Painted!

Guillermo Kuitca. Desenlace III, 2007. Díptico: 77 x 46 4/5 in. (195,5 x 119 cm.) and 77 x 84 1/5 in. (195,5 x 214 cm.).

Exposiciónmar 2009 - may 2009· Por Carlos Jiménez

Painted!

Beate Günther, Guillermo Kuitka, Richard Allen Morris La reivindicación oportuna de la pintura

Los cuadros de Kuitca eran la clave de Painted! porque eran los que más directamente conectaban con el final del eclipse de la pintura en la escena artística internacional, producido por el impacto arrollador de la fotografía monumental, las performances, las instalaciones, el videoarte —e incluso el net art y el resto del arte computarizado—.

Aunque eran tres los pintores en esta exposición, la clave de la misma estaba en realidad en la obra de uno solo de ellos: Guillermo Kuitca. No digo que sus cuadros fueran mejores que los de los otros dos, la alemana Beate Günther y el norteamericano Richard Allen Morris. Digo simplemente que los cuadros de Kuitca eran la clave de Painted! porque eran los que más directamente conectaban con el final del eclipse de la pintura en la escena artística internacional, producido por el impacto arrollador de la fotografía monumental, las performances, las instalaciones, el videoarte —e incluso el net art y el resto del arte computarizado— que coparon hasta tal punto la escena artística que la pintura parecía condenada a cumplir cadena perpetua en el inane capítulo del arte clásico. La verdad es que no desapareció completamente durante el enésimo ciclo de exaltación de lo nuevo: simplemente fue eclipsada o relegada a la penumbra, que ahora abandona con tal ímpetu que otra vez atrae sobre sí la atención prioritaria de los focos.

Exposición: Painted! — imagen 1
Guillermo Kuitca. Desenlace IV, 2007. Óleo sobre lienzo. 195 x 381,5 cm. (76 ¾ x 150 pulgadas).

Y es justamente a esta situación a la que responden los cuatro cuadros de Kuitca que ahora nos ocupan: son la insólita revisión de la historia de la pintura moderna —singularmente del cubismo— mediante la cual el propio Kuitca resolvió su propia crisis con la pintura. En el diálogo que mantuvo con Hans-Michael Herzog, en enero de 20081 el pintor argentino habla de la intensidad de esa crisis y de cómo intentó sobrellevarla trabajando exclusivamente con collage. En 2006, sin embargo, pensó que tenía que volver a pintar y el resultado son esos cuatro cuadros extraordinarios, fuera de serie, que bajo el título común de Desenlace se expusieron primero en el pabellón de Argentina en la Bienal de Venecia de 2007, y después en las salas de exposiciones de Daros Latinamerica en Zurich. (Una digresión: los cuadros fueron una cosa en la Bienal y otra en Daros. En Venecia estaban subyugados por un montaje muy barroco, mientras que Zurich se desplegaron desnudos en unos white cube sin atributos).

Exposición: Painted! — imagen 2
Beate Günter. O.T., 1996. Óleo sobre lienzo. 280 x 220 cm. (110 1/5 x 86 3/5 pulgadas).

Pero regresemos a la “revisión” de la historia de la pintura moderna intentada por Kuitca para recordar, en primer lugar, que no es ésta la primera que se hace. Por el contrario: el historicismo específico de la posmodernidad fue muy dado a esta clase de revisiones, que en sus manos terminaron con frecuencia en el pastiche. La diferencia la pone el arte de Kuitca, que ha reinterpretado el cubismo de Juan Gris y de Picasso de una manera tan deslumbrante que recuerda a la que hizo en su día Wifredo Lam en su cuadro La jungla, pero que se distingue de esta última por la supresión del tema o el motivo y su concentración exclusiva en lo que tendríamos que llamar de nuevo los “valores plásticos”. Y la pone también una cierta gravedad que, en oposición a la levedad posmoderna, lastra la actitud del pintor y que, según él, está bien captada en el ensayo que Inés Katzenstein —la curadora de su muestra en la Bienal— escribió a propósito de los cuadros de Desenlace. En ese escrito ella expuso la idea de que esos cuadros son como un grupo de extranjeros abandonados con su equipaje, del que no se sabe realmente de dónde ha venido2. “Y eso es exactamente lo que me ha pasado con este trabajo” afirma Kuitca – Ha sido como abrir una maleta y preguntar: ¿Qué es Juan Gris, qué es Joaquín Torres García, qué hacen aquí?3 Por su parte Hans-Michael Herzog confiesa su propio sentimiento de extrañeza ante los cuadros de Desenlace en estos términos: “Yo vi esos cuadros dos veces en Venecia y ambas oportunidades quedé aterrorizado y con el estómago revuelto. Ellos me confundieron completamente. Pensé: Es increíble, sin precedentes. ¿Cómo es posible (…) hacer algo de esta escala, pintarlo con un cubismo exquisito y al mismo tiempo hacerlo en el año 2007?”4. Antes de abandonar estos cuadros hay que hacer una última aclaración: el homenaje al cubismo que domina su composición no es el único homenaje: Desenlace III es también un homenaje al expresionismo abstracto, como Desenlace IV lo es al espacialismo de Lucio Fontana. Homenaje paradójico: el velo de la pintura cortado por Fontana es restaurado completamente por Kuitca.

