Exposición Individualmar 2009 - may 2009· Por Dermis Pérez León

Alberto Díaz - Korda

Casa de América

 Desde su surgimiento, la fotografía ha contribuido a la creación de otros mitos retinianos de la cultura popular. El rostro “aurática” del Che, símbolo romántico de los ideales revolucionarios, ha trascendido el siglo XXI convertido en un ícono tan popular como el rostro de Marilyn Monroe de Andy Warhol. En la sociedad del consumo, la imagen se disocia de su creador. Nadie en Europa, al ver el rostro del Che en una polera, prendedor o taza de café, recordaría que el original fue tomado por Korda en resolución de alto contraste (8 x 10 pulgadas) reducido para dejar enmarcado el rostro del Che. El fotógrafo cede el negativo a Giancarlo Feltrinelli, quien a su paso de Bolivia por Cuba, llegó a su estudio a través de Haidé Santamaría, buscando una foto del rostro del Che, La imagen se reproduce en Italia en poster para la campaña: “Che vive”. El 18 de octubre, cuando Fidel da su discurso de despedida en la Plaza de la Revolución, esa imagen ya era parte del patrimonio visual. (Entrevista con Cristina Figueroa).

Exposición Individual: Alberto Díaz - Korda — imagen 1
Alberto Díaz - Korda. Visita a las reinas de la radio de Nueva York. Primer viaje a Estados Unidos, 22 de abril de 1959. (c) Acervo de Alberto Korda.

Esa capacidad indiscutible de la fotografía es una condición adherente a su reproductibilidad, no sólo como medio, sino también como captación del objetivo “real” Aún cuando la figura de Hitler esté asociada al terrible desastre de la Segunda Guerra Mundial, es innegable halagar el mérito de Leni Riefenstahl de contribuir al mito con el filme El triunfo de la voluntad (Filme realizado en 1935 con el apoyo de Hitler).

 La fotografía no sólo ayudó a crear “un ícono histórico”, sino también la narrativa y el discurso manipulador, apoyado en la “veracidad” de la imagen captada por la cámara. Y a pesar de lo disparatado que pueda resultar la comparación, Korda como fotógrafo oficial del líder de la mítica revolución cubana, fue el creador del mosaico propagandístico de la imagen y personalidad de Castro en su foto-reportaje Fidel vuelve a la Sierra, para la revista Revolución en 1962.

La Casa de América en Madrid trae la exhibición retrospectiva de la obra de Alberto Díaz (1928-2001), conocido como Korda, la cual tuvo su origen en la Fototeca Nacional de Cuba y en el libro Korda Conocido Desconocido, editado por La Fábrica, Madrid 2008. La Fábrica además de ser una editorial de publicaciones dedicadas al arte, es una productora que organiza el conocido evento anual PhotoEspaña, entre otros. Al tomar como eje el libro en su diseño original, la comisaria y crítica cubana Cristina Vives divide en cinco capítulos la exhibición: "Estudio Korda", "Los líderes", "El Pueblo", "La Mujer" y "El Mar". Sin duda, las salas de esta segunda sede, naturalmente crean el recorrido y narrativa del guión final, apoyado en una investigación exhaustiva. Gracias a su cercanía a Korda, la comisaría incluye no sólo fotografías iconográficas conocidas, sino otras muchas inéditas sin firmar realizadas por Alberto Figueroa, su impresor desde 1964. (Datos ofrecidos en entrevista con Cristina Figueroa, organizadora junto a su madre Cristina Vives y su padre José Alberto Figueroa, el impresor. La familia fue muy cercana a Korda y a su hija Diana Díaz, albacea del legado del fotógrafo). El objetivo del homenaje al creador de la imagen más conocida del Che, fue reafirmar su indiscutible maestría y lugar como fotógrafo internacional y no sólo el afortunado individuo de un solo snapshot.

