PhotoEspaña 2008

Thomas Demand. Embajada II, 2007. VG Bild Kunst, Bonn. VEGAP, Madrid.

Exposicióndic 2008 - feb 2009· Por Carlos Jiménez

PhotoEspaña 2008

Festival internacional de fotografía de Madrid. La fotografía y el dislocamiento del lugar

Smithson –cabe reiterarlo– fue quién primero advirtió, en los años 60 del siglo pasado, que el lugar, definido por la tradición en términos de arraigo, consistencia y singularidad irreductible estaba siendo subvertido radicalmente por las tendencias de la economía y las culturas modernas que producen desarraigo al mismo tiempo que generan nuevos ámbitos y nuevos lugares artificiales anónimos, perecederos, transportables y finalmente virtuales.

 El lugar fue el problema elegido por el curador portugués Sergio Mah como argumento de la XI edición de PhotoEspaña, el Festival Internacional de Fotografía, celebrado en la primavera de 2008 en Madrid, en Cuenca y, por primera vez, en Lisboa. Y digo que el lugar es el problema porque su estatuto es lo que está en cuestión, tal y como lo advirtió por primera vez Robert Smithson y como lo reiteró tardíamente Marc Auger, el antropólogo francés, autor de un ensayo sobre los no-lugares, que obtuvo un éxito ciertamente inmerecido. Smithson —cabe reiterarlo—  fue quien primero advirtió, en los años 60 del siglo pasado, que el lugar definido por la tradición en términos de arraigo, consistencia y singularidad irreductible estaba siendo subvertido radicalmente por las tendencias de la economía y las culturas modernas, que producen desarraigo al mismo tiempo que generan nuevos ámbitos y nuevos lugares artificiales anónimos, perecederos, transportables y finalmente virtuales. De hecho, la serie de piezas Non site de Smithson consistía en el traslado al espacio vacío y neutro de las galerías de arte de la época —cuya arquitectura era ella misma la negación tout court del lugar— de trozos enteros de la tierra de lugares específicos, acompañados de fotografías de dichos sitios. La fotografía evidenciaba en ese contexto expositivo su extraordinaria capacidad para producir desarraigo. Fotografiamos un paisaje, una calle, una plaza, con el mismo deseo de arrancarla de cuajo, desarraigarla y llevarla  con nosotros, que se manifiesta en las fotos que hacemos de nuestros seres queridos y de los episodios de vida que queremos conservar fosilizados para siempre. No sorprende, entonces, que el Museo Reina Sofía haya rendido homenaje a Madrid montando en una de sus salas una exposición del video Palenque, que desterritorializa ese hotel de la zona maya de México y simultáneamente lo exhibe como un ejemplo de la renovación incesante, propia de la duración, que contrasta abiertamente con la entropía a la que están sometidas las intervenciones arquitectónicas, urbanas y territoriales características de la modernidad. El hotel fascinó a Smithson precisamente porque la arquitectura del mismo estaba siendo renovada continuamente sin dar nunca por concluida esa obra de renovación y sin que ésta estuviera en realidad sometida a los esquemas racionales, la homogeneidad formal y los plazos perentorios de terminación propios de los proyectos modernos.

Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 1
Odires Mlazscho. De la serie Los 4000, imágenes sobre la belleza de nuestros Alpes, 2007.

El ejemplo extremo de esta clase de desterritorialización fue, en esta edición de PhotoEspaña, la exposición del artista alemán Thomas Demand, que expuso —en las salas de exposiciones de la Fundación Telefónica— un conjunto de fotografías de aspecto extraordinariamente neutro, frio, técnico, hechas de maquetas que reconstruían los lugares de episodios muy conflictivos de la historia contemporánea. Una de esas series, titulada Yellowcake, estaba dedicada a la sede de la embajada de la República de Níger en Roma, que se hizo célebre porque la papelería oficial robada  una noche cualquiera por ladrones jamás identificados fue utilizada para falsificar los documentos que fueron exhibidos por Bush como pruebas del intento del gobierno de Sadam Hussein de comprar “tortas de uranio” —Yellowcake— con destino a su supuesto proyecto de fabricar armas nucleares. La desterritorialización fotográfica como medio de producción de simulacros y al límite como medio de otorgar legitimidad a peligrosas falsificaciones.

