Exposición Individualmar 2009 - may 2009· Por Graciela Kartofel

Marysole Wörner Baz

Museo de Hacienda y Crédito Público

Fuego, gubias, pincel, tinta, papel, motosierra, óleo, monocopia, alambre, pólvora, piedra, clavos de hierro para vías de ferrocarril, soldadura, chapa de hierro martillada, madera, se podría seguir enumerando lo que esta artista autodidacta trabaja. Dibujante, pintora, grabadora, experimentadora, performancista, escultora, Marysole Worner Baz, es una mujer que llega a la talla en madera en la madurez de su carrera y hace decir a este material de maneras diversas. Materia Viva se llama la exposición en el centro histórico de Ciudad de México, en el Museo de Hacienda y Crédito Público que funciona en lo que fuera el Antiguo Palacio del Arzobispado. Una vista general desde el portal de la sala ofrecía a la mirada del público una instalación de libros en una sola y monumental base de unos diez metros de largo. Se abarcaban con la mirada libros miniatura, libros chicos, libros medianos, libros enormes, libros superpuestos, libros en equilibrio inestable, libros arrugándose unos contra otros, empacados, sueltos, y otros ordenados en un pequeño librero portátil también realizado por la artista. En dicha instalación había algunas interferencias; había unas pocas piezas que no son libros, como un rollo como de papiro tallado en fresno negramente quemado y un bonche de periódicos realizado en jacaranda.

Exposición Individual: Marysole Wörner Baz — imagen 1
Marysole Wörner Baz. Respeto a la naturaleza, 1997-2002. Talla directa en madera de pino. 45 x 79 x 37 cm. (17 ¾ x 31 x 14 ½ pulgadas).

“El arte es mi piel y mi verdugo”, dice la artista, “la madera me apasiona, me habla y es uno de los materiales que más se puede disfrutar y compartir”. Por eso había una indicación precisa: que la gente pueda tocar los libros. Bajo la atenta mirada del personal del museo, la gente palpaba, acariciaba los lomos, las hojas, las aristas suaves e infinitas de páginas que no se contaron pero que incitaban a evocar lecturas que cada quien realizara. Marysole Wörner Baz escribió una palabra, un título o la referencia de una circunstancia en unas pocas obras. Un libro muy volumétrico, con un lomo descomunal y las hojas bastante desgastadas, con la portada brotada por un mal irreversible —muertes violentas en casos sin resolver—, es forma deforme, difícil de mover, pesado como la propia carga social que conlleva. En la lista de obras de la exposición figura como El archivo de las muertas de Juárez, tema que el lector conoce a través de las noticias.

Marysole Wörner Baz lleva un apellido ilustre en las artes visuales de México. Sus tíos han sido sumamente reconocidos. Ella, niña prodigio sufrió ese peso, que se manifestó con severos cortes en su vida creativa; de cada uno de ellos renació con mayor vigor. Siempre tuvo la valentía de desarrollar trabajo experimental. Es frecuente que la gente conozca su obra parcialmente; están los coleccionistas de su pintura figurativa, trágica casi centrada, en el dibujo en lúgubres tintas cafés. Hay quienes conocen su pintura y estampa abstracta, vital, de un gestualismo y color inigualables. La pintura semifigurativa de sus paisajes, tendederos y magueyes es el vínculo de los dos momentos antes mencionados. En la escultura, Todo se mueve, las piezas articuladas, masivas y ligeras a la vez son asimismo ideales proyectos urbanos. La escultura y el dibujo están íntimamente ligados en ciertos autores, en Marysole Wörner Baz, es un hecho. En alambre, con clavos y en madera, la masa matérica se evidencia, mientras que el discurso de estructuras y contornos es variado y personal. En ocasiones Wörner Baz plantea una narrativa no plagada de detalles sino habitada por los signos imprescindibles. En cierta medida, esto también acontece con sus esculturas de libros.

Los libros motivan a un recorrido háptico: sus formas provocan al hueco de la mano a recorrerlos. Poco después de terminada Materia Viva, se realizó un recorrido hacia otras dos exposiciones simultáneas. La acertada curaduría de Rafael Pérez y Pérez ubicó Encuentros —una selección de esos libros y dos nuevos y masivos conjuntos—, en la Biblioteca Lerdo de Tejada, en la misma extendida Ciudad de México. Y otros de esos “personajes de la letra no escrita sino aludida” partieron hacia una exposición en Ruiz-Healy Art, en Texas. Ébano, capulín, fresno, pino, jacaranda, son algunas de las diversas maderas que utiliza la artista. Ella nunca va a destruir árboles para tallar sus esculturas sino que cobija los troncos abandonados, averigua el por qué de esa situación, se ubica en la protección del paisaje y de sus seres. Materia Viva, ejerce su cautivador sortilegio de formas libro, que guardan secretos textos apretados que pueden intuirse entre sus páginas inmóviles y táctilmente recorribles.

GRACIELA KARTOFEL

Marysole Wörner Baz, por Graciela Kartofel | artnexus