Exposición Individualmar 2009 - may 2009· Por Susana Benko

Milton Becerra

Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez

 Maleiwa significa para los wayúu “Creador del universo”. Cuentan los mitos de esta etnia indígena que fue Mareiwa ó Ma.lei’wa quién creó a los hombres, a los animales y a todas las cosas que pueblan el universo. Fue él mismo quien repartió el ganado a los clanes. Cada clan lleva el sello de una marca hecha con los hierros que Maleiwa les provee. Esta marca distingue a cada uno de los clanes wayúu. De allí que esta organización social depende de este ser supremo, nunca visto por hombre alguno.

El nombre Maleiwa reviste la más alta significación para esta cultura y no es casual que identifique a la última exposición de Milton Becerra realizada en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez. Expresa lo que significa la creación en su más alto y sublime sentido para este artista. Pero también es una forma de hablarles a los wayúu directamente, en su propio terreno, sobre aspectos esenciales de su mitología, en términos de arte contemporáneo. Cabe mencionar que más de 60.000 habitantes wayúu viven en barrios marabinos, y es una población que se extiende sin fronteras entre Colombia y Venezuela, en la vasta y árida Guajira.

Exposición Individual: Milton Becerra — imagen 1
Milton Becerra. Línea contínua, 2006. Detalle. Piedra de jadeíta, fibras de nylon. Medidas variables. Foto: Luis Becerra.

Desde los años setenta, Becerra investiga con profundidad sobre los orígenes de la creación tomando como base las referencias de nuestro pasado primigenio. En este caso, específicamente, ha asimilado el mito wayúu y la realidad del arte. En torno a Maleiwa están todos los demás elementos de la naturaleza por él creados. El artista los va reinterpretando en sus obras. En la sala 3, expone obras bidimensionales hechas con tejido y piedras que resaltan diversos aspectos del mundo natural: Aalasü (Piedra que cuenta los orígenes); Liwo (Estrella de la aurora); Sükapülairuwa (Relámpago); Jolotsü (Estrella de la mañana), animales como el gusano, en Jokomairuwa, y objetos como el collar, en Aüliijunaa. En todas, el artista ha concentrado uno de los preceptos que lo motivan a continuar usando el tejido. Dice: “Para mi crear es parte de la sangre y de los secretos que guardan los hilos y es el arte de expresar la vida. Son las transformaciones geométricas las que constituyen un modo intelectualizado de ver el mundo”. Tejer es una forma de expresar metafóricamente la vida en su continuo devenir, pero también, estructuralmente hablando, es el elemento organizador de las cosas: el hilo anuda la piedra −centro de energía y punto de atención de nuestra mirada−, pero también organiza tanto la superficie pictórica como al espacio mismo. Esto ocurre en su magistral instalación Línea continua (2006), al fondo de la sala. Una piedra de jadeíta, suspendida con numerosos amarres, actúa como punto de fuga de una irradiación de líneas que dibujan el espacio. Simulan la órbita veloz de un meteorito y, a la vez, componen una mesurada cuadrícula sobre las paredes de la sala. Una vez más, Becerra desafía la gravedad al volver leve la piedra, y por ello, esta instalación es una de las propuestas más aérea e inmaterial que él haya realizado.

El tejido, en efecto, intelectualiza la visión del mundo. Porque lo organiza. Esto es porque este artista reconoce la formación recibida de maestros del cinetismo como Soto y Cruz-Díez. Esta tradición de alguna manera aparece al utilizar los hilos como elementos estructurantes de muchas piezas. Sin embargo, no son racionalmente constructivas precisamente por los referentes autóctonos específicos que Becerra maneja. Esto lo distingue. En las Constelaciones y otros móviles realizados con alambre y tejido, por ejemplo, la experiencia con la levedad y la inmaterialidad recuerda algo a los dibujos sin papel de Gego realizados en los años 80. Sin embargo, el uso de la fibra natural y el tejido es propio del estilo y el discurso de Becerra. La manera de anudar y trabajar las formas lo identifican plenamente. Él logra integrar la identidad indígena y la tradición abstracto-geométrica que tanta significación tiene en el arte moderno y contemporáneo venezolano. Reconociendo su formación constructiva, la utiliza para mantener conexión con el tema central de la muestra y en clara referencia con la cultura wayúu. El tejido, por demás, es para estas comunidades una actividad fundamental.

La cría y el pastoreo del ganado también son parte de su modo de vida y de sobrevivencia. De allí que la última sala presenta piezas e instalaciones con pieles. El artista recorta las pieles, las teje con tiras, crea montículos y formas diversas, las cuelga como simulacros de carnes engarzadas, o bien dibuja en ellas suertes de mapas ficticios mediante incisos. En estos dibujos sobre piel también hay un planteamiento geométrico que alude, de manera intuitiva, a las grafías indígenas.

En Maleiwa, Becerra se acerca al mundo wayúu retomando su espacio real, mitos y simbología para ahondar con visión contemporánea en las raíces que lo identifican.

SUSANA BENKO

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