Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Victoria Verlichak

Amalia Nieto

Centro Cultural de España

Al amparo de la música de Igor Stravinsky, la artista Amalia Nieto y el músico y escritor Felisberto Hernández escribieron un capítulo artístico y amoroso en la costa más amable del Río de la Plata, en Uruguay, lejos de la vieja Europa, donde fue concebida la Suite de Petruchka (1921), en tres movimientos para piano escrita por el compositor por encargo de Arthur Rubinstein y que, inevitablemente, remite al imaginario de la célebre obra para ballet que la originó: Petruchka (1911).

Cartas a Felisberto es la deliciosa muestra de Amalia Nieto (Montevideo 1907-2003) que exhibió más de cien vibrantes acuarelas y dibujos que la artista pintó o pegó en la correspondencia que le envió a Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1964), entre 1935 y 1937, cimentando su noviazgo mientras él recorría con sus conciertos hasta el último rincón de Uruguay y localidades brasileñas y argentinas. La serie exhibida en el Centro Cultural de España de Montevideo, cubierta de un irresistible halo romántico, sugirió el placer de las ideas y la emoción del color, la forma y la línea. 

Exposición Individual: Amalia Nieto — imagen 1
Amalia Nieto. Sin título, c.1936 a 1937. Acuarela y técnica mixta sobre papel. 29 x 23 ½ cm. (11 ½ x 9 1/3 pulgadas).

A pesar de los coloridos acordes y del marco festivo en que se desenvuelve gran parte del argumento de la Suite de Petruchka, esta culmina tristemente. El personaje de Petruchka es una marioneta con sentimientos humanos, que se enamora perdida e imposiblemente de la Bailarina, que es cortejada por el Moro.

Las acuarelas y dibujos de Cartas a Felisberto poseen la impronta constructiva y emotiva del Kazimir Malevich de los años treinta, quien ya en 1914 había mostrado un anticipo de esa línea de trabajo en el Salón de los Independientes de París. Resulta evidente que, durante su primera estadía en la capital francesa entre 1929 y 1931, Amalia Nieto frecuentó las sutilezas de la vanguardia, del arte moderno, a través de sus profesores (algunos adscribían al fauvismo o al cubismo, surgidos en 1905 y 1907, respectivamente) de la Academia de la Grande Chaumière y del taller de André Lhote, y conoció la abstracción geométrica rusa. 

Simplificadas y de brillantes colores, Nieto crea enternecedoras figuras de trazos ciertos, y por momentos temblorosos, y sencillos que se asoman a la geometría y transitan ciertas formas de la abstracción y la figuración. Piruetas y algo de hechizo en las figuritas de los tres personajes centrales, junto a la del mago con flauta, rodeados de los colores de una fiesta y de los rasgos de una feria de pueblo. 

Fantasía y ejercicios constructivos en las obras “que salieron de las cartas”, tal como la artista aludió a ellas en una entrevista. Sobresalen los colores primarios —a diferencia de los grises, ocres, rosas que utiliza posteriormente— en las visiones que Amalia imagina y en las que se intuyen rostros, parejas, trapecistas, payasos, barcos, peces, naturalezas muertas, banderas, casas, trabajados y vueltos a trabajar. 

Pero no todas las ilustraciones giran en torno a Petruschka, aunque la carita del títere aparece una y otra vez. Integran esta fundamental muestra su conocido Homenaje a Felisberto Hernández (1936), de madera tallada y pintada al óleo, junto a Composición (1941), pintura con claras reminiscencias de su paso por Estudio 1037 y por la Asociación de Arte Constructivo, donde recibió clases del maestro TorresGarcía, quien fue también su amigo. Precisamente, el maestro se expresó acerca de la obra de la artista diciendo que “[…] Lejanamente tentó lo geométrico y si no entró de lleno en esto es porque la seducción de lo real y lo poético de su visión interna tenía que vedárselo. Su espíritu tomó entonces de todas estas esencias para formar un arte propio. Y es el que hoy podemos contemplar”.

En un sector diferenciado, varias vitrinas desplegaron la totalidad de las primeras ediciones de los libros del mítico Hernández (Fulano de tal, El caballo perdido, Las hortensias, y otros), los manuscritos en la curiosa taquigrafía por él inventada, programas y reseñas de prensa de sus conciertos, junto a partituras musicales, incluida la de Petruchka ilustrada por Amalia Nieto, fotos de familia de ambos y de los protagonistas del Montevideo cultural de los años treinta y cuarenta, que captaron el interés de los visitantes que recordaron a muchos de los retratados. 

La muestra —verdadero encuentro visual-literario-musical— fue curada por el galerista Jorge Mara (de Buenos Aires), quien editó, con el Centro Cultural de España de Montevideo, un espléndido libro-catálogo con todas las obras de la exposición. El catálogo incluye los valiosos textos de Julio Cortázar e Italo Calvino sobre Felisberto Hernández escritor y fragmentos de apreciaciones sobre la obra de Amalia Nieto, junto a nuevos ensayos de, entre otros, Sergio Elena Hernández, el nieto de ambos, que en la inauguración interpretó en piano algunas piezas de Felisberto Hernández y acompañó la conferencia del artista Miguel Ángel Battegazzore.

VICTORIA VERLICHAK

Amalia Nieto, por Victoria Verlichak | artnexus