Exposición Individualjun 2009 - ago 2009· Por Freddy Carreño

Alfredo Ramírez

Fundación Cultural Chacao

La diversidad del arte actual condiciona, de algún modo, las lecturas interesadas que puedan hacerse de esa amplitud aparentemente sin límites; sin embargo, y a pesar de este hecho, es posible entrever algunos cambios importantes en su direccionalidad, contrapuestos a aquellas interpretaciones que la crítica especializada ha definido como temas de interés de los artistas contemporáneos. En el caso particular de América Latina, revisados en extenso los asuntos de la ciudad como espacio de confrontación permanente, la desterritorialización y la exclusión, los artistas parecieran interesados en otras búsquedas distanciadas de la ya reiterada noción de identidad, apostando a la construcción de nuevos paradigmas. En ese proyecto se revela de nuevo la presencia del saber convertido en guía de los procesos creativos, como soporte y fundamento de las conceptualizaciones recientes. Intención que se pudo percibir con claridad en la exposición última de Alfredo Ramírez, del 12 de febrero al 25 de marzo, bajo el título Hilo de liebre, en el Centro Cultural Chacao, espacio alternativo de la ciudad de Caracas.

Exposición Individual: Alfredo Ramírez — imagen 1
Alfredo Ramírez. 1274 / 27.5, 2009. Grabado poliuretano. 600 x 250 x 60 cm. (236 1/5 x 98 ½ x 23 ½ pulgadas). Foto: Ricardo Gómez Pérez y Ricardo Jiménez.

Con una trayectoria reconocida a lo largo de veinte años de trabajo continuo y reflexivo, Ramírez ha profundizado de manera consecuente en su quehacer plástico fundado en la investigación sistemática. Así, su obra de los últimos años refleja una dirección y el seguimiento a una idea precisos. De un estudio persistente del cuerpo humano que le permitió comprenderlo como un todo, como una forma topológica, distinta a la propuesta del análisis científico que lo observa como una sumatoria de sistemas; el artista avanza en una senda más compleja, indagando en el ámbito de la física como en el apasionante territorio de la mente humana. Con la misma voluntad vuelve la mirada al pasado con el propósito de verificar teorías o redescubrir leyes orientadoras. Esta amalgama de intereses, necesidades y experiencias distintas converge en las obras que conforman la presente exposición y señalan un cambio de dirección, mas no de la determinación que se ha propuesto el artista.

En la pequeña sala de exposiciones del Centro Cultural tan sólo se muestran cinco obras en distintos formatos y realizadas en materiales diversos; es un conjunto plásticamente interesante que articula relaciones perceptuales con el espacio. Este se expande con la misma fuerza que pareciera surgir de Linterna 120, 2009, realizada en grafito sobre tela, un gran cono visto en proyección, obra que atrae el interés del espectador desde su formalidad reconocible, la convergencia de líneas en un punto que es origen y término de sus respectivos recorridos define su “lectura” y modela su impacto estético más allá de la intención que la origina. Tal como refiere el artista, su conceptualización resulta de un análisis personal del fenómeno del big bang, al cual se vinculan, necesariamente, todos los fenómenos físicos que modelan la realidad y que, por tanto, gobiernan nuestra existencia. En el fondo de lo que se trata es de establecer relaciones de proporcionalidad y regularidad. 

Con Hieronymus Albrecht, grafito sobre tela, 2009, Ramírez asocia a través del primer nombre a dos personajes que lo compartieron, contemporáneos en su tiempo y que tienen una presencia sobresaliente en la historia de la plástica: Jeroen Bosch y Albrecht Dürer. El interés se centra en la proporción áurea, investigada tanto por el Bosco como por Durero y que Ramírez reinterpreta en su obra desde la mirada contemporánea. Su propuesta tríptica tiene en cuenta los aspectos estructurales de El Jardín de las Delicias; el resultado: una obra abstracta en la que las relaciones ortogonales y las diversas direccionalidades que las complementan le otorgan un carácter novedoso que puede entenderse como un acercamiento plástico de tipo constructivista.

1274-27.5, 2009, podemos reconocerla como una obra clave de la exposición por su presencia dominante; conjuga una serie de aspectos que le otorgan ese carácter: formato, materiales, técnica. Su orgánica formalidad y el moderado valor de lo expresivo recuerdan el trabajo pictórico de Ramírez de algunos años atrás. Y lo que podríamos denominar integridad de la pieza, es decir, el por qué se crea esa forma con tales elementos, resume el transcurso creativo del artista: historia personal que se reinterpreta en el continuo hacer y de esa misma manera reconstruye, bajo nuevos paradigmas, la experiencia. En definitiva, el objeto se erige en eje del discurso conceptual que modula la exposición y en el orden espacial que la regula. La respuesta que ofrece esta obra apunta hacia códigos, procesos, que dan cuenta de cambios y transformaciones en los organismos vivos. La obra reciente de Ramírez se articula a través de modelos estudiados y revisados con intención; y como él mismo lo señala, “estos modelos se sustentan en el cálculo de proporciones que les sirven de estructura reguladora en su crecimiento. Cada uno tiene un tamaño limitado por un momento relativo a esas proporciones, así que estos modelos podrían llegar a tener dimensiones ínfimas o gigantes”.

FREDDY CARREÑO

Alfredo Ramírez, por Freddy Carreño | artnexus