La voluntad de las cosas, exposición de Sebastián Romo
(México D.F., 1973) en el Museo Carrillo Gil, exhibe una serie de ejercicios
formales y conceptuales que guardan en muchos casos relación con la escultura.
Romo se muestra como un artista multidisciplinario que utiliza para expresarse
diversos medios como fotografía, dibujo, video, maquetas, diagramas y libros
del artista, entre otros. El artista nos revela su inquietud por establecer una
correlación entre lo conceptual y lo formal. Descubre órdenes y examina la
relación que existe entre el mapa y lo tridimensional, modifica leyes, traza
nuevas rutas y crea otros objetos. Reconoce, así, la voluntad de las cosas.
La muestra requiere de un espectador reproducido por la superficie pulimentada de La Belle Noiseuse, que reúne tres espejos planos de 226 x 122 centímetros, con textos en vinilo, cuyo plano reflector incluye la imagen del visitante y lo convierte en un explorador o descubridor de proyectos y de objetos. La obsesión de Romo por las anotaciones propias del arte conceptual lo lleva a realizar apuntes de sus experiencias sobre objetos que podrían ser cuadernos de viajes o libros del artista elaborados en diversos formatos y plegados de distintas maneras. Al estar expuestos en vitrinas, se dificulta la plena observación, lo que requiere, sólo en un caso, de una proyección sobre el muro para facilitar su análisis.

Varios de los proyectos de Sebastián Romo localizan sus orígenes en el Land Art. Tal es el caso de Caminando un cráter, donde se evidencia la incapacidad de la fotografía para captar la magnitud de la naturaleza. Ello impulsa al artista a recorrer caminando en círculos la cresta de un cráter, acción que registra fotográficamente. Repite así el orden cósmico y, a la vez, nos regala una rueda con 360 fotografías que girará al accionar una manivela, para que observemos las imágenes. Por otro lado, Tropicalia es un círculo que Romo conforma también a base de fotografías. Éstas nuevamente se vuelven objeto, ya que su función de imagen ha sido cancelada para ser utilizada únicamente como material constructivo.
Romo trabaja igualmente con fotografía manipulada en You are the…, en cuya realización imprime esta frase sobre unos rascacielos neoyorkinos. Semejante alteración funciona como recurso para crear la ilusión de un espacio físico intervenido. Al mismo tiempo, la frase escrita sobre los edificios conduce a la sensación de ir hacia algo más físico: la impresión de lo tridimensional en un sentido escultórico.
El trabajo de videoinstalación que presenta el artista se establece bajo la premisa de la espacialidad y de la experiencia: Romo crea así una escenografía con algo tan simple como la unión de dos muros de sala. En Googo goo j´ oob proyecta el vuelo y sonido de las aves intercalado con bandas de color que recuerdan el espectro cromático televisivo, a lo que el espectador puede integrarse si se acerca lo suficiente para experimentar la imagen sonora.
En su proyecto Komma, el artista registra un hecho de la vida urbana: el levantamiento del puente Nieuwe Amstelburg, en la ciudad de Amsterdam. El video integra lenguajes distintos como el sonoro, el visual y el plástico. Romo propone una visión parcial y emblemática del conjunto de la ciudad, centrando la atención en los aspectos técnicos del movimiento del puente: conduce así al espectador a una reflexión visual sobre la percepción y la mediación tecnológica. Esta visión tridimensional y escultórica de un objeto y de una acción cotidiana se alterna con diagramas que indican puntualmente su funcionamiento, así como documentación con los procesos de construcción del proyecto Komma.
El tiempo y sus diferentes manifestaciones constituye en Romo el hilo conductor de sus proyectos y piezas terminadas; expone de esta manera La voluntad de la naturaleza según Schopenhauer, donde muestra cómo las plantas se someten “por propia voluntad” a un constante proceso de transformación. En su obsesión por el tiempo, el artista construye una maqueta en pequeña escala del lugar donde está siendo expuesta, con material de la maqueta elaborada y exhibida en un recinto anterior. De esta manera, un prototipo del Museo Carrillo Gil constituye una alegoría de la fragmentación y reutilización del pasado, práctica recurrente en el arte actual.
Gabinete es una instalación con dibujos, fotografías y mobiliario que conviven en una atmósfera iluminada en forma tenue. Romo recrea un orden y lo resignifica con fotos ahí expuestas, en las que reconoce al macrocosmos en el microcosmos y reelabora al Land Art en unas cáscaras de naranja sobre tierra cuarteada o en superficies heladas intervenidas.
En su voluntad de crear órdenes y establecer correlaciones entre las cosas, Sebastián Romo destaca un espacio: lo vuelve cualitativamente diferente y lo convierte en un cosmos. Afuera queda la proliferación de proyectos, de discursos y de objetos, en donde la pluralidad toma el lugar de la especificidad en el arte.
CONSUELO ALMADA
