Desde que la artista peruana Sandra
Gamarra creó su museo imaginario LiMAC (Museo de Arte Contemporáneo de Lima
http://www.li-mac.org), e incluyó en su colección sus reproducciones pintadas
de medios que reproducían arte, como páginas ilustradas de libros de arte y
postales, su discurso e investigación se desviaron hacia la creación de una
ecuación para entender la experiencia del arte y los medios a través de los
cuales podría tenerse. En Milagros, su segunda
exposición individual en São Paulo, presentada en la Galería Leme a finales del
año pasado (12.11.08-20.12.08) con 13 lienzos de gran formato, una instalación
de sonido y otra de aureolas colgantes, la artista mostró que está cambiando su
enfoque, para pasar de la obra de arte reproducida al punto de interacción
entre espectador y obra de arte; “como sabemos, si no hay espectador, no hay
obra de arte”, dijo en una entrevista.

Este pequeño pero significativo cambio de perspectiva se observa en las series conocidas como The New Prayers y New Pilgrims, a las que pertenecen las obras de Milagros. Gamarra todavía reproduce obras de arte en sus lienzos y todavía le da importancia al lugar en que residen, pero ahora las telas muestran espectadores atrapados en un momento de intercambio transformativo y/o interactivo con una obra de arte. Ya no es importante identificar la obra de arte de la que se apropió en sus pinturas, como sucedía antes, sino el hecho de que se interpretan e identifican como obras de arte mediante su entorno, y lo que importa es la interacción del público y la obra representada. Esta ecuación es más extensiva en su cuestionamiento de lo que en realidad es la experiencia de arte y, a su vez, lo que es experimentar el arte por medio de reproducciones. La artista la sitúa con relación a la religión. “Siempre he sentido el acto de copiar cercano a la forma en que las imágenes cristianas tuvieron que ser copiadas para llenar las nuevas iglesias de un nuevo continente”, dice Gamarra.
Esta comparación, por sí misma, no rompe moldes. Entender el mundo del arte, la satisfacción de que existe y la forma en que la gente lo habita, es similar a la estructura y las condiciones de la religión organizada; los dos se centran en la fe. Qué es en esencia una feria de arte o una bienal hoy en día, sino un punto importante del calendario artístico durante el cual la gente, con fidelidad, acude desde todas partes, en peregrinaje, a un lugar donde pueden estar en contacto con el vehículo en el que su fe está cifrada. Los peregrinos esperan salir de allí habiendo tenido algún tipo de experiencia (trascendental). La fe fue lo que hizo posible que esto sucediera, y para Sandra Gamarra, la fe es todavía la que gobierna las dinámicas del mundo del arte. Los objetos que existen en estructuras organizadas como éstas “son mediadores de la realidad y la eternidad, lo comprensible e incomprensible”, según sus propias palabras. Si estas estructuras se entienden como microcósmicas, ¿no puede ser que también representen una fe más macra, que todos tenemos en nuestra existencia y nuestras vidas?
Todas las pinturas se basaban en fotografías de espectadores interactuando con el arte, tomadas por la artista. En una de ellas, un espectador solitario está de pie frente a una obra de Julie Mehretu (Sola, 2008); en un tríptico (Clara, 2008) ella interactúa con una grieta en el piso, una obra de arte de Doris Salcedo, en el Turbine Hall, en un estado cuasi estático desencadenado por la grieta. Un Anish Kapoor inspiró una veneración reflejada en Ángel (2008), y San Sebastián (2008) mostraba el poder de la experiencia en la Gemaldgalerie de Berlín. The Apostles, inspirada en los asistentes a exposiciones, provenientes de todo el mundo, despojaba del objeto de su fe al espectador representado y denunciaba al espectador de la exposición la manifestación y el efecto de esta fe, la misma que lo llevó a la Galería Leme en busca de una posible epifanía. Este efecto micro-macro inspiraba pensamientos sobre la representación de la vida y las dinámicas sociales mediante ejemplos aislados convertidos en empáticos. “Me interesan los patrones que se repiten a sí mismos en religiones como testimonios de las relaciones humanas”, afirma Gamarra.
Trabajando dentro de sistemas reconocibles para las culturas a las que llegan y las reciben, la artista comenta acerca de lo que la relación del espectador y las obras de arte de Milagros podría decir sobre las diferentes culturas: “Podría decir que las culturas tienen la capacidad de homogeneizarse más y más. En el sentido estricto, pudiera ser que los espectadores de hoy fueran espectadores de sus propias culturas, sin ser ya parte de ellas”. Con Nimbos (2008) Gamarra dejó el lienzo y exploró lo que sucede cuando los “objetos religiosos” son sacados de su contexto e insertados en el terreno artístico. Las decenas de areolas colgadas del centro del atrio de casi ocho metros de la galería marcaban la pauta: místicas y respetuosas, indiferentes pero pomposas, debido al significado que se les confirió. Pero la energía venía en susurros, por medio de Pslams (2008), una instalación de sonido que era fácil pasar por alto y que requería que el espectador se acercara a la pared, con el fin de escuchar la tranquila confesión expuesta en el mausoleo: cuestionar o investigar nuestra existencia como adormecidos espectadores de nuestras culturas y nuestros círculos con una culpa redentora infundida es lo que impulsa nuestra búsqueda y nuestros peregrinajes, en persecución de algo que pueda sacudirnos del rebaño.
CAMILA BELCHIOR
