Al igual que el edificio
mismo, la excepcional muestra Marcel Duchamp: una obra que no es una obra ‘de
arte’, que inauguró la nueva sede de Fundación Proa en Buenos Aires a fines de
noviembre, es toda una afirmación de principios. Producida íntegramente por
Proa, “esta exposición marca un rumbo para el futuro de nuestras propuestas
artísticas”, dice Adriana Rosenberg, presidenta de la fundación.
A propósito del edificio que contempla más metros lineales de exhibición, librería, auditorio, restaurante, terraza, Rosenberg señala que, desde su transparencia, éste “conversa con el entorno único que es La Boca. Proa propone un diálogo entre antiguo y contemporáneo, arquitectura y urbanismo, interior y exterior”.
La Boca y el Puente
Con la reapertura de este centro privado de arte contemporáneo respaldado por el grupo industrial Tenaris Ternium, Organización Techint, la presencia de Proa se volverá a hacer sentir en La Boca, un barrio nacido a fines del siglo XIX en la boca del Riachuelo; activo puerto gracias al influjo de los inmigrantes europeos y al comercio. A mediados del siglo pasado, la zona adquirió su singularidad urbana al expresar ideales de las vanguardias: el muralismo, vivir en arte, el arte participativo. A pesar de su deterioro actual, el barrio aún conserva algo de la impronta que imaginó el artista Benito Quinquela Martín (Buenos Aires, 1890-1977), con sus murales, colores y arquitectura única, mezcla de fachadas armónicas de simetrías, casas de chapa pintadas, con la calle más famosa del folklore urbano porteño: Caminito.
Fundación Proa llegó al barrio en 1996 también con estas ideas de vanguardia, pero con las herramientas del presente. En perspectiva, la instalación de un centro de arte contemporáneo en La Boca fue tanto insólita como visionaria. Las condiciones museísticas de nivel internacional de Proa posibilitaron la llegada al país de grandes exposiciones –Rufino Tamayo, Mario Sironi, Dan Flavin, Sebastião Salgado, Sol LeWitt, Lucio Fontana, Anselm Kiefer, Andrés Serrano, Cándido Portinari, Jenny Holzer, Mario Merz, Alighiero Boetti, Rosemarie Trockel, Jesús Rafael Soto–, convocando al público conocedor a un barrio que resultaba incómodo y venciendo la renuencia del frecuentador del circuito del arte, que así comenzó a viajar hasta La Boca.

La nueva Proa
La ampliación de Proa fue realizada por el estudio Caruso-Torricella de Milán, el mismo que hace más de diez años transformó el antiguo edificio inicial de la Fundación en un punto de referencia del arte contemporáneo.
Para su
crecimiento, a la casona original del siglo XIX -con su frente preservado y
restaurado se le sumaron dos casas aledañas y se incorporaron dos grandes
fachadas de vidrio. “La tecnología actual permite reducir la estructura de
fachada, proyectar imágenes de gran tamaño sobre vidrio especial, 'conectarse' en tiempo real con cualquiera situación paralela, interactuar con el público.
Esta elección es absolutamente afín con la función específica de un centro de
arte contemporáneo; es un edificio público con una vocación total de
contemporaneidad y experimentación, incorporado a su contexto histórico, desde
el cual vincularse con la comunidad”, apunta Beppe Caruso.
En ese
sentido, la vereda, utilizada años atrás por John Hejduk para crear uno de sus
objetos urbanos, fue ampliada y tapizada de ladrillos antiguos de madera, para
convertirse en un espacio apto para actividades artísticas. Es que la elección
de los materiales en la remodelación no es azarosa, aquí y allá se pueden ver
detalles en chapa ondulada, igual a la utilizada en las tradicionales casas del
barrio.
La sede cuenta ahora con cuatro salas
de exhibición, un auditorio y una librería especializada de doble altura, que
se integran al ejercicio del debate actual sobre la problemática del arte
contemporáneo. La incorporación de un auditorio es central a este propósito,
como bien se pudo percibir en el desarrollo del Coloquio Internacional Marcel
Duchamp y en su programación de películas y conferencias. Las actividades del
auditorio, por ejemplo, contribuirán a las próximas muestras, como la de
fotografía contemporánea alemana o la del futurismo italiano.
El
restaurante, con detalles de diseño italiano en el mobiliario y lugar para 150
personas, está ubicado en el tercer piso; se funde con la terraza, convertida
en un perfecto mirador a la ciudad y el río.
Proa, asimismo, estrenó una nueva
identidad visual que aparece dialogando, especialmente en relación con la nueva
tipografía, con el coloso de hierro negro y formas con acento geométrico del
Puente Avellaneda marca urbana situada justo enfrente a Proa.

De vuelta en Buenos Aires
Inteligencia, humor y erotismo en Marcel Duchamp: una obra que no es una obra ‘de arte’, título que se origina en la famosa pregunta de Duchamp (1887-1968), “¿Puede uno hacer una obra que no sea una obra ‘de arte’?” La muestra recorre sus obras más emblemáticas desde el momento que el artista abandona la pintura cuando “Duchamp se convierte en Duchamp” y hasta el fin de sus días. Así, la curadora Elena Filipovic (historiadora del arte estadounidense) no exhibe pinturas y elige obras a partir de 1913, año en que crea el readymade. Las 123 piezas, entre objetos, obras sobre papel, fotografías, proyecciones y documentos, no están presentadas de forma cronológica; apuntan a mostrar el desarrollo circular del trabajo de Duchamp, con sus continuos vaivenes alrededor de ciertas ideas, y sus contradicciones, que no son inconsistencias sino estallidos conceptuales, reflexiones en torno a la definición y los límites de la obra “de arte”, y otros temas.
Como desde el primer día, Proa continúa
con el ahora duplicado trabajo del Departamento educativo (dirigido a
especialistas, visitantes, escolares) y con la edición de catálogos; en este
caso hay dos; uno de 360 páginas con textos y 179 reproducciones color, y otro
más pequeño, en donde, entre otros temas, Gonzalo Aguilar aborda la enigmática
estadía de Duchamp en Buenos Aires, entre 1918 y 1919, cuando el atronador
ruido y dolor de la Primera Guerra Mundial también se sentían en Nueva York,
donde entonces vivía el artista que revolucionó el arte del siglo XX.
* Fotos cortesía Fundación Proa.
VICTORIA VERLICHAK
Crítica,
periodista y escritora; autora de AIzenberg, Marta Traba. Una terquedad
furibunda, Martha Peluffo, entre otros libros.