 Caso extremo, como ya dije, porque el caso más común y al tiempo más antiguo del poder desterritorializador de la fotografía lo representa el paisaje. La primera de todas, tan antigua como el año de 1816, la tomó desde su estudio, en un pueblo francés Nicephore Nièpce, el auténtico precursor de este extraordinario invento. Desde entonces, tantísimos y tan diversos paisajes testimonian cuánta influencia ha tenido y sigue teniendo la estrategia romántica de apropiarse imaginariamente de la naturaleza reduciéndola al paisaje. En PhotoEspaña 08 hubo muchos ejemplos de paisajismo. El más clásico fue, probablemente, el ofrecido por el fotógrafo Florian Maier-Aichen, cuyas fotografías alpinas evocan directamente los cuadros de pintores del siglo XIX como Caspar David Friedrich, mientras que sus fotos aéreas de la costa californiana monumentalizan un paisaje explotado visualmente hasta el borde del agotamiento por la fotografía turística y los seriales televisivos del tipo de Guardianes de la bahía.

Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 2
Robert Smithson. De la serie Hotel Palenque, 1969-1972.
Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 3
Robert Smithson. De la serie Hotel Palenque, 1969-1972.

Igualmente previsibles parecían las fotos que el artista mexicano Pablo López hizo, en 2007, de un paraje remoto de la región de Chiapas, donde se ve a un grupo de excursionistas bañándose o tomando el sol junto a un río cuyas riberas están cubiertas de una espléndida vegetación vegetal. La banalidad de estas fotos, que para nada mencionaban los dramáticos conflictos políticos y sociales que han tenido lugar en esa selva, hacía juego, sin embargo, con otros trabajos de apariencia igualmente anodina.

Como ocurría con la serie de fotografías One Ton de Simon Sterling, que parecía mostrar sólo una mina a cielo abierto pero que, en realidad, intentaba mostrar la cantidad verdaderamente exorbitante de mineral necesaria para producir una simple fotografía. O como ocurría con la serie 29 palmeras, tomada por Am–My Lé en un desierto de California, donde los marines realizan ejercicios militares en un escenario semejante a los desiertos del Medio Oriente, donde desde hace ya varios años combaten de verdad y sin tregua. E incluso con El rancho Baker, una serie de Joachim Koester dedicada a la casa y al paraje donde Charles Manson convivía con los miembros de la secta satánica que él mismo presidía y que asesinó de manera atroz a la actriz Sharon Tate y a un grupo de sus amigos. Estas series subrayaban hasta qué punto el paisajismo fotográfico puede sublimar y estetizar lo que puede resultar amenazante y horrible.

Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 4
Mateo López. Taller portátil No. 25, de la serie Diario de motocicleta.
Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 5
Mateo López. Taller portátil No. 25, de la serie Diario de motocicleta.

Dos artistas latinoamericanos optaron, en cambio, por el azar y el extrañamiento a la hora de abordar y resolver la cuestión del paisaje. El argentino Esteban Pastorino, quien se hizo célebre por sus fotos enigmáticas, nocturnas, de edificios públicos construidos en la periferia de Buenos Aires a comienzos del siglo pasado, expuso en esta oportunidad, en la Fundación Antonio Pérez de Cuenca, una serie de fotos tomadas desde el aire por un globo, sin que mediara su intervención directa en la elección del momento, el encuadre y la composición de la misma. La cámara estaba simplemente programada para, a partir de determinada altura, tomar cierto número de fotos, a intervalos igualmente programados de manera previa. Las fotos resultantes están enfocadas en el centro y desenfocadas en los bordes, y en su aparente o real trivialidad ponen de presente, sin embargo, cuánto de automática y a la vez de azarosa tiene la mirada fotográfica.  El extrañamiento corrió a cargo de Marcvllus, un notable artista brasileño que se dio a conocer con unos videos en los que una utilización muy original del zoom invierte la relación entre un caminante y el recorrido que hace, causando la impresión de que lo que se mueve al ritmo de sus pasos no es él sino el sitio que recorre, habitualmente una carretera. En esta oportunidad enseñó, en el Matadero de Madrid, un video que es en realidad un larguísimo travelling por el Berlín histórico y monumental, grabado desde uno de los barcos turísticos que recorren el río Spree y los principales canales de la capital alemana. La frontalidad del enfoque y el uso sistemático del plano corto convierten esta pieza en una visión panorámica lenta, extraña, onírica.

