Pedro Pablo Oliva

Inconcluso milagro del pan y los peces, de la serie Sillones de mimbre, 1999-2005. Tríptico. Óleo sobre lienzo. 230 x 434 cm. (91 x 171 pulgadas). Cortesía: Pan American Art Gallery.

Monografíadic 2008 - feb 2009· Por Amalina Bomnin

Pedro Pablo Oliva

La aventura del cronista

Sin lugar a dudas, cuando se realiza un balance de la historia de las artes plásticas cubanas la figura de Pedro Pablo Oliva sale a relucir por el sentido ético de su propuesta; en la que resaltan formalmente, sobre todo, el dominio del dibujo, el color y las texturas.

A simple vista la obra de Pedro Pablo Oliva pudiera parecerse a la imagen tierna y sencilla que proyecta como ser humano; pero si nos adentramos en su mundo interior probablemente cambie nuestra percepción, porque en su discurso gravita un sentido del grotesco expresivo capaz de suscitar conmovedoras sensaciones. El primer contacto que tuve con su obra fue por los años ochenta, cuando aún trabajaba en la casa donde nació y al calor de los consejos de su madre, los cuales se convirtieron también en inspiración y pretexto de muchas de sus piezas. Allí me impresionaron varios cuadros donde la representación de la figura humana, referenciada mediante cuerpos de muñecas, había sufrido el lastre del tiempo, y de la propia acción devastadora que puede ejercer el hombre contra el hombre. Aparecían maniatadas, sin cabeza, faltándoles algún brazo o pierna, e incorporadas en su orfandad a la superficie del lienzo. Se sentía perturbación al observarlas. Nunca antes había visto evocar el mundo infantil a través de una encarnación tan desgarradora.

Hay tres cosas que, en mi opinión, no deben faltar en un artista: sentido del humor, espíritu juvenil y mucha imaginación, y las tres se reúnen en Oliva, quien viene a ser una suerte de gurú de la cultura en su provincia natal Pinar del Río. A él se debe, en buena medida, la realización de muchas de las acciones artísticas más significativas durante los últimos años en Vueltabajo, tierra que le ha visto nacer y desarrollarse sin jamás abandonarla. La entrega en el año 2006 del Premio Nacional de las Artes Plásticas a este artista ha provocado un sinfín de entrevistas, comentarios y más que un artículo dedicado a valorar su carrera como artista y profesor. La permanencia por convicción en el terruño ha operado como un catalizador de su laboriosidad. La agudeza a la hora de asumir la creación con un sentido ético y el hacerlo manteniendo una expectativa alrededor de su obra, a pesar de vivir en provincia, lo convierten en un caso único.

Una de las primeras atracciones de Oliva cuando era adolescente fueron las historietas; de ahí su vocación por el dibujo. Entre 1961 y 1964 cursó estudios en la Escuela Provincial de Artes Plásticas en Pinar del Río, y a los dieciséis años, en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en La Habana, donde se gradúa en 1970. Durante su etapa de estudiante tuvo la oportunidad de tener como maestro a Servando Cabrera Moreno, quien contribuiría con su maestría a dotarlo de excelencia en el arte de manejar las líneas con precisión y expresividad. El acercamiento a Abela le proporcionó ideas acerca del trabajo textural; así como Acosta León le mostró un universo fantástico y más relacionado con lo sensorial. La fuerza del grotesco que halló en Eiriz lo maduró en su interés por hablar sobre las angustias humanas, y la figuración que marcaría a estos temas la bebió de Ensor, Munch, Chagall, y la obra fascinante de Klimt.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 1
Retrato de niñez, 1989. Óleo sobre tela. 127 x 111,5 cm. (50 x 43 4/5 pulgadas). Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

La voluntad de renovación constituye una de las virtudes del artista. Cuando en los setenta se entronizaba una política cultural encaminada a resaltar los valores nacionales, el sentimiento patrio y los elementos tipificadores de identidad, logró plasmar los acontecimientos sociales sin caer en clichés. Hubo muchos artistas en ese momento que comentaban sobre el contexto colocando en sus composiciones una palma, una mulata o un bohío, por mencionar algunos de los patrones más socorridos; sin embargo, él no pudo adulterar sus ansias de fantasear, de contar con los sueños. Tejía un universo medio surrealista medio mágico, que no pasaba por alto los acontecimientos cotidianos con sus carencias materiales, las aspiraciones de construir una sociedad más justa, la independencia que iba alcanzando la mujer, entre otros asuntos relevantes.

Seducido siempre por el mundo de la infancia y atrapado en la nostalgia de un hogar humilde, donde perdió a su padre cuando contaba siete años de edad, recurre como lenguaje a la neovanguardia para realizar piezas de un fuerte acento expresionista. Tales son los casos de 513, donde aparece un personaje femenino añorando la tenencia de un hogar como emblema de las necesidades de vivienda, y La hacedora de cigarros, que ilustra la peculiar sagacidad del cubano para no dejarse vencer por las dificultades materiales. Por otra parte, Y qué mala Magdalena... vuelve sobre los temas martianos para referirse al mundo infantil, y Recuerdos de Navidad resulta una suerte de canto al pasado. Los trabajos de esta etapa los resuelve a través de la técnica mixta y sobre papeles cromados. Pueden aparecer personajes individuales o conjuntos de ellos en composiciones donde conjuga varios planos de perspectiva para aludir a varias situaciones en un mismo espacio de tiempo. Estas piezas fueron concebidas mientras se desenvolvía como profesor en la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas.

