La exposición titulada Hier Waak Ik. –¡Hay vigilancia!– del dúo Carla Arocha y Stéphane Schraenen, se inauguró el pasado noviembre de 2008 en el Periférico Caracas/Arte Contemporáneo donde el público visitante tuvo la oportunidad de apreciarla hasta enero de este año. Esta reconocida artista venezolana radicada en Antwerp, Bélgica y el belga Stéphane Schraenen, con quien trabaja desde 2006, mostraron piezas realizadas entre 2007 y 2008 conformadas por instalaciones, fotografías digitales impresas sobre cuero, espejos, aluminio, además de objetos tridimensionales de vidrio y ensamblajes.

El eje central de la muestra parte de un principio patente en toda experiencia expositiva: la visualidad. Pero una visualidad que propone al espectador situaciones diversas que transforman esa visión en un hecho controvertido, inseguro, fragmentado. En efecto, la realidad puede mediatizarse mediante filtros —a obra propiamente— que hacen de nuestra mirada una experiencia ambigua. O por lo menos, nos hace conscientes de ello. En tal sentido, es pertinente que algunas fotografías tomadas de su paso por la calle, en una habitación o dentro de un vehículo, adquieran una profundidad mayor al imprimirse sobre un soporte como el espejo que prácticamente “nos devuelve” la imagen. Lo proyectado se refleja y con ello su precisión arquitectónica o composición lineal de la imagen, se “diluye”. Esto pasa con las imágenes tomadas de las cerchas que emblematizan la construcción de la Estación del Metro Miranda en Caracas (antes llamada Parque del Este) impresos sobre vidrio y espejo, o la hermosa imagen Night over Caracas ambas de 2008.
Por otro lado, sin pretender hacer un arte óptico como tampoco cinético, es indiscutible que el juego con nuestra visualidad moviliza la propuesta de este colectivo Arocha/Schraenen. En las bolas de cristal (3 lies, 2008) se condensa visualmente el entorno inmediato que rodea a la pieza. Vemos el espacio circundante en ese elemento, pero deformado y al revés. La realidad filtrada obviamente ha sido trastocada. Esta es una de las claves que esta propuesta artística pretende de nosotros: una inusitada experiencia perceptiva y sensorial, en la que nuestro movimiento en torno a la pieza, transforma la imagen que vemos “filtrada” del entorno. Nuestro desplazamiento produce sin duda esta transformación en los resultados visuales.
De igual manera sucede con las cajas ensambladas con rejillas de espejos (Gold y Diamond, 2008). Hay una importante recreación de lo que sería nuestra visión en profundidad, donde el campo visual es constantemente interrumpido por el espejo “calado” en forma seriada, sea en una composición de líneas rectas verticales/horizontales (Mondrian) o diagonales que recuerdan, ciertamente al tramado propio del mundo textil (encajes, tejidos serializados, etc.) todos hechos con espejos recortados de manera muy fina, muy sutil. Lo reflejado es visto sin duda fragmentado y distorsionadamente. Pero en esto radica la voluntad subyacente en esta obra: inducir al espectador a reconstruir su imagen –y la del entorno– a partir de esta desmembración. O valorar nuevamente lo que vemos a partir de esta experiencia poderosamente sensorial.
Los módulos hechos con espejos, por otra parte, son tal vez la propuesta protagónica de la exposición. Su integración a la arquitectura o, su participación en ella, resume varios aspectos que convienen destacar: por un lado, una tradición inolvidable como la de la obra penetrable (Soto, Le Parc) y su modalidad adversa, el Impenetrable (Eugenio Espinoza) por remitirnos sólo a referencias latinoamericanas. Pero Arocha/Schraenen hacen otra interesante reconsideración espacial con materiales distintos a los utilizados por los artistas antes mencionados: mediante una “reja” de espejo –otro impenetrable– cierran un espacio de extremo a extremo y en el fondo, se encuentra un espejo adosado a una pared que refleja cinéticamente tanto el enrejado de espejo como nuestra propia imagen que, por supuesto, vemos entramada. Se trata de Mansión Gates II. El espejo –reja o tejido espejeante- funciona aquí como un tamiz que por un lado nos impide la visión total e integradora de un espacio (o una situación creada con nuestra presencia) pero a la vez es reflejo fragmentado de nosotros mismos, espectadores-mirones de este ámbito creado.
Por otro lado, se ha comentado acerca del interés de Carla Arocha sobre el mundo del fashion y el design y cómo ella ha integrado elementos de carácter industrial en su obra. Marauders (2007) tal vez resume esta relación cuando vemos que el corte del entramado especular remite ciertamente a formas decorativas que recuerdan bordados textiles. El resultado es una instalación in situ, una suerte de cortina de espejos (o gran caja por sus cuatro lados) que cuelga sobre un soporte que nos refleja y fragmenta serialmente la visión del entorno. El título (Merodeadores) sintetiza el rol del espectador quien rodea la pieza, merodeando su interior y observa con detenimiento la visión fragmentada que allí se refleja.
Las obras de Arocha/Schraenen, propician sin duda nuevas experiencias perceptivas a partir de nuestra mirada y con ellas estos artistas renuevan creativamente la tradición constructiva del arte.
SUSANA BENKO