Hay que mencionar ciertamente a una pareja de viajeros y a un artista colombiano que se zambulleron literalmente en el paisaje, al modo de los turistas o los exploradores decimonónicos, con la diferencia de que en ambos casos el propósito fue documentar y captar en imágenes lo que iban encontrando a su paso: la pareja que conformaban la argentina Ana Paula Paiva y el brasileño Fernando Martinho quienes junto con su bebé recorrieron durante cinco meses lugares, parajes y ciudades de Bolivia, Perú, Colombia y la Argentina, partiendo de São Paulo, donde ambos residen. El resultado fue un conjunto de fotografías y un blog actualizado día a día, en el que dieron cuenta de las principales incidencias de sus aventuras. Bajo el título ¡América Latina con un bebe en la mochila! se expuso en la sede del Instituto Cervantes de Madrid, donde también se expuso el Diario de motocicleta 2007 del bogotano Mateo López, un conjunto de fotografías, dibujos y objets trouvés, recopilados a lo largo de los viajes que él realizó en una Vespa entre las ciudades de Bogotá, Cali y Medellín.

Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 6
Simon Starling. Una tonelada II. Detalle de la instalación fotográfica.
Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 7
Minerva Cuevas. Aterrizajes, 2008.

Estos dos conjuntos de obras resultaban de alguna manera ingenuos cuando se los contrastaba con el refinamiento formal y conceptual de Paisajes cambiantes, un proyecto del artista paulista Odires Mlászho compuesto de cuatro libros de artista hechos a partir del emborronamiento de las imágenes y los textos de esos libros, que produce otras imágenes y da lugar a otros textos, ahora manuscritos. El viaje, entonces como experiencia puramente mental o imaginaria, registrado no en tus propias fotos sino en la alteración profunda o directamente en la reelaboración de las fotos tomadas por otros en los sitios emblemáticos que habrías querido visitar.

La problemática del desarraigo y la desterritorialización no es, como ya advertí, un asunto exclusivo de la fotografía que nos permite reducir un lugar a una imagen, que podemos llevarnos tranquilamente con nosotros. No: es también un asunto de la arquitectura moderna, si es que no es su asunto. Se comprende, entonces, que en el marco de esta edición de PhotoEspaña la arquitectura moderna fuera el tema de varias exposiciones y específicamente, de Utopía, en la Fundación Beraldo de Lisboa, una exposición colectiva de fotógrafos que han trabajado sobre el estado actual del legado del movimiento moderno en arquitectura, que tenía la virtud de apartarse de las imágenes canónicas del mismo. Bien fuera porque en vez de centrarse en las obras de Le Corbusier lo hiciera en los suburbios anónimos de las ciudades de la provincia francesa, diseñados y construidos en los años 50/60 del siglo pasado, siguiendo eso sí las enseñanzas del maestro, tal y como lo hizo  Mathieu Pernot. O bien  siguiendo otras rutas y otros protagonistas de la modernidad arquitectónica, como lo hizo el fotógrafo Frederic Chaubin, revisitando la arquitectura moderna construida en esos mismos años en la antigua Unión Soviética. John Riddy y Arni Haraldsson se centraron, en cambio, en la documentación del estado actual de algunos de los proyectos más importantes realizados por Le Corbusier. Las fotos de Riddy muestran cuán ruinoso y descuidado es hoy el aspecto del centro representativo y monumental de la ciudad de Chandigarh, y las de Haraldsson hablan del deterioro y el envejecimiento de Unité d'habitacion, levantada entre 1959-1967 en Firminy-Vert, Francia. La suma de ambas series de imágenes podrían componer una elegía del movimiento moderno como una prueba de que, a pesar de la potencia de los proyectos utópicos, el lugar siempre sigue allí. 

Exposición: PhotoEspaña 2008 — imagen 8
Marcellus L. Juerga, 2007. Fotograma.

Habría que decir por último que hubo exposiciones excéntricas con respecto al tema general de esta edición del festival. Y que en ese apartado habría que mencionar a la artista mexicana Minerva Cuevas, que proyectó en las salas de Casa de América imágenes de dos obras: Aterrizajes y Zoo. La primera compuesta con imágenes populares de ciencia ficción, producidas en México en los años 50/60 del siglo pasado. Y la segunda, con imágenes tomadas en zoológicos. Ninguna, sin embargo, tan devastadora como la fotografía que Taryn Simon expuso de Kenny, un tigre deforme y más que blanco descolorido, producto de la endogamia selectiva practicada perversamente en Estados Unidos de América y destinada a crear artificialmente las condiciones genéticas que producen en esos grandes felinos el pelo blanco, los ojos azules o el hocico rosado. Kenny —informaba la cartela puesta al lado de su imagen— es retrasado mental; su hocico hundido le dificulta gravemente la respiración y el cierre completo de las mandíbulas; sus dientes están malformados y cojea debido a la anomalía de la estructura ósea de sus antebrazos. En suma: la naturaleza fuera de lugar, desquiciada, atroz.

CARLOS JIMÉNEZ

Escritor, crítico de arte y curador independiente.

PhotoEspaña 2008, por Carlos Jiménez | artnexus