Desde 1964 José Gamarra (Uruguay, 1934) vive y trabaja en París, dejó su país de origen por muchas razones, una, la política y otra, la necesidad de crecer en su pintura; En 1982, a propósito de una gran exposición en la Galería Minotauro de Caracas, fundada y dirigida por Cecilia Ayala, recientemente fallecida, hizo declaraciones a la prensa que aún pueden considerarse válidas al analizar su obra: “tal vez el mayor interés de mis cuadros es la frescura que tienen… y eso se logra cuando el rigor técnico permite que uno trabaje como jugando, muy espontáneamente”, u otra, como “trabajo con elementos que nacen de un compromiso con una serie de aconteceres que me rodean, en diferentes escalas, sobre todo lo referido a Latinoamérica, un continente que trato de descifrar. En mi pintura hay un planteamiento conceptual, un proceso de raciocinio”. En efecto, los temas que trata desde hace varias décadas tienen que ver con hechos históricos de esta América en su conquista o la América en su paisaje exuberante o en su realismo mágico que atrae por sus poéticas sublimes.

Plásticamente, Gamarra utiliza un sistema combinatorio de lo naif con lo académico, sustentado lo
primero en el dibujo de sus personajes y animales, y lo segundo, en la
representación del paisaje. Extraordinariamente bien organizadas desde el punto
de vista formal, sus pinturas expresan situaciones casi surrealistas que las
acercan a la cosmogonía del hombre indígena y sus relaciones con el
conquistador, con su ambiente selvático o con una diatriba entre el pasado y el
presente. No es extraño, entonces, encontrar una serpiente, casi extrapolada de
un cómic, en franca conversación con un conquistador con toda su característica
parafernalia, o una escena de indígenas sumergidos en las profundidades de una
selva húmeda que sobrevuela un helicóptero más parecido a un pájaro de otra
galaxia, o una balsa que lleva a un conquistador, a satanás, a Cristo, mientras
que Superman se encarga de remar. Lo temático se basa en la descripción
subversiva de una escena situada entre el pasado y el presente, pero el
carácter conceptual en la pintura de Gamarra, sobre lo que corrientemente habla
y que es lo más importante, reviste trascendencia desde el punto de vista de la
sintaxis del lenguaje visual que propone y soporta sobre acentos narrativos,
ricos, sugerentes y sugestivos, que expresan valores estéticos ligados a la
“belleza”, entre comillas, de una escena que muestra una “realidad”, también
entre comillas, distorsionada en función de asociaciones tanto vitales como morales; así,
el artista presenta escenas que perturban la bucólica atmósfera de un bello
paisaje; por ejemplo, un grupo integrado
por Superman, dos caballeros civiles, tres soldados, un sacerdote y un
conquistador parece rezar en medio de un bosque, o un indígena que vuela con
alas de pájaros desafiando un helicóptero. En su pintura, Gamarra se pronuncia
como crítico de una historia; él aduce que le interesa la lucha entre el bien y
el mal, cuestión que le toca dilucidar al espectador a partir de las claves
visuales que le ofrece, pero quien al final impondrá su propio juicio, de
acuerdo a la sensibilidad que tenga para percibir la propuesta maniqueísta que
se le propone.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