¿Quién sino un conocedor y apasionado fotógrafo pudo añadir a la historia las imágenes de los sujetos importantes de la gesta revolucionaria? Korda fue un “fisgón” excepcional, con una importante trayectoria heredera de la mejor fotografía documental latinoamericana, el foto-reportaje y la moda, que le permitió traspasar la frontera de ser sólo un testigo con una cámara. Identificado profundamente con los “barbudos”, construyó desde la cotidianidad del viaje, la leyenda del Fidel de la Sierra. Sus fotografías tuvieron la virtud de crear al héroe; gracias a su cercanía le identificó como sujeto que vive la historia y la narra al mismo tiempo. Por las imágenes, Korda se manifiesta conocedor del poder de la fotografía en la construcción de la representación mediática, Ese poder lo utilizó con un sujeto que se sabía retratado, La complicidad es evidente. Desde cada ángulo inusual buscado, están unos ojos que responden y devuelven la mirada a la cámara, incluso cuando Fidel aparece en momentos de inmersión en el trabajo, en la gente, el discurso y la cotidianidad. El es el sujeto, dentro de una masa de obreros o campesinos cuya identidad se halla fundida y magnetizada por el líder.

Las imágenes que recorrieron el mundo y romantizó al carismático líder, se deben al fotógrafo vigilante que aprieta el obturador para retratar al humano cálido, cercano y sencillo individuo que compartía con los campesinos, jugaba béisbol, ajedrez semidesnudo con sus compañeros o echaba una siesta cual Adonis legendario dormido, pero en un bohío de la montaña tropical.  (Fidel durante la zafra azucarera de 1967).

 Con un dominio de la fotografía en blanco y negro y las calidades de los grises, logró trabajar la durísima luz caribeña en sus altos contrastes de sombras con variaciones sutiles en las escenas interiores. En el Fidel-Adonis dormido, la cámara como voyeur escudriña detrás de algún objeto para dejar enmarcada en la luz suavísima, el pecho desnudo del abandonado cuerpo, ajeno al observador. Tan contraria a esa otra imagen en “picada” del otro Fidel, del líder que se alza en el horizonte con su masculinidad y el poder cual estatua griega inmovilizada en el gesto. La dimensión mítica y trascendente de la mirada alzada la reafirma el vuelo del pájaro en el alto horizonte. Es inevitable pensar en Rodchenko y la tradición alemana de la fotografía tan presente en los atletas olímpicos de Riefenstahl.

Luego están las otras imágenes, las que reconstruyen al hombre a través de sus objetos y fragmentos. Como las tomas y filmes de Hans Namuth que manifestaban la genialidad de Jackson Pollock al mostrar sus zapatos manchados de pintura y la danza ritual del artista alrededor del lienzo, Korda atrapa la escrupulosidad y orden de Fidel en sus zapatos lustrados y el uniforme impecable sobre el camastro.  (Objetos personales de Fidel. Oriente ca. 1966).

También la solitaria figura en el campo, con las huellas de la tierra impresa, la sombra potente de sus piernas en el uniforme militar o las manos inmersas en la lectura. Es la antropología museable del sujeto en su acción cotidiana. De esos objetos personales, pero estáticos, Korda buscaba la composición y el encuadre perfecto, pero iluminados por la frescura de lo fugaz

La maestría de Korda no sólo se manifiesta en captar el magnetismo del líder. De sus fotos más geniales se encuentra el retrato de un grupo de barbudos Rebeldes cubanos (Venezuela 23-27, enero 1959). Parodiando, no sé si conscientemente o no, la típica fotografía de un grupo empresarial, el conjunto de hombres jóvenes, en uniforme y barbudos, posan ante la cámara con actitud improvisada. Sentados unos en un amplio sofá y parados otros, presentan un mosaico de actitudes memorables que rondan entre el desparpajo y las expresiones de seriedad” juguetona, A pesar del traje que los uniformiza, la imagen recoge de manera brillante la psicología y personalidad de cada uno.

