Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Autor no disponible

Elizabeth Jobim and Tony Bechara

Lehman College Art Gallery

Una exposición de dos artistas en la doble sección de espacios de exhibición en Lehman College introduce al espectador a un dúo de individualidades que se conecta sin diluírse una en la otra. Grand Canyon, las pinturas de Tony Bechara —en la pared de la izquierda— dan título a su exposición. Este trepidante juego de blanco, gris y negro crea una resonancia evocadora, debido a un autor que no busca representar escenas. El tríptico, de grandes dimensiones, trabajado por el artista con la dinámica multiplicidad de toques y tonos que lo caracteriza, crea una zona de abstinencia, una conversación en voz baja, profunda y pastosa que seguidamente resuena en la variedad de colores pintados en las obras de la pared de enfrente. La geometría y el color forman parte de la obra de Bechara, son la piel de un cuerpo estético conceptual.

Exposición Individual: Elizabeth Jobim and Tony Bechara — imagen 1
Elizabeth Jobim y Tony Bechara. Vista de la exposición, detalle.

Tony Bechara expande el uso de la cuadrícula, manifiesta la riqueza de los contrastes, de la investigación y la sorpresa, en una organicidad matérica que se revela también en Geometría y color, el conjunto de obras en el otro muro, que tienen dimensiones más pequeñas. Allí, las pinturas en formatos de rectángulo, triángulo y círculo complementan el cuadrado que se triplica enfrente. Formalismo y geometría son los componentes del desarrollo pictórico del artista. Las vibraciones de colores primarios y secundarios yuxtapuestos incrementan en el espectador la sensación cinética de sus pinturas. Aunque cabe insistir en que el artista se nutre del acercamiento conceptual al análisis y al uso del color. Esto formó parte de otras exposiciones y también podía verse en Mínima Visibilia, Pinturas Grises de Tony Bechara, expuesta casi simultáneamente en el Museo de Arte de Puerto Rico. El Departamento de Asuntos Culturales de la Ciudad de Nueva York y la Fundación J P Morgan Chase apoyaron la exposición de este artista.

Bechara habilita un puente entre los diversos autores que han creado pinturas de luz y color. No se cierra en el reconocido círculo de los cinéticos latinoamericanos ni en las direcciones de la británica Bridget Riley, ni sólo en el régimen de la composición que utiliza la cuadrícula y sus alteraciones. Al decir composición se deben recordar las sutiles referencias pétreas que ambos artistas presentan. Bechara, a través de su evocación de Grand Canyon la cual no inhibe una posible lectura urbana. Elizabeth Jobim refiere las piedras a través de la adecuada vitrina que cobija aspectos de su proceso de trabajo. Ubicada a un costado, separada del total de la instalación pictórica, la vitrina aporta al visitante maquetas minipinturas de Jobim, dibujos, esquemas y unas piedras. Excelente conjunto motivador y didáctico, dos aspectos imprescindibles a considerar en un lugar dedicado a la enseñanza, lo cual siempre tiene presente Susan Hoeltzel, directora de la galería, en esta ocasión con la cocuraduría de Claudia Calirman.

Ya introducidos ambos participantes, es el momento de decir que, debido a la estructura de la sala, la miradas enlazan las obras de ambos. El túnel gris dinámico y cuadricular, y las reverberaciones acotadas encaminan hacia la salida plena de luz, constituida por las pinturas de Elizabeth Jobim. La artista celebra en azules el gran gesto pictórico. Un gran abrazo abstracto, también legible como algo urbano y a la par no relacionable ni descriptivo. Endless lines —líneas sin fin—, es el título con que Jobim acerca al espectador a su experiencia de la línea, algo generado a través del movimiento, que tampoco busca interpretar o representar. Su pintura acentúa lo ancho y lo largo del movimiento ejecutado. La materia fluye en azul sobre blanco. Las pinturas generan una instalación, en un envolvente acompañamiento del gran espacio de la galería. La artista brasileña —residente en Río de Janeiro—, estudió el espacio para componer la instalación situal o de sitio específico. Los contactos entre las propias pinturas —tocándose lateral a lateral—, ofrecen una sensual cadencia dentro del uso de colores fríos. Esto se percibe de adentro hacia fuera, y viceversa. Desde la instalación, los planos, las líneas rectas y sígnicas, sin relatar nada, indican movimientos. En un contexto de tintas planas y fracciones de formas no habituales, se relacionan unas telas monumentales con otras, en un discurso de contacto lateral. Como gemas magistrales, como afacetadas piedras ancestrales, la artista nos hace recorrer espacios que nos envuelven y nos superan.

Cual imán, la intensa luz de Líneas ilimitadas atrae hacia el interior de la galería. La instalación abarca un espacio intensamente iluminado. El par de colores usados por Jobim crea un contraste formal, casi de trazado de plano arquitectónico. En ambas exposiciones se experimenta una ritualidad contemporánea. Ambas crean un pasaje, como un camino hacia un altar despojado, no religioso sino visual, habitado por piedras de ciudades de antaño. Jobim y Bechara trabajan el gesto controlado y vibrante, como una danza especial en la cual la luz asoma como confirmación de vida. 

GRACIELA KARTOFEL

Elizabeth Jobim and Tony Bechara | artnexus