Es la primera vez que Espace 315,
reservado al arte contemporáneo, expone a un joven artista latinoamericano.
Damián Ortega (1967, México, DF) fue invitado por la curadora Christine Macel a
diseñar una obra original para este espacio, que mide cerca de doscientos
metros cuadrados. Del 13 de noviembre de 2008 al 9 de febrero de 2009. Damián Ortega pertenece a esa nueva
generación de creadores mexicanos que, al igual que Gabriel Orozco o Carlos
Amorales, se dedican a experimentar con maestría diferentes lenguajes para
responder a las interrogantes estéticas y sociológicas de un mundo en el que
reinan la inestabilidad y la relatividad. Se reveló con la obra Cosmic Thing,
en la 50º bienal de Venecia, en 2003, donde un Volkswagen “escarabajo”
desmantelado y suspendido del techo era expuesto como la deconstrucción irónica
de un objeto de culto de la sociedad de consumo.
A la entrada de la sala, un dibujo titulado Tabla periódica de elementos (2008) representa la descomposición del átomo en tres dimensiones y anuncia la instalación y su proceso intelectual y material. Al inicio de esta instalación, Ortega trabajó en los píxeles de la imagen ampliada y dibujó un módulo abstracto del átomo para llegar a la construcción de un objeto de tamaños diferentes que hizo realizar en volumen en plexiglás de colores primarios. El artista explica la génesis de su proyecto: “Me interesé en la visualización global de un objeto hasta llegar a su estructura molecular. Este proyecto emana de la foto de un ojo, transformada y reducida a puntos de color magenta, amarillo, cian y negro, como en una gran valla publicitaria, periódico o revista. Saqué esta imagen de un afiche que encontré en las calles de Buenos Aires, el cual amplié luego: una referencia alegórica a la película Blow Up de Antonioni. De esta manera, traté de alcanzar la partícula más pequeña de la imagen, su componente más básico, que no es otra cosa que una trampa visual: una ilusión óptica”.

La instalación titulada Campo visual (cerca de 25 m de largo por 8 m de ancho y 4,50 m de alto1) ocupa toda la sala. En este trabajo de gran envergadura —cuyo sentido será revelado más adelante al visitante— la aprehensión del vacío, provocada por la transparencia del material y la levedad de las suspensiones, es un desafío espacial cuya dimensión emocional subraya el artista (entrevista a Ortega, video Centre G. Pompidou, 2008). La obra muestra al espectador lo que el crítico francés Nicolas Bourriaud llama “una estética relacional”. Se trata, en efecto, a la vez, de un “penetrable”, tal como los concebía Jesús Soto, (con la utilización de los colores primarios, tan apreciados por los artistas del arte cinético), y de una obra interactiva semejante a los entornos sensoriales de Julio Le Parc, gracias al dispositivo especialmente diseñado para el espectador y que este último descubre después de haber recorrido la instalación. Es así como el visitante es invitado a pasar detrás de un friso en el que se perforó un pequeño orificio provisto de una lente a través de la cual éste puede mirar la instalación que acaba de atravesar. Así descubre —en tanto que el espacio parece haber perdido su substancia original— la única “imagen” de un ojo compuesto de pixeles de color formados a distancia a partir del conjunto de módulos. “El ojo que mira se ve así confrontado a su propia representación y al proceso mismo de su funcionamiento”. Con la reconstitución de un ojo, ilusión versus realidad, el artista convoca a la ciencia, en complicidad con el reciente descubrimiento de las neurociencias, que afirman que, antes que las formas, lo que se percibe son los colores y que las líneas no existen. El principio según el cual sólo los colores tienen realidad, Damián Ortega lo tomó al pie de la letra y lo desafió en esta obra que seguramente habría aprobado Marcel Duchamp, y cuya célebre aserción “Es el observador el que hace el cuadro” encuentra aquí su pleno significado.
La flotación de piezas en plexiglás, que están puestas a alturas diferentes sobre cordeles que cuelgan de arriba debajo de la sala, conforma una trama casi invisible y determina un recorrido obligado entre los diversos “estratos” de objetos suspendidos, y ofrece múltiples puntos de vista que modifican la percepción visual y sensorial del conjunto, así como su perspectiva. El desplazamiento del visitante que fue decidido, en cierta medida, por el artista, la noción de “espectador en movimiento”, que era uno de los leitmotiv del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros para sus “picto-esculturas”, pertenece también, tal vez, a la herencia inconsciente de Damián Ortega. A medida que uno avanza en o al lado de la instalación, se da cuenta de que el tamaño de los objetos-átomos disminuye, pero no uniformemente.
La obra existe y es pues percibida en varias dimensiones. Además de los aspectos lúdico y sensorial, el trabajo “técnico” previo efectuado por el artista, y que permite la aparición del ojo, conforta la experiencia física (según palabras de Ortega) entre vacío y lleno, entre interior y exterior, entre ilusión y realidad, entre microcosmos y totalidad. Existe no sólo interrogación sino también juego y referencias a lo que el cine o la pintura crearon como ilusiones, que aquí equivalen a una especie de efecto de espejo de la “profundidad” ilusoria del dispositivo, entre diseminación y racionalidad.
La obra abre pues múltiples maneras de ver. Inscrita en los límites ilusorios, constituida por objetos “llenos de nada” como dice Ortega, “densificada” en una “picturalidad” que la relaciona con una especie de puntillismo tecnológico, existe en su materialidad y transparencia, en su presencia, esencia y evanescencia, entre aparición y desaparición. La visión de Ortega invoca la posición del hombre en el centro de una realidad cuya definición es problemática e inestable. Invita al visitante a experimentar la vulnerabilidad de su situación en el espacio y a sobreponerse a ella, inventando otros modos de percepción que constituyen igual número de estrategias nuevas de puesta a prueba de lo “real”.
NOTA
1. Decrecimiento del ancho de 8 m a 80 cm, aproximadamente, en 12 suspensiones lineales paralelas entre sí.
CHRISTINE FRÈROT
Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la enseñanza.