Otras fotografías memorables de Korda presentes en la exhibición, se encuentran en tomas de concentraciones en la Plaza de la Revolución y los mítines. El convertía sus fotos en un registro de cada consigna gritada; era el receptor y transmisor de la energía de los actos multitudinarios Pero, el pueblo se presenta como suma, repetición infinita de un mismo rostro anónimo. La comisaria Cristina apunta en el texto sobre el sujeto colectivo en Korda “era una especie de extensión de la figura y el pensamiento del líder; algo así como su reflejo…desviaba la cámara hacia un lado u otro de la escena y allí encontraba a los “demás” con los que se identificaba sí, pero que no constituían en discurso central de su obra”. Y así encontramos imágenes históricas, en pinceladas de rostros y expresiones que simbolizan a la colectividad, con un sello personal inconfundible. Representaciones Idealizadas a contraluz del trabajador, del machetero y del “mambí obrero” sobre la farola, por encima de la multitud.  (El Quijote de la farola (Eleuterio). Primera celebración del 26 de julio tras el triunfo de la revolución, Plaza de la Revolución, La Habana, 1959).

Otro momento único e irrepetible del héroe anónimo, captado por el zoom de su cámara. Sin duda alguna, creaciones preciosistas, repeticiones de un mismo elemento humano reproducido, como las banderas contra el cielo.

El teleobjetivo le sirve a Korda, para desde su posición privilegiada, descubra a otro sujeto: la mujer, pero no cualquiera, sino la protagonista y participante del cambio revolucionario. El fotógrafo capaz de crear la gran imagen mediática, se detiene sólo en el ideal de la belleza cubana típica de la mestiza y revolucionaria. La foto de la miliciana, la belleza escultórica de las jóvenes distraídas en la plaza o en un desfile. Apasionado de la belleza femenina, en algunos rostros Korda, una vez más, demuestra su dominio del retrato. La imagen intimista de Lourdes Colete (ca 1959) en tres cuartos, destaca la profundidad de su mirada y la belleza inconsciente, arrebatada al instante del disparo del obturador. Contrasta en cambio, con sus fotos de estudio para revistas de moda. Muy consciente del tipo de estética de la época, Korda emula a los famosos de Harper´s Bazaar o Vogue en el preciosismo y cuidado de la luz perfecta, sacándole partido a la belleza y la pose en su indiscutible dominio del blanco y el negro. La figura escultórica de Norka, primera modelo cubana conocida internacionalmente y su segunda esposa, es retratada en distintos contextos. Curioso es su modo también de alejarse de la modelo, para incluir el ambiente precario del estudio como fondo en un juego juguetón o fugaz de la toma.

En 1968, el Consejo de Estado de Cuba toma posesión como custodia de todos los negativos de Korda, no sólo aquellos de sus recorridos con Fidel o registro de los mítines y actividades revolucionarias, sino también los originales de sus sesiones de moda. Luego de la frustración de perder el trabajo de varios años y sus fotos más significativas, Korda se dedica a la fotografía submarina a sus 50 años. El mar aparece como metáfora de otra etapa de su vida. Curiosamente, Leni Riefenstahl vuelve a reinventarse a través de la fotografía submarina a sus 70 años, luego de vivir el rechazo y condena de su exaltación de los valores del Führer a través de su filmografía. La exhibición homenaje a Korda cierra el ciclo creativo con ésta etapa de inmersión silenciosa en el océano, junto a la nota de su fallecimiento en París en brazos de una de sus últimas jóvenes amantes.

Sin duda alguna, esta exhibición muestra a un Korda desconocido, a un maestro indiscutible de la imagen documental y no solamente al creador del ícono romántico del Ché. Su fallecimiento fuera de la Isla a comienzos del siglo XXI simbólicamente, manifiesta el término de una etapa donde el heroísmo y el liderazgo de la figura carismática de Fidel, se encuentran en su mayor deterioro. Sin embargo, quedará para siempre registrado el momento mítico de la saga revolucionaria cubana, junto a su masculino y atractivo líder en las secuencias inolvidables. Y esto se lo deberá fundamentalmente a Korda, el maestro indiscutible de la construcción del mito a través de la imagen fotográfica.

DERMIS PÉREZ

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