Exposición Individualmar 2009 - may 2009· Por Caridad Blanco de la Cruz

Yoan Capote

Galería Habana

 La ciudad es un espacio que se enuncia en las obras de Yoan Capote. Se descubre en el ánima de sus objetos/esculturas, cargados con las “impresiones” de esa energía que tiene su confrontación en las urbes. Signos tangibles y no tangibles dibujando al ser humano como ente individual y entraña de lo colectivo.

Diez años nos separan de las “máquinas” humanoides de su serie Traganíqueles, cuyo diseño e ingeniería permitieron la manipulación del público que pudo beber soda o ron, cortar con un cuchillo -para luego comer- pedazos de un busto de salami en aquellos artefactos, durante la inauguración de su primera muestra personal Tracc Bakk Track, en 1998. Capote atrapó allí una cotidianidad marcada por la escasez, y una sintomatología social dada a lo obsesivo en ciertos tópicos, como el referido a la sexualidad. La hibridez de los objetos resumió nuestra psicología de la subsistencia dada al reciclaje y la (re)invención. Desde entonces, resultaba llamativo el hecho de que sus piezas, plenas en argumentos contextuales, lograban trascender el anclaje local.

Exposición Individual: Yoan Capote — imagen 1
Yoan Capote. Mente abierta, 2007-2008. PVC, bronce, acero y pintura. 91 x 126 x 126 x 126 cm. (35 ¾ x 49 ½ x 49 ½ x 49 ½ pulgadas).

Yoan Capote acaba de presentar su trabajo más reciente en la muestra Psicomorfosis, en Galería Habana (19 de diciembre de 2008- 31 de enero de 2009). Esa cualidad suya como artista de (re)diseñar o (re)inventar “cuerpos” -trátese del cuerpo humano o cosas cotidianas- con el propósito de revelarnos sus particulares ideas, se desgranaba a partir de doce obras escultóricas, dos dibujos y siete proyectos.

Maleable iniciaba el recorrido. Tres rompecabezas constituían el primer retrato de las multitudes. Acercamiento mínimal a esa materia social manipulable, que puede resultar un juguete en manos del poder. La metáfora nacía en el desplazamiento mecánico del cubo de Rubik. Capote sustituyó los colores planos que coronan cada uno sus lados por fotografías de muchedumbres y congeló la posibilidad del movimiento al disponer en urnas los cubos.

A ese segmento de estados psicológicos colectivos devenidos retratos, pertenecían: Paranoia y Lote (retrato de la masa). En Paranoia, los perfiles de rostros anónimos habían sido incorporados a los barrotes de rejas. El conjunto (dos ventanas y una puerta) recreaba una particular transgresión de la seguridad. Las formas advenedizas en la barra de hierro, quebraban el sentido de protección original al hacer sentir cómo intrusos los rostros en la reja perfilados. En Lote, la masa fue representada a partir de orejas cuidadosamente esculpidas en bloques de piedra. La voz individual del hombre colectivo se ha extraviado y se le reconoce sólo como receptor.

La frialdad del vidrio en Secreto (mucho que decir), reforzaba el drama de la incomunicación, en contraste con la calidez de la madera en esas distorsiones del ego (o egos hiperbolizados) que resultaban: Erección y Top Feminist. Todos estos objetos escultóricos enfocaban conflictos emocionales del individuo como un segundo grupo que tenía entre sus piezas relevantes a Stress y Autorretrato (cada uno de nosotros). Capote subvirtió en ellas el camino de reproducir la apariencia física y otros detalles, al privilegiar la condición psicológica bajo la cual viven los individuos, como había hecho con anterioridad en las muchedumbres. El dato humano en Stress se concentraba en las planchas de bronce fundidas a partir de impresiones dentales anónimas, mientras en Autorretrato, fueron los huesos de las extremidades inferiores, realizados en el mismo material, luego de las formas tomadas a ocho cadáveres. El resto de las funciones simbólicas en los retratos se completaban por la disposición de las piezas de concreto y la fuerza de gravedad.

Lo procesual tuvo su sitio en la tercera sala. Junto a los dibujos, se distinguía la materialización sobre PVC de Open Mind, centrando las acciones, y la caja de luz Libido (Trilogía sucia de La Habana). Touch  y Voluntad de poder funcionaban como epilogo. Una, elogiando el sentido del tacto, la otra adentrándose en las paradojas del poder. La alusión sexual y la referencia política en ellas destacaba la ductilidad del enfoque psicológico para temas diversos.

Con Psicomorfosis, Capote consiguió lo que había ideado: plenas formas físicas revelando experiencias intangibles de la mente. Reflexión que puede descubrirse desde el inicio en su carrera y que ahora se edifica desde la compatibilidad de lo psicológico con un sentido oscilante local/universal.

Este escultor conceptual que resulta Yoan Capote, con obras límpidas, precisas, en diálogo con la escala humana, saca el mayor partido de las cualidades simbólicas de los materiales, de las posibilidades del juego, la pertinencia del humor y las emociones, al hacernos sentir los rumbos de estos tiempos sin extraviar la belleza en las formas que (re)crea, privilegiando lo sensorial.

Desde esa conexión despierta ese cerebro transitable en Open Mind. Mente abierta al cambio que se precisa (adentro/afuera): al entendimiento y la compresión donde todos estemos incluidos. Sentir ese espacio será posible durante la X Bienal de La Habana, cuando en la muestra central la pieza alcance su primera fase de interactividad vivencial, otra de las distinciones del discurso de Yoan Capote.

CARIDAD BLANCO DE LA CRUZ