7 + 1 Project Rooms

Teresa Margolles. Sin título, 2008. 24 altavoces con sonido. Cada audio es una grabación realizada en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de una mujer asesinada, según se indica en las investigaciones realizadas por la policía mexicana. En Ciudad Juárez, el feminicidio desde 1993 alcanzó la cifra de más de 600 víctimas.

Colectivajun 2009 - ago 2009· Por Dermis Pérez León

7 + 1 Project Rooms

Siete más uno es igual a nueve MARCO Vigo

“La calle es mía”, reza un anuncio lumínico en la fachada del antiguo Palacio de Justicia y antigua cárcel, convertido hoy en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO). La frase publicitaria, traslada un pronunciamiento del arte hoy día que busca, como en las décadas de 1960 y 1970 desmarcarse de la rigidez y constreñimiento de los cubos blancos con obras llamadas site specific. La ironía es que la frase, fue pronunciada en 1976 por el vicepresidente y ministro de gobernación Manuel Fraga Iribame, y apropiada por el artista español Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) se contextualiza en una nueva situación, dentro de los parámetros institucionales.

Y esa situación paradigmática del arte hoy día, demuestra la capacidad que han adquirido las instituciones artísticas de re-situarse en un espacio desde donde ejercer la crítica y buscar nuevas experiencias de aproximación al espectador. 7 + 1 Project Rooms, comisariada por Gerardo Mosquera y producida por MARCO de Vigo, se inscribe en esta tendencia de ajustar discursos artísticos otrora contestatarios o experimentales en sus contextos, en una presentación asimilable para el público.

Colectiva: 7 + 1 Project Rooms — imagen 1
Tania Bruguera. Trabajo socialmente útil, 2008. Libros escritos en la carcel, demarcación de espacio, mesas, sillas, lámparas, invidentes. Cortesía de la artista y Galería Juana de Aizpuru, Madrid. Foto: MARCO/Enrique Touriño.

La idea misma de “project room” permite utilizar inteligentemente el espacio para las intensiones curatoriales de realizar una muestra personal de cada artista con un “espíritu libre y experimental”, como parte de un proyecto colectivo1. 7 +1 termina por ser 9, pues, independiente de la “intervención” curatorial más libre y sin temática, marca una tendencia hacia un tipo de arte y práctica curatorial. El mismo Mosquera afirma: “Aunque los artistas escogidos proceden de distintos países y poseen poéticas, experiencias y edades disímiles, todos se asemejan por su inclinación a discutir temas sociales (política, poder, violencia, problemas de género, medio urbano…) y a la vez investigar el propio arte, sus recursos y morfologías, como medios de construir y deconstruir sentidos complejos"2.

La planta baja de MARCO posee un diseño panóptico en el que las antiguas celdas de prisioneros independientes, alternadas con patios, se agrupan alrededor de un espacio circular de vigilancia. Aquí se ubica la obra de Mónica Bonvicini (Venecia, Italia, 1965) que sorprende por lo evocativa y tensionante. Identify Protection (2006) manifiesta el dominio del espacio arquitectónico que posee la artista, al re-situar seis arneses de cuero colgados en forma de círculo que evocan cuerpos. Destacados por los incandescentes tubos de luz fría suspendidos al centro en una maraña de cadenas y el uso de materiales industriales, se refuerza en su simplicidad la potente metáfora de nuestra relación corporal con el entorno. La brillante superficie de vinilo con la cual se ha revestido la pared, devuelve en un efecto de espejo distorsionado nuestro reflejo, al momento en que nos sorprende el movimiento de los arneses en una especie de espasmo.

Colectiva: 7 + 1 Project Rooms — imagen 2
Fernando Sánchez Castillo. La calle es mía, 2004. Luminoso, estructura metálica, 1.198 lámparas de 10 w. Cortesía del artista y de Galería Juana de Aizpuru, Madrid. Foto: MARCO/Enrique Touriño.

Esa relación de la obra con la experiencia del cuerpo en el espacio y el significado de la arquitectura, está brillantemente resuelto por la instalación de Tania Bruguera (La Habana, Cuba, 1968). La apropiación del discurso formal del arte (las instalaciones, la performance (o lo que acuñó como "Arte de Conducta") le permiten a la artista cubana con Trabajo socialmente útil (2008), resignificar el espacio arquitectónico y crear una metáfora potente sobre el uso del poder a nivel simbólico a través de la experiencia física y psicológica del espectador. En una de las galerías, antiguamente celdas de prisioneros, diez puertas impecablemente blancas acceden a espacios claustrofóbicos y oscuros, para nuestros ojos desacostumbrados. Cada una de las “celdas” representa a un preso político conocido de la historia que la “habitó”. Un “guarda” invidente, vestido con el uniforme de los carcelarios, nos abre la puerta que le señalemos y nos encierra la cantidad de minutos, por años de permanencia del preso. Dentro, el mobiliario se limita a una silla y mesa, encima de la cual espera el libro escrito por el personaje. Bruguera se refirió a la obra como una “experimentación con la idea de visibilidad. Quiero crear una relación directa asociando lo que pensamos que es la no visión de los invidentes (que se piensa como una oscuridad, una falta de luz, un espacio negro) con lo que el espectador va a experimentar (oscuridad, falta de luz, espacio negro…. Como si entráramos a la no visión del poder político pero en vez de imaginarlo lo estamos experimentando, pues el espectador tendrá que desenvolverse en esas condiciones durante un tiempo pre-establecido.”3

