Mundus
Admirabilis e outras pragas (Mundus Admirabilis
and other plagues) es el título y denominador común que reúne y engarza, obra
por obra, el nuevo y más sorprendente conjunto operístico de la artista Regina
Silveira (Porto Alegre, 1939, RS, Brasil) en su individual de la mencionada
galería paulista, que tuvo lugar desde el 8 de noviembre hasta mediados de
diciembre del pasado 2008.
En esta oportunidad, los trabajos expuestos exhibían un componente estético de alto impacto, emparentado por su proverbial gusto por la paradoja y el eclecticismo, así como la presencia de elementos formales y estilísticos citacionales, provenientes de otras “enciclopedias” y repertorios iconográficos, de los cuales Silveira sacó provecho para crear una diversidad dis-versa, orientada en múltiples direcciones, mientras que las oposiciones se unificaban, por medio de la magia y la explosión del trompe l’oeil, articulando una cadena postconceptual de certeros interjuegos entre blancos y negros expansivos.

Mundus Admirabilis e outras pragas es un horizonte de sensaciones, auú mejor, de aisthesis, término que ya contiene en sus entrañas etimológicas una connotación de física esteticidad.
Los materiales empleados poseen un espesor ideativo de absoluta contemporaneidad, a pesar de aportar una primer efecto visual de création vagabonde y proliferante, que invadía el amplio recinto expositivo. Dichos materiales generan diferentes gamas de distorsiones y perversiones de ciertos objetos culturales del pasado, no obstante imantados a un tempo marcadamente actual. Pintura industrial sobre madera, impresiones sobre vinilo adhesivo negro en campo expandido, acrílico, poliestireno, objetos de porcelana sobreesmaltada con vidrio líquido, acero, lino bordado, tapetes intervenidos, proyecciones luminosas, videos digitales, dan cuenta de una fuerte ruptura epistemológica y de su consabido carácter transitivo, dado que el orden de las cosas y el orden del propio metarrelato de la artista resultan invertidos, desequilibrados ex profeso, respecto a la lógica de siglos precedentes, reconociendo en estas obras de alto voltaje un caos “pleno”, regulado, de gran complejidad y contrario a cualquier estrategia de finitud. En efecto, un arte del desorden premeditado, que también es apeiron (sin límites, ni confines), y donde el apabullante universo figurativo de los insectos adquiere formas engañosas, a través de estos variados soportes, algunos de los cuales son decididamente “tecnológicos”, fríos, en tanto que otros resultan más “simples” y hasta “pobres”, no sólo en sus significados económicos, sino también desde el punto de vista creativo. El sentido de infinitud se amalgama con eficiencia, al amparo de la maquinaria de la instalación, promoviendo en esta muestra una apertura una capacidad multívoca de regenerarse así misma.
El sueño de la materialidad transmutada, bajo el influjo de una nuance hiperbarroca, con elementos que la traditio consideraba como no estéticos o antiestéticos, se convierte en el reciente opus de Silveira en una “sublimidad del colmo”, del exceso. Espectacularidad, gigantismo estético, son rasgos evidentes en la instalación montada con recortes y vinilos adhesivos negros, especialmente concebida para la Galería Brito Cimino, claramente topo-específica, de la cual damos cuenta y que retoma, un poco el modus operandi de Silveira, por el empleo de los ploteados vinílicos a gran escala, protagonistas de sus instalaciones: Jardim do Poder, en el Centro Cultural Banco do Brasil (Brasilia), y Ficciones, Museu Vale do Río Doce (Espírito Santo), ambas de 2007.
Existen, por otra parte, microsituaciones creadas por los propios objetos site-specific, los cuales, actúan como engranajes en dicha red metonímica.
Tales son los casos de Fábula, escultura-objeto efectuada en madera, recubierta con pintura industrial, aparato de audio y recorte en vinilo autoadhesivo de un enorme insecto, adosado a la redondez de la protuberancia negra; In Memoriam, objeto de porcelana vitrificada; Mea Culpa, microinstalación, compuesta de tres readymades intervenidos por la artista; Rerum Naturae, una mesa con mantel de lino y vajilla de porcelana, integralmente impresos por una miríada de especies insectívoras, suerte de bestiario del horror sublime. En este sentido, Rerum Naturae nos recuerda a modo de alusión aquellos versos de Rainer María Rilke, en sus Elegías de Duino: “lo bello es siempre de lo horrible el comienzo…”.
Continuando con trabajos que siguen abriendo series dentro de un planteo total y globalizante, encontramos piezas como Corruptio y Mácula, que ensanchan los límites de la instalación, en cuanto representación del infinito temporal y espacial en acto. Sin embargo, no olvidemos que para Silveira son también etapas o instancias de otro infinito, un infinito potencial, con todas las variaciones originadas por la matriz semántica y figurativa de ciertos presupuestos revisitados de la ciencia de la entomología.
Prosiguiendo con las ejemplificaciones, hallamos ese efecto de la paradoja y los canales ambiguos de este mundo de la complejidad silveirano, en nuevos objetos con instrucciones para su uso e interpretación ulterior, como Infernus, un cilindro negro, sobre un pedestal de madera negra, que semeja mucho a una pieza anterior de la artista, titulada Mirante.
En Infernus nos asomamos al objeto de madera, recubierto con pintura industrial, observando un monitor interno que contiene un video digital y una banda sonora de Alejandro Gómez Upegui. Luego, la artista insiste sobre la silueta, la geometrización y el talante espectral del mundo de la objetualidad, con Post-Scriptum, hecha en metal y recubierta con vinilo adhesivo negro, logrando una expansión autónoma de la escultura.
Bestiarum, una proyección luminosa con luz dicroica, sobre la pared, de dimensiones variables, a partir de un trabajo en pequeña escala sobre madera, adosado al mismo muro, nos enfrenta con el horror al vacío, proponiendo un esquema centrípeto del que surgen monstruos fabulosos y oníricos, quizás extraídos de algún manual medieval. Una especie de “muralla de pintura” en filigrana blanca, inmaterial, de gran potencia figural. Silveira pone a prueba, una y otra vez, el placer y el conocimiento que la vista nos depara, tendiéndoles trampas audaces a sus propias certezas conceptuales.
La exposición se complementó con la cuidada edición de un catálogo-libro monográfico bilingüe (inglés-portugués) que contiene reproducciones de las obras exhibidas y diversas vistas parciales y generales de la instalación, más un ensayo crítico de Adolfo Montejo Navas, una biografía actualizada de la artista y el registro de sus exposiciones individuales y colectivas más sobresalientes.
CLAUDIA LAUDANNO
