Hay una nueva generación de artistas
puertorriqueños, la mayoría de alrededor de veinticinco años, cuyos discursos
ético y estético son muy diferentes a los de las dos generaciones anteriores:
la internacionalizada Generación del 90 (Allora & Calzadilla, Jesús “Bubu” Negrón, Chemi Rosado
Seijo, Nayda Collazo, Rambranat Díaz, Ada Bobonis, Aaron Salabarrias, para
mencionar sólo unos pocos) y la Turn of the Century Generation (Michael Linares, Melvin Martínez, Aby Ruiz, Cacheila Soto,
Radamés Figueroa, de nuevo, para nombrar sólo unos pocos). Estos jóvenes
artistas se expresan en formas muy diferentes, desde las pinturas POP
posmodernistas hasta obras de arte tridimensionales con carga social, ecológica
y política; desde videos surrealistas y/o existencialistas hasta
graffitis de galería. Están empleando
todas las libertades que heredaron para construir un sano eclecticismo que le
comunique al público, en forma ingeniosa, sus sentimientos en esta difícil
época de nuestro presente globalizado.

Mediante el humor, el sarcasmo, la ironía, el lirismo, una aproximación romántica posmodernista a la belleza o el uso de la historia y la política locales o mundiales, presentan una visión sumamente compleja y a veces sombría de su (nuestro) presente y futuro. No obstante, aunque no fantasean del modo que lo hicieron los artistas de los años sesenta y setenta, la mayoría de ellos cree en un mejor futuro y son impulsados por la esperanza.
Uno de los artistas que en verdad sobresale en este grupo de “recién llegados” que está redefiniendo las artes plásticas de esta isla es Ramón Miranda Beltrán (nacido en 1982 y graduado en la Universidad de Puerto Rico- Campus Río Piedras, en 2008). Miranda Beltrán está utilizando “viejas” fotografías históricas del Puerto Rico de las décadas de 1950 y 1960 para recordarle a su pueblo que el desarrollo económico y social durante ese período fue complicado, controversial e incluso desastroso, y que aunque todo parece haber cambiado, muchas cosas permanecen iguales (Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Nietzsche).
Este artista se ha convertido en un “historiador” visual original, efectivo y, sí, provocador y un controversial cronista sociopolítico que utiliza uno de los periodos de crecimiento más importantes de la historia de su país, en especial el siglo XX: la creación y el desarrollo de una democracia moderna y el difícil proceso de semi-industrialización (el cambio de una sociedad agraria pobre al trabajo mecanizado en las fábricas recién creadas, comúnmente llamado “Operación Manos a la Obra”).
Los conocedores y amantes del arte no se dieron cuenta de la originalidad y excelencia del trabajo de este artista hasta que fue escogido para exponer dos de sus piezas de 48” x 48” en el que se ha convertido en el concurso anual más importante para artistas jóvenes de Puerto Rico, y, en especial, después de su exitosa exposición en la galería Viota, titulada Ramón Miranda Beltrán: Todos Llevamos por Dentro Alguna Clase de Guerra Civil.
Como fotógrafo y artista tridimensional, seleccionó un grupo de dramáticas fotografías del hombre más importante de la historia del siglo XX de la isla: Luis Muñoz Marín, fundador del Partido Democrático Popular, primer gobernador electo de Puerto Rico en 1948 y padre –el arquitecto– del actual (y exclusivo) estatus social: el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
Con el fin de darles a estas fotografías, que captan elementos clave de la historia contemporánea de la isla (desde Muñoz Marín recibiendo la soberanía de la isla de manos de generales estadounidenses hasta todo el proceso de semi-industrialización; desde Muñoz Marín con los campesinos (jíbaros) descalzos hasta la construcción de casas de cemento; desde Muñoz Marín y su familia hasta el momento en que se retiró después de 16 años (cuatro períodos sucesivos en el poder) y la “traición” de su inocuo y soso sucesor, Roberto Sánchez Vilella), Miranda Beltrán las amplió a proporciones épicas y las traspasó a paneles de cemento poco ortodoxos.¿Por qué cemento? Según el artista, porque “el cemento es un elemento urbano”, e, infortunadamente, estamos sufriendo una especie de guerra civil entre el cemento y la naturaleza, entre el egoísmo económico/social y la ecología, la locura y GREEN, entre supervivencia y muerte.
Durante sus clases de arte en la Universidad de Puerto Rico- Campus Río Piedras, en especial fotografía avanzada, el artista empezó a experimentar formalmente con imágenes fotográficas y sus reacciones a diferentes soportes. Después del proceso natural de ensayo y error, y guiado por el fotógrafo Guy Paizy, este osado joven artista empezó a “jugar” con diferentes tipos de superficies de cemento y ¡eureka!, descubrió lo que con modestia rotuló como “fotografía al fresco” o “frescos fotográficos”. Luego continuó experimentando con las diferentes texturas producidas por el cemento y cómo reaccionaban a las emulsiones fotográficas, haciendo de cada uno de sus paneles fotográficos de gran formato algo exclusivo. En tan solo un año, Miranda Beltrán había descubierto un mundo de posibilidades en las que la imagen fotográfica —en este caso la historia de Puerto Rico durante la Guerra Fría—, y el cemento, que definió el progreso de la isla de los años cincuenta en adelante, contaban parte de la historia de esta compleja isla caribeña.
En este período de su carrera artística él ha decidido compartir con el público momentos muy importantes de la historia de su país, que incluyen el momento en que se estableció la verdadera democracia en Puerto Rico (una isla que hasta las primeras décadas del siglo XX era más pobre que Haití) en 1948, con la elección del caudillo Muñoz Marín, el proceso y los programas que ayudaron a la isla a desarrollarse y pasar de una sociedad agraria rural a una sociedad semi-industrializada. Aunque el artista presenta con claridad algunas de las ventajas de estos cambios, cuestiona con franqueza si, en el proceso, la isla, en especial la idiosincrasia de su gente y la ecología/belleza de “La Isla del Encanto”, sufrió daños irreparables, daños que hicieron que Lady Bird Johnson, la esposa del presidente Johnson, hiciera su controversial y triste comentario acerca de que “San Juan es una selva de cemento”, cuando voló sobre la capital de la isla.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
