó en un tema más relacionado con la soledad del viaje existencial de una persona, el sentirse perdido y anhelar ser encontrado, y las guerras en el Oriente Medio y el soldado estadounidense agonizante.

La importancia de la religión se enfatizó en la exposición con el arreglo en forma de cruz en la galería y una quinta fotografía, llamada Pilgrim Line (Holy Sepulchre) (2008). La referencia a la sal hace relación a la niñez del artista junto al mar pero también reflexiona sobre una época anterior, cuando el mineral era un producto importante en el Oriente Medio y necesario para la conservación de alimentos, en especial carne. Podría recordársenos que en tiempos más recientes la importancia del petróleo ha reemplazado la de la sal, cumpliendo un papel clave en las guerras de Irak y otros países de la región.
Como en gran parte de su obra, Pujol figuraba en cada una de sus cuatro escenas desérticas. En dos fotografías estaba desnudo, acostado sobre la tierra seca, como si descansara o estuviera muerto. En otras dos imágenes su cuerpo aparecía enroscado, como un feto: con la cara hacia abajo en las salinas, y hacia arriba, en Judea. Aunque la muestra se trataba de pérdida, ruptura y muerte, también era sobre supervivencia y quizás nacimiento y renovación. A pesar de que este proyecto abordaba de manera explícita las duras experiencias religiosas del Oriente Medio y los Estados Unidos, y debido a eso se enfocaba en el cristianismo, el islamismo y el judaísmo, en mi opinión se notaba también una sugerencia al budismo y el samsara. Los ciclos actuales e interminables de vida y muerte, religión y guerra, diferencia e intolerancia, parecen destinados a repetirse a menos que superemos nuestra ignorancia y aprendamos a trabajar juntos.
La importancia de la colaboración es un tema constante en la obra de Pujol. En el project room de la galería el artista incluyó la obra de tres colegas: Stephanie Diamond, Rosemarie Padovano y Joy Whalen. Escogió a estas mujeres porque están comprometidas con el arte del performance y representan el cuerpo femenino, y a Pujol le pareció que esto compensaría la presencia del cuerpo masculino en sus fotografías. La obra de estas tres artistas también abordaba temas similares conectados con la religión pero con fines diversos. Three Graces, de Diamond, recreaba un tema pagano y aludía a una práctica espiritual conocida como los Cinco Ritmos. Padovano representó un ambiente de capilla en el que ella yace en reposo, como María antes de la Asunción. Por último, Whalen mostró un bautismo corrupto, aunque su obra estaba relacionada más ampliamente con estados inconscientes y emocionales. Aunque el proyecto de Pujol puede lamentar, en parte, el hecho de que la primera década del nuevo milenio haya mostrado un conflicto religioso progresivo, su obra, unida a la de sus colaboradoras, también sugería la posibilidad de coexistencia y paz espirituales.
CRAIG HOUSER