Exposición: Painted! — imagen 3
Richard Allen Morris. Dr. Pintura, 1999. Acrílico sobre lienzo. 30,5 x 23 cm. (12 x 9 pulgadas).

En contraste con la relectura de la historia de Kuitca, podría decirse que el pintor norteamericano Richard Allen Morris es en sí mismo una historia viviente. Y que recuperarlo a él, como lo ha hecho la exposición Painted!, es recuperar una historia ignorada y olvidada, la de la pintura que desde los años 60 del siglo pasado tuvo lugar en San Diego y, por lo tanto, al margen de San Francisco y de Los Ángeles, que durante mucho tiempo han centrado la atención de los focos en el mundo del arte americano. Allen Morris tiene 75 años de edad, lleva 50 o más en el oficio y su historia y su obra sólo comenzaron a ser recuperadas en el año 2004, cuando la Haus Lange de Alemania realizó la primera retrospectiva de su trabajo, que fue seguida de la que tuvo lugar en 2005 en el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, en California. Y en Daros tuvo, en realidad, una miniretrospectiva, que incluía desde pinturas tempranas fechadas en los años 60 del siglo pasado hasta piezas de la primera década de este siglo. El conjunto resultaba, además, un inventario de algunas de las figuras y tendencias que han marcado la historia del arte americano de la segunda mitad del siglo XX. Es evidente que Allen Morris no vivió aislado en San Diego, como un ermitaño en su ermita, sino que todo el tiempo se mantuvo informado de lo que estaba pasando en el resto de la escena artística americana, y que buena parte de su obra es resultado de su diálogo, o si se prefiere, de su respuesta a los estímulos que significaron para él Franz Kline, Willem de Kooning, Cy Twombly, Robert Rauschenberg e, incluso, el propio Andy Warhol. Pero con todo y lo interesante que resulta el conjunto de su obra, por la originalidad con la que supo interpretar las lecciones de los maestros de la pintura americana moderna, quizás la parte de la misma que tenía más fuerza eran los cuadros de pequeño formato, como In My Life (1987), In Your Face (1987/88) y, sobre todo, Dr. Saint (1999), que es en sí mismo una contundente declaración a favor de la materialidad de la pintura y de la indispensable energía de los gestos que la ponen de presente.

La exposición la completaban las pinturas de la artista alemana residente en Berlín. Beathe Günther, En su inclusión en esta muestra había también algo de reivindicación, aunque en su caso lo fuera de una artista con todavía poco reconocimiento en los círculos y los medios en los que se fragua precisamente el reconocimiento público de la obra de los artistas. El conjunto del trabajo que expuso resultaba, sin embargo, desigual: una mezcla de obras intensas, impactantes y sobre todo luminosas, con otras que resultaban amorfas, sombrías, previsibles, carentes justamente de la decisión de la energía que marcaban radicalmente las primeras, las mejores. A destacar, sobre todo, O.T (1988), un cuadro de gran formato compuesto como un mosaico de superficies pintadas de manera espesa y con la evidente intención de explorar todos los matices del verde. Y también O.T y Flut (ambas de 1995), así como Gsot I (2006) y Gsot II (2007). Excepcionales.

NOTAS

1. “Hans-Michael Herzog in Conversation with Guillermo Kuitca. Buenos Aires, January 29, 2008”, en Guillermo Kuitca, Daros, Hatje Cantz, Zurich, 2008, p. 27 y ss.

2.  Inés Katzenstein, “Guillermo como si…”en Si yo fuera el invierno mismo. Representación argentina.52 Exposizione Internazionale d'Arte. La Biennale di Venezia, exh, cat. Buenos Aires, 2007.

3.  “That is exactly what happened to me in this work. It was like opening a suitcase and asking: What is Juan Gris, what is Joaquin Torres-Garcia, what are these people doing here?”. Op cit, p.27.

4. “In Venice (…) I saw the works twice, and both times I was terrified, I felt a twisting in my stomach (…) This is incredible, unprecedented, I thought. How is it possible not only to touch on this, but also to do it on such scale, and to paint such an exquisite Cubism at the same time, and that in the year 2007?”. Ibid, p. 29.

CARLOS JIMÉNEZ

Escritor, crítico de arte y curador independiente.

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