Exposición Individualdic 2008 - feb 2009· Por Harper Montgomery

Teresa Margolles

Y Gallery

 Durante julio y agosto, la Galería Y de Jackson Heights, Queens, presentó un nuevo proyecto de la artista Teresa Margolles, quien reside en México. El proyecto, titulado Operativo, estaba instalado en dos partes consecutivas, la primera de las cuales consistía en una serie de textos sobre la violencia del mundo de las drogas en México, inscritos fuera y dentro de la galería; la segunda era una pintura abstracta que se hizo empapando el lienzo con la sangre de una víctima asesinada. Como la mayoría de las obras de esta artista, Operativo tenía que ver con los residuos físicos de la muerte. En este caso, abordó de manera específica la violencia que aflige a las comunidades mexicanas asoladas por el tráfico de drogas. Como sucede a menudo en su obra, gran parte de la fuerza de este proyecto giraba en torno a seducir al espectador con la belleza de formas minimalistas para luego, al examinarlas más de cerca, horrorizarnos al revelar las sangrientas fuentes que las generaron.

Exposición Individual: Teresa Margolles — imagen 1
Teresa Margolles. Para quienes no la creen hijos de puta, 2008.

En la primera parte de Operativo dos grupos de textos estaban instalados dentro y fuera de la galería. Afuera, la artista fijó a la superficie de la gran ventana de cristal cilindrado de la galería citas de los medios sobre el aumento de los asesinatos relacionados con las drogas desde la elección del presidente Felipe Calderón. En letras de vinilo blanco, una cita de un artículo publicado en mayo de 2008 por el periódico La Jornada, de Ciudad de México, decía: “Dentro de los 18 meses bajo el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa se han cometido 4.400 ejecuciones: 2.794 entre enero y diciembre de 2007, 1.250 del primero de enero al veinte de mayo de este año”. A través de la ventana se podía ver toda la galería. La artista pintó las paredes y el cielo raso de blanco y cubrió el piso con un tapete de pared a pared, igualmente blanco. Al mirar por la ventana también se podía leer una frase que había sido inscrita en la pared del fondo de la galería: “para quienes no la creen, hijos de puta”, cuya traducción al inglés no alcanza a transmitir lo sugestiva que la frase “hijos de puta” era para los hispanohablantes que pasaban por la galería; en efecto, fue diseñada para atraer a la gente. Cuando uno entraba a ese blanco espacio interior se enteraba de que el texto había sido en realidad inscrito con un cincel en la pared y que era el mensaje que unos traficantes de drogas dejaron sobre un cadáver encontrado en el barrio Ecatepec de Ciudad de México.

Para la segunda parte de la exposición, Margolles quitó los textos de la ventana y las paredes de la galería y los reemplazó por una sola pintura. Situada en el centro de la pared del fondo de la blanca galería, el lienzo perfectamente cuadrado, de unos 5 por 5 pies, se podía ver también desde la calle a través de la gran ventana de vidrio cilindrado. Vista desde lejos, la pintura parecía una composición abstracta modernista; matizado diagonal, expresivas marcas y luces y sombras sutilmente graduadas le daban a la pintura una sensación de movimiento y profundidad. Estos efectos nos recordaban la belleza sublime de las escenas de los océanos de J. M. W. Turner o los paisajes del siglo XIX. Pero al observar más de cerca, leer el texto en la pared y mirar con más detenimiento la superficie del lienzo, nos dábamos cuenta de que estábamos viendo un lienzo que había sido empapado en la sangre de una persona asesinada. Pintura de sangre, nos decía el texto sobre la pared, era un “lienzo sumergido en un charco de sangre” producto de un asesinato cometido en una esquina de una calle de Culiacán, en Sinaloa, México. Con esta información, la pintura adquiría un carácter sangriento: el lienzo empezaba a verse como el color de la piel y nos dábamos cuenta de que sus hermosos efectos abstractos se habían logrado con partículas de sangre coagulada sobre la superficie de la tela. La pintura misma adquiría una cualidad corpórea. Los trocitos de cuerda que la artista decidió dejar colgando de la mitad del borde inferior empezaban a parecer entrañas o una cola. Era escalofriante e inquietante.

Operativo fue, en muchas formas, más fuerte y más abierta desde el punto de vista político que la otra obra importante de Margolles que se exhibió en Nueva YorK: Vaporization, una instalación en la que la artista llenó la galería de una neblina hecha de agua utilizada para lavar cadáveres en la morgue de Ciudad de México, que apareció en la exposición del grupo PS1 titulada Mexico City: An Exhibition about the Exchange Rates of Bodes and Values, en 2002. En Operativo, Estados Unidos y su respaldo a la presidencia de Calderón estaban implicados en la violencia, y en uno de los textos la artista nos recordó, en forma específica, que las armas empleadas en estos asesinatos provenían de Estados Unidos. Aunque, como en Vaporization, Margolles también nos sedujo con una hermosa experiencia estética. Pero las políticas de muerte eran más evidentes allí, ya que se nos pedía que pensáramos en qué forma la política y la corrupción contribuyen a la pasmosa acumulación de muertos que han aparecido en los últimos tiempos y que se relacionan con el problema de las drogas en México.

HARPER MONTGOMERY

Teresa Margolles, por Harper Montgomery | artnexus