Exposición Individualmar 2009 - may 2009· Por Tatiana Flores

Ana Patricia Palacios

Latincollector Art Center

 Hace poco, en una exposición en Latincollector titulada Situations, Ana Patricia Palacios presentó sus obras más abiertamente políticas. Esta conmovedora presentación, que incluyó un grupo de catorce aguadas y un video, abordó los efectos sociales de la violencia en Colombia. Se basó en el legado del arte figurativo de su país natal y también abogó por la importancia permanente del dibujo como medio para expresar temas fundamentales de la experiencia contemporánea.

La exposición fue poco densa y minimalista, lo que le hizo eco a la imaginería de la artista. Cada dibujo media sólo 41 x 31 cm, y la mayoría consistía en retratos de personas sobre un fondo blanco. Ocho de las obras, de la serie Minas, presentaban personas afectadas por las minas terrestres, en especial niños y niñas, víctimas inocentes de un conflicto que, para la mayoría, sigue siendo incomprensible. El resto de los dibujos, aunque no estaban relacionados en forma directa con la violencia, reflejaba temas de alienación y lo absurdo, tropos familiares en la obra de Palacios que adquirieron un nuevo significado en el contexto de la serie Minas. Mientras sus trabajos anteriores con frecuencia habían explorado la naturaleza de la identidad y el individuo en una forma más general, los dibujos de naturaleza política reestructuraron estos temas dentro de un contexto social específico.

Exposición Individual: Ana Patricia Palacios — imagen 1
Ana Patricia Palacios. Minas 2, 2008. Gouache sobre papel. 41 x 31 cm. (16 x 12 pulgadas).

Para los dibujos de Minas, la artista colaboró con la organización Unidos por Colombia. Las personas no aparecían identificadas en los títulos y, en algunos casos, su discapacidad no era evidente de inmediato. Una obra presentaba a un adolescente en una pose informal, luciendo jeans, chanclas y una camiseta con cuello en V. Con la cabeza un poco inclinada, miraba hacia lo lejos, con la mano en el bolsillo, sólo que la mano era el apéndice que le faltaba. En otra, una niña estaba de pie, en un relajado contrapposto, mirando directamente al espectador. También llevaba jeans, aunque los suyos estaban desteñidos y sucios, por una diestra aplicación del pigmento hecha por la artista, y una camiseta, y sus brazos colgaban a los lados en forma casual. El hecho de que le faltaba una mano sólo se hacía evidente cuando la obra se examinaba más de cerca; de lo contrario, la chica sería el parangón de una típica adolescente. En otras imágenes era más difícil pasar por alto la discapacidad. Una pintura de un niño pateando un balón de fútbol presentaba una prótesis de una pierna, y lo mismo aparecía en otra de una niña de cabello castaño que estaba inclinada hacia adelante, con una enorme sonrisa. A pesar de su limitación física, la niña transmitía una sensación de esperanza y optimismo que no es característica en los temas de Palacios. No invocaba la compasión de los espectadores tanto como su admiración. El dibujo del chico con el balón era un poco más expresionista por cuanto la artista lo ubicó sobre un fondo blanco, amorfo, que creaba un ambiente extraño, acrecentado por el balón, cuyos colores estaban corridos de los bordes. Allí, la artista logró llamar la atención sobre la dicotomía entre representación y realidad. Estas artísticas transiciones sirvieron para recordarnos que era una pintura, pero seguíamos conscientes de que representaba a una persona real. Aunque carecían del valor documental de una fotografía, estas aguadas de Minas eran dolorosamente reales.

Otros dibujos, en particular los de la serie Situations, reflexionaban sobre situaciones absurdas en una forma que desafiaba al espectador a adivinar qué era real. Dos de estos eran composiciones de varias figuras: en una, un grupo de hombres estaba de pie, en círculo, en la calle, observando una alcantarilla destapada, y en la otra, un grupo de niños empujaba un bus escolar. El espectador se quedaba pensando si estas situaciones en realidad ocurrieron, en especial porque tenían la apariencia de instantáneas naturales. En la imagen de los hombres, la mayoría de las figuras miraba hacia abajo, absortas en lo que fuera que hubiese en el hueco, pero una hacía contacto visual con el espectador, como diciendo “venga mire”. El cuadro de los niños sugería un mundo de cabeza, a la usanza de Children’s Games, de Pieter Brueghel. Quizás la imagen de Palacios actuaba como metáfora de la Colombia contemporánea, pero era tan fascinante como la pintura del antiguo maestro.

Es fácil ser atrapado por los temas de las aguadas de Palacios debido a que su técnica minimalista tiende a dirigir la vista del espectador hacia la imagen central. Sin embargo, vale la pena dedicarle tiempo a observar su factura, porque la poesía está en los detalles. Ella es experta en infundirle a la acuarela una impresionante gama tonal y crea memorables transiciones con una notable economía de medios.

Además de las aguadas, la exposición incluyó un video que representaba de manera simultánea la vida en Cartagena de tres mujeres que aspiran a ser boxeadoras. Grabado a través de un filtro rojo, el vídeo yuxtaponía los sueños de la juventud con la crudeza de la vida, retomando, una vez más, la exploración del espacio entre representación y realidad hecha por la artista.

TATIANA FLORES

Ana Patricia Palacios, por Tatiana Flores | artnexus