Cada instalación ofrece una experiencia diferente al espectador en los espacios modificados, ya sea por sentirse inmerso en la obra, o por el espectacular carácter escenográfico de la misma. Bajo esta premisa, nos obligan a descalzarnos para cruzar el enorme espacio cubierto por una alfombra blanca y cuya única iluminación se centra en una vitrina con un pequeño objeto: una cerilla. The Terrorist’s Apprentice (Aprendiz de terrorista, 2002) de Kendell Geers (Sudáfrica, 1968) abruma por su simplicidad. Pero aún más nos afecta las imágenes violentas del video T.W. (rock) (1992) donde un grupo de personas lincha a un individuo, mientras escuchamos por los audífonos la voz cansina de René Magritte discursando sobre el arte. La sensación de vacío, el vértigo de las imágenes y la indiferencia del mundo cuestionan el lugar del arte frente a la violencia.

Colectiva: 7 + 1 Project Rooms — imagen 3
Thomas Hirschhorn. Equality Float, [Carroza de la Igualdad], 2008. Texto integrado de Marcus Steinweg, plástico, papel, material impreso, libros, cartón, pintura, cableado eléctrico, madera, tela, flores de plástico, sillas de plástico, cinta adhesiva, maniquíes, cápsulas, espuma, plexiglás, básculas, poliestireno, espejos, cubos, esculturas de madera, muebles de metal. Cortesía del artista.

Otra de las obras que acude a la puesta en escena es Equality Float (Carroza de la Igualdad, 2008) de Thomas Hirschhorn (Berna, Suiza, 1957). Comisionada por MARCO Vigo, la espectacular obra redunda en un auténtico carnaval kitsch donde se mezclan flores y sillas plásticas, con maniquíes, esferas de discoteca, unas manos gigantescas a cada extremo que sostienen una gragea (píldora) y carteles publicitarios con construcciones frágiles de papier mâché. Conocido por la estructura de sus frágiles obras y sus referentes filosóficos, Hirschhorn hace una carroza-monumento al mundo contemporáneo, cuyo eje de discusión es la des-igualdad y la dualidad del lenguaje y las acciones, simbolizada en la cantidad de gigantescas grageas de dos colores azul y amarillo con la palabra: “equa-lity”. Desde su experiencia como diseñador gráfico, los “andamiajes” del artista suizo se convierten en una plataforma para el comentario político, social y cultural de la actualidad.

Impacta también el ready-made de Jorge Perianes (Ourense, España 1974) de un cerro con la flora viviente característica del paisaje gallego, sobre el que descansa en su base un fragmento cortado limpiamente. Por la literalidad de la cita, nos obliga a replantearnos nuestra relación con el paisaje y hasta que punto, la colonización económica y cultural influyen en la percepción del mismo. 

Pero no todo es grandilocuente o visualmente abrumador como las instalaciones mencionadas y no por ello menos impactante. En la sencilla obra de Teresa Margolles (México 1963), 24 parlantes discretamente ubicados en línea continúa en la pared blanca, nos obligan a poner el oído en ellos para escuchar los sonidos cotidianos de la ciudad. Margolles ha grabado el eco dejado en cada sitio donde fue encontrado el cadáver de una mujer asesinada cuyo nombre y número de caso encontramos descritos en la pared. La presencia de la muerte en lugares anónimos que desconocemos, pero que al mismo tiempo nos son familiares, indican anodinamente el vestigio de la violencia allí donde fue perpetrada.

Sobre la violencia nos comunican también las distintas tipografías proyectadas en animación flash y a ritmo de jazz el dúo Young-Hae Chong Heavy Industries [Young-Hae Chang y Marc Voge]. The end (2008) es el diálogo entrecortado del final de una pareja que finaliza en agresión física, sugerido únicamente por la secuencia de las palabras y los énfasis de las tipografías. Un auténtico ejercicio de economía de medios (sus proyectos están diseñados para la red de Internet), pero de extraordinaria efectividad visual.

7 + 1 Project Rooms ofrece algo más que una lista de nombres internacionales conocidos. Es un ejercicio de selección de obras que se adecuan al particular espacio de MARCO de Vigo, que sin establecer una línea argumentativa, se convierte en una especie de Babel de este mundo interconectado en el que ya nada nos puede ser ajeno.

NOTAS

1. Palabras tomadas del comunicado de prensa emitido por MARCO de Vigo, donde se describen los parámetros curatoriales del proyecto

2. Mosquera, Gerardo, texto curatorial para el catálogo en preparación

3. Texto tomado de las hojas de salas que acompañaban y explicaban la obra de Tania Bruguera.

DERMIS PÉREZ

7 + 1 Project Rooms, por Dermis Pérez León | artnexus