La última exposición de la artista
argentina, en una joven y dinámica galería parisina cercana al Centro Georges
Pompidou, ofrece una selección limitada de obras: dos instalaciones, tres
esculturas en acero inoxidable perforadas con láser y cuatro fotografías. Pese
a lo exiguo del lugar, una gran coherencia estética e intelectual, rigurosa y
sensible a la vez, se impone a la mirada del visitante. El proyecto de Marie
Orensanz se inscribe, desde hace varios años, en una búsqueda de diálogo con el
espectador. Un mensaje sutil, subliminal en ocasiones, nunca enfático pero
siempre presente, ya sea materialmente o no, atraviesa el espacio de la
exposición. Este espacio, que el artista italiano Claudio Parmiggiani califica
de “sangre de la obra”, tiene, afectivamente hablando, un doble valor en las obra de Orensanz. La artista juega con la geometría y el espacio desde los años
60, lo que le ha permitido experimentar, con excelentes resultados, muchos
materiales (papel, plexiglás, cartón, etc.). Hoy en día, lo que se ve
doblemente interrogado es el vacío, a través del acto de perforación operado en
el acero o el aluminio de sus recientes obras en metal. En efecto, es realmente
el vacío, ese espacio abierto en la materia, lo que crea el espacio del
sentido. Allí reside toda la inteligencia de esta obra dual en la que se cruzan
y conjugan texto y materia, pensamiento y forma, vacío y lleno.

Para abordar sus esculturas perforadas, así como para entender sus instalaciones, la artista solicita un esfuerzo del espectador. En el vacío dejado por la incisión aparecen letras, palabras y frases enunciadas a la manera de aforismos que son “lanzados” al espacio, “pensamientos ofrecidos al aire”, como los describe Marie Orensanz, “impalpables e inmateriales”, pidiendo obtener la atención del espectador, abriendo la vía a una percepción casi sin mediación. Los temas eternos, como la violencia, la fraternidad, el poder, la libertad o el dinero, tienen en la obras de la artista una dimensión política incontestable, calificada recientemente por un crítico como “humanismo militante”. En cuanto al espejo, el reflejo y la transparencia, éstos participan en una misma lógica discursiva. La relación creada entre ellos construye una interrogación sobre la ilusión, la soledad y la vanidad, a través de una gran lucidez que en ocasiones se tiñe de ironía. Pero no es un pensamiento negativo, aun cuando esté dominado por la duda. Detrás de las interrogantes existen certezas, y la materialización de estos temas expresa, en Orensanz, una toma de conciencia permanentemente alerta. La exposición muestra claramente que estas ideas, aunque dispersas en el espacio, constituyen los eslabones de un pensamiento más amplio que Marie Orensanz estructura desde hace años, pensamiento “fragmentado” que se reconstituye y termina por formar un todo en la visión y la reflexión, participando de aquella teoría del “Fragmentismo” que la artista desarrolló en los años 70, a partir de pedazos de mármol.
Son varias las obras de la exposición que atraen la atención. En primer lugar, la instalación ¿Para quién?... los honores… (13 campanas en vidrio blanco y sus badajos en acero perforado), ya mostrada en Buenos Aires con ocasión de la gran retrospectiva de la artista, en 2002. Allí aborda el tema de la condición del artista actual y las contradicciones sociales a las que está sometido, mientras que en otra instalación, más metafórica, habla del inevitable enfrentamiento, no sólo visual sino mental, con uno mismo. … Nada más que… (2007) está formada por la mitad de un puente de madera, en la que el visitante puede subirse, estructura que se apoya a su vez sobre un gran espejo. Así, pues, nos muestra una vía sin salida, metáfora de la ilusión, espejo en donde uno puede perderse, deslumbrado y cegado por su propio reflejo.
La escultura en aluminio titulada Dinero, Libertad, Poder (tríptico en acero inoxidable perforado, 28 x 17 x 9 cm, 2008) se compone de tres semicilindros, de los cuales dos son convexos (“Dinero” y “Poder”) y uno cóncavo, en el que la palabra “Libertad” aparece detrás de lo que podrían parecer barrotes de una prisión. Una forma de meditación sobre lo que constituye los pilares de nuestra sociedad actual, con los riesgos que acompañan al solo deseo de posesión. Las cuatro fotografías de la exposición (59 x 49 cm, 2004-2008) son montajes realizados a partir de objetos de la vida cotidiana, en su mayoría antiguos, y la imagen se acompaña de una frase suspensiva, a veces interrogativa, en relación con ésta. La confrontación de los objetos y el texto crea un impacto que induce el sentido. En Fraternidad, hay cuchillos clavados en su soporte de madera; en E.N. Escalada muestra una caja de herramientas abierta en la que hay un revólver, pretexto para simbolizar la escalada de la violencia social, mientras que las iniciales evocan un hipotético actor de esa violencia. La fotografía intitulada Era… hora pretende evocar el regreso a la democracia en Argentina. La artista utilizó el péndulo de un reloj antiguo, comprado en Francia, sobre el que están escritas las iniciales R.A. Para Marie Orensanz, R.A. puede también significar República Argentina. Eso es lo que le permite inscribir al lado de la fotografía del objeto, “era… hora”. Así, pues, la artista medita permanentemente sobre el estado del mundo, y la muestra que nos ofrece, sutil y precisa, nos invita a no perder de vista que su arte, pensado tanto en la forma como en el fondo, está en total armonía con su época y, por lo tanto, se impone naturalmente como contemporáneo.
CHRISTINE FRÈROT
