Materialista es el nombre e hilo conductor de la reciente individual de Damián Ortega (Ciudad de México, 1967) realizada en el nuevo Galpón Experimental de la Galería Fortes Vilaça. La muestra se extendió del 7 de marzo al 17 de mayo, y se trataba de una instalación site specific monumental, cobrando vida, potencia espacial y significante, en el locus que la acogió. Desde una primera aproximación literal, aportada por el título, Materialista es el oficio del que transporta, en un camión, materiales de construcción. Y, justamente, al entrar al Galpón, lo que se aprecia es la magnificencia escultórica de un enorme camión suspendido por hilos de acero al techo del recinto. En tal sentido, el assemblage escultórico de Ortega descomprime el peso de la gravedad. Sus estructuras, compuestas por materiales desfuncionalizados a priori, son el resultado de la experimentación y de la invención. En cada apuesta discursiva de Ortega existe siempre un componente imprevisible, ligado al azar y a la búsqueda de una lógica aleatoria. Esta pieza se relaciona con aspectos muy específicos de la llamada “neoescultura” y, lejanamente, con la obra de Richard Serra, quien ha trabajado desde hace largas décadas con el espacio, los pesos y la topología del lugar. Hago una rápida referencia, en clave citacional, a dos piezas de Serra: House of Cards (1969), en acero Corten, de cuatro placas y a 5:30, también datada en el mismo año por el artista oriundo de San Francisco.

De cierta manera, Ortega apunta, aquí, a la reutilización elemental de la fuerza de gravedad, como principio constructivo de Materialista. En el fondo, el artista, al colgar el camión desarticulado, ofrece al espectador la sensación de que se trata de una obra “sin peso”, donde las fuerzas se equilibran, y el vacío existente entre cada módulo objetual, contribuye a reforzar dicha apariencia de ligereza a-gravitacional. Del vacío al espacio, del espacio a la especificidad del sitio, la obra niega, por su precariedad al borde de la inestabilidad, la noción de objeto transportable, su autorreferencialidad y permanencia útil del mismo. Materialista es obra en presencia pura, donde la ponderalidad del espacio connotado crea un nuevo nivel de entropía. En efecto, es una animación del enclave en suspensión, por lo tanto, no representa una verdad calculable como la geometría, si bien su dispositio es ortogonal, más expresa un sentimiento de máxima presencia de lo real, en un tiempo aislado y congelado. Manipulando diferentes materiales y sus pesos, el artista mexicano desestructura la escultura tradicional, reformulando conceptos como masa, equilibrio, verticalidad, horizontalidad espacio y sitio intervenido. Desde esta perspectiva, Ortega pone en tela de juicio los principios de construcción axiomática de la escultura y los objetos en campo expandido, así como la idea de escultura-instalación. Observemos las medidas de la pieza: 800 x 500 x 270 cm. Cabe subrayar que este no es el primer automóvil que el artista de-construye y desmembra, minuciosamente, pues, en 2002, en Cosmic Thing, descoyuntó un modelo de “fusca” (Volkswagen), una suerte de epítome de la tardomodernidad para América Latina, del mismo tenor que el Fiat 600. Otro elemento importante en la muestra individual de Damián Ortega es que el color del material coincide con el color de la obra. No es de interés en Ortega embellecer o “estetizar” las superficies de sus obras, pintándolas o puliéndolas. Aquí el no color es auto-significante y corresponde a las cualidades intrínsecas del material empleado. Si se pinta el acero, por ejemplo, se impide su proceso natural de oxidación, que es una propiedad esencial e inherente al acero mismo. Al borde del desequilibro, esta instalación dibuja un nuevo espacio, lo llega a delinear, “marcar”. Se concibe ella misma como una estructura ortogonal compleja, abierta, aireada y en estrecha relación con el ambiente que la abriga. Más bien, es una environmental sculpture. Por eso aquí, los factores de escala, dimensiones y emplazamiento son ya determinados por la estructura ambiental del sitio intervenido. Ortega reconstruye nuestro universo perceptual y conceptual, en este tipo de organizaciones tridimensionales de largo aliento. Además, otro punto a destacar es la visée comportamentística de la obra, donde el espectador entra en relación directa con la escultura y su contexto.
Damián Ortega ha participado, como artista invitado, en la 50ª Biennale Internazionale di Venezia (2003) y ha expuesto en el Institute of Contemporary Arts (ICA), de Filadelfia. Acaba de realizar una vastísima exposición individual en el Musée Nacional d’Art Moderne Centre Georges Pompidou (París), titulada Champ de Vision (Campo de Visión), de la que dió cuenta ArtNexus Magazine a través de un completo artículo de Christine Frèrot, para su número 72.
Considero que Materialista es, a todas luces un acto “socio-escultórico”, envolvente, monumental, pero también, irremisiblemente frío y congelado, de forma intencional. Artista productivo, Ortega con sus trabajos con volúmenes y objetos encontrados re-significados, nos coloca ante una sensación de abundancia interna, a la par que de una sensación de hurgar en los límites y los umbrales del espacio. Una paradójica experiencia estética, a mitad de camino, entre una apuesta post-minimalista y otra maximalista, que se entrecruzan en esa sensación dualista de estar próximos y lejanos del cuerpo de la obra. ¿Prolongación quizás del cuerpo del artista? ¿Interés por poner a prueba los materiales inorgánicos de la escultura y el discurso de la objetualidad? Este tipo de instalación objetual codifica, domina, realza y somete a un escrupuloso control las convenciones y normas de significado de las obras contemporáneas, su “legibilidad” narrativa y su consabido poder transgresivo y perturbador.
CLAUDIA LAUDANNO
