Organizada por
Galería Entre Arte y ubicada en dos niveles de un importante edificio Art deco
del centro de Bogotá, esta exposición reúne un grupo significativo de la obra
más reciente de Raúl Marroquín (Bogotá, 1948). En esta muestra, la mayoría de
las obras son ejercicios semánticos en donde ligeras e inteligentes
asociaciones retan el uso del lenguaje, al apropiarse con gran ironía de su
capacidad para construir realidad. En otras palabras, las obras de Marroquín
siempre parecen la de un artista dadá vivo, quien disloca y perturba los
significados de los objetos que presenta, produciendo deseos diferentes pero
cercanos a aquellos que se proyectan cuando son imaginadas las referencias a
las que remiten.
Entre la gran cantidad de obras, la exposición reúne obras que trabajan entre el imaginario colectivo hacia lugares geopolíticos específicos y la relación del individuo con la tecnología. Por ejemplo en São Paulo-San Pablo (1999), la monstruosa dimensión de la megapolis brasileña, cuyo complejo tejido urbano es entendido como un descontrolado organismo de concreto, es presentada en esta obra a través de un minucioso orden taxonómico; Marroquín dibuja con lápices de color sobre papel una serie de miniaturas de edificios de vivienda social, representando las inmensas y abundantes estructuras verticales que componen el paisaje urbano de São Paulo. Cada edificio dibujado está insertado dentro de pequeñas bolsas plásticas de ziplock, creando un estado hermético para cada estructura. La personalización de cada edificio, reconstruye la experiencia de la ciudad como algo repetitivo y caótico.

En Vista aérea de la Torre Eiffel (2001), una miniatura en bronce de la Torre Eiffel yace sobre un mapa turístico de París; del techo cuelga un helicóptero de juguete que flota en el aire sobre el mapa y la torre. La infantil ficción de esta obra pasa a tener una perspectiva cinematográfica, como si se tratara del atestiguamiento a una cacería policial o como si el espectador vigilara a quién vigila. En Souvenirs de Paris (2001), la imagen de la torre Eiffel aparece de nuevo, en este caso como un signo dibujado ligeramente con spray dorado sobre una serie de bolsas de supermercado de color blanco. El significado cultural de esta mancha dorada es construido gracias al texto escrito sobre cada bolsa (Souvenirs de París). Si Marcel Duchamp usaba objetos industriales (readymades) para perturbar sus significados culturales, como en Air de Paris, Raúl Marroquín usa el lenguaje de la cultura como readymade, como en Souvenirs de París.
Por su lado, Visiones de Madrid (2006) es una serie de seis storyboards que individualmente narran un cortometraje teniendo a Madrid como escenario. Las escenas e historias, esbozadas a color sobre papel, están basadas en postales de la ciudad que el artista adquirió en el lobby de un hotel en Madrid del cual nunca salió durante toda una semana. Cada storyboard está acompañado de una memoria USB que cuelga al lado de cada dibujo. La memoria guarda el video realizado a partir de los storyboards, como si fuera la memoria del viajante. La industria cultural del turismo ha producido imágenes icónicas que satisfacen al viajante como garantía de una apropiación simbólica del lugar visitado. Las imágenes hegemónicas del turismo son entonces visiones unilaterales que Marroquín plurifica al imaginar varias posibilidades para experimentar la ciudad.
En obras como Retratos instantáneos (2004-2008), una cámara Fuji instax 200 —que realiza todas las funciones del proceso fotográfico de comienzo a fin (obturación, revelado y ampliación) para crear unos brillantes y coloridos brazaletes de papel en donde aparece la fotografía tomada—, es usada por Marroquín para hacer retratos de amigos cercanos. La producción completa de un rollo de estos retratos producida por la cámara es exhibida en la pared al lado de ésta, haciendo literal que la obra de arte está predeterminada por los modos de producción de sí misma, en este caso, de un aparato tecnológico obsoleto, ya que este modelo de cámara salió del mercado hace unos años.
Contrario a hacer uso de un existente medio de producción, en Marroquín románico (1991) Raúl Marroquín crea un nuevo medio de producción, al inventarse un tipo de tipografía digital a partir de su tipo de letra a mano. En 1991 las compañías de software Adobe y Macintosh compraron los derechos de autor para comercializar la tipografía del artista, haciendo de un gesto personal una experiencia colectiva, que logró insertarse en el circuito ideológico que comparten millones de personas.
Para quienes conocen la obra de Raúl Marroquín de los 70 y 80, aquella vanguardista que usaba performance y videoconferencia para traspasar los límites de los formatos de la comunicación y el arte, esta exposición podría parecer muy objetual; en torno al fetiche del artefacto y no a la experiencia viva de la obra. No obstante, cada trabajo sigue siendo una posibilidad disidente e irónica sobre la perspectiva desde la cual se construye e imagina la realidad.
INTI GUERRERO
