Una
mirada inicial abarcadora a la exposición de Álvaro Barrios parece introducir
al espectador a varios cinematógrafos proyectando simultáneamente, y a
agigantadas visiones de revistas de cómics. La ‘piel’ de las pinturas en
acrílico sobre tela son superficies planas y sin accidente textural alguno. Los
colores son variados, intensos, y aun los agrisados son luminosos. Las burbujas
donde el artista pinta los textos actúan como anclajes irónicos —y hasta
sutilmente ingenuos—. Formalmente, estas cartelas —casi siempre en forma
burbuja, o bien rectangulares o en contornos zigzagueantes como de rayos—,
actúan como ‘comas’ plásticas encuadrando y sosteniendo visual y
conceptualmente cada obra. El texto escrito y su inserción apoyan la percepción
sonora que evoca cada una de las pinturas de Álvaro Barrios. Son situaciones de
ascendiente Pop que “retratan” a personajes familiares
de la escena socio-cultural sigloveintiunesca, llámense Dolores del Río, Superman,
indígenas o cowboys.

Esta referencia a la exposición requiere un encuadre de otro orden. Barrios es un artista colombiano de significativo nivel intelectual quien conjuga dibujar desde su niñez con la reflexión conceptual profunda y con personales enfoques experimentales de los elementos con los que trabaja. Dicho de esta manera, puede oírse sencillo, sumatorio y menos significativo de lo que es. Analizaremos estas partes constitutivas: Retrata diversos ídolos, o los menciona escrituralmente, si bien por encima de ellos manifiesta su irrevocable reverencia a Marcel Duchamp, y con él, al readymade. Se percibe el interés en la reflexión crítica que constituye su obra, Álvaro Barrios desmitifica los elementos, no toma ídolos ajenos sino que reestructura ciertas figuras de otras latitudes desde la mirada de un colombiano. De esta manera, no se trata de la importación de personajes ajenos a circunstancias latinoamericanas sino comprendidos desde la óptica local.
El esmero con que están concebidas y realizadas las pinturas otorga una singular tensión a la superficie y a cada escena, tornándolas a la vez lejanas y cercanas a una tira cómica, y a una pintura Pop. En estas situaciones de doble vector puede instalarse una de las áreas que predominan en el camino de este autor: el trabajo amplio, puntual y variado de ejercer la comunicación. La era de la imagen y de la comunicación encuentran en Álvaro Barrios a un atento usuario provocador. No se apropia de las imágenes como tales sino que las sublima. Desde muy temprana edad supo gestionar una visión propia de los nuevos canales expresivos. Un ejemplo paradigmático es cuando Barrios realiza una serie de sus dibujos que se publican en un periódico, en 1974, y él comienza el ciclo que continúa activo: publicar uno de sus grabados o dibujos y dar cita al público para firmarle dicho trabajo como un original. Esto genera un ciclo específico de obras efímeras, de real acción en cuanto a que lleguen esas obras al acceso del público sin mayores recursos. El artista convoca —si se quiere—, de manera masiva a quienes tienen el periódico, o la revista, para que lleguen, que él se las firmará. Este capítulo, que se denomina de los ‘grabados populares’ son acciones que evocan también la idea de arte para el pueblo. Diferente de la labor del TGP-Taller de la Gráfica Popular, México, que se fundó bajo la estricta mirada de artistas de enfoque social.
GRACIELA KARTOFEL