Después de regresar a Pinar del Río en 1974 queda atrás el acento grotesco del expresionismo y su paleta se torna más fría. En un lienzo como El sueño, quizás lo más parecido a lo que hacían entonces algunos de sus colegas, se advierten atmósferas bucólicas. Las cartulinas de pequeño formato de esta etapa se caracterizan por el uso de crayones en la gama de los ocres y sienas. El retorno al hogar y a sus amigos prescribe un cambio en el modo de hacer apreciable el lirismo de estas escenas, donde Oliva aborda temas de diversa índole y que acompaña de motivos florales o animales. Para lograrlo se apoya, entre otros recursos expresivos, en la suavidad del dibujo. La estructura de estas pequeñas cartulinas se despeja de aquella profusión de personajes y comienza a concentrarse en pequeñas historias. Más tarde acude al lienzo con intenciones lúdicas, a la vez que deja constancia de su apego a las texturas. En Don Quijote de la infancia, óleo de 1977, nos entrega un infante absorto en sus sueños mientras monta un velocípedo. Aquí vuelven a advertirse los recurrentes tópicos relacionados con la niñez; pero tratados ahora desde un cariz más tierno.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 2
Recuerdos de navidad, 1973. Óleo y betún sobre papel cromo. 72 x 54,2 cm. (28 ¼ x 21 ¼ pulgadas). Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

Es notable en el grueso de la producción del artista la representación del amor de pareja junto a cualquier asunto que comente. La sensualidad vista a través de la figura femenina, o en su acople con el sexo opuesto, es otro elemento que igual sale a relucir desde sus primeras incursiones. En resumen, incorpora con vehemencia la sexualidad en todos sus registros: lo romántico, lo voluptuoso, hasta llegar a actitudes lujuriosas.

Los finales de la década y el inicio de los ochenta fueron años de mucha efervescencia en el campo de las artes plásticas en Cuba. Con la fundación del Ministerio de Cultura y el Instituto Superior de Arte (ISA) en 1976 se introducen cambios en la política cultural. Comienzan a subvertirse los mecanismos dogmáticos que hasta ese momento frenaban las funciones promotoras de la creación. Otro hecho notable fue la exposición de la muestra Volumen I en La Habana (1981), con lo cual se crea todo un clima favorable al desenvolvimiento de prácticas artísticas que cuestionaban la institución arte y arremetían mordazmente contra determinadas estructuras sociales obstaculizadoras del desarrollo intelectual. En este período el artista imparte clases en la Escuela de Artes Plásticas de Pinar del Río, y tiene la oportunidad de relacionarse con alumnos como Eduardo Ponjuán, Ibrahim Miranda, Segundo Planes, Carlos Luna, William Carmona, entre otros, que más tarde serían protagonistas de la renovación denominada por la crítica internacional como “Renacimiento Cubano”.

La caricatura y el dibujo humorístico son manifestaciones que explota el creador en su afán por rectificar ciertas actitudes o malas conductas presentes en su contexto: la doble moral, el burocratismo, el oportunismo, la infidelidad, la adulación; sin caer en posiciones moralizantes, pero sí poniendo el dedo en la llaga. Una serie de obras, realizadas a partir de 1979, donde los telones de circo son el denominador común para comentar sobre la simulación y la mezquindad humanas, nos muestra el lado irónico en su quehacer.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 3
Historia de amor, 2006. Óleo sobre tela. 170 x 120 cm. (67 x 47 1/5 pulgadas). Cortesía: Pan American Art Gallery.
Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 4
Pepito Malecón, de la serie Alegrías y tristezas de Malecón, 2006. Técnica mixta sobre lienzo.170 x 120 cm. (67 x 47 pulgadas). Cortesía: Pan American Art Gallery.

A estas obras les siguieron otras donde tomó los refranes populares como pretexto para sus reflexiones. La idiosincrasia del cubano, dado a tomarlo casi todo a la ligera, es cuestionada por el artista. Estudio para el mejor amigo y Estudio para un juguete pertenecen a este tiempo. También en esta etapa realiza un conjunto de piezas independientes resueltas mediante técnicas mixtas sobre cartulinas, en las que priman su característico sentido del humor y ese aire filosófico presente en todo su quehacer. Le cautiva la idea de concebir instalaciones y se convierte en uno de los primeros artistas en Cuba en incursionar en la tendencia. Surgen entonces La última cena y La vajilla del amor de 1983 y 1984, respectivamente.

Mención aparte merece la serie Disparates, por el solo hecho de contar con las piezas escultóricas que denominó Trofeos de guerra, suerte de resumen de la angustia sufrida en Cuba por la pérdida de vidas humanas en la guerra de Angola. También pertenece a esta colección el políptico Homenaje a un soldado de mi pueblo. Utilizó muñecas, coches, botas de miliciano, almohadas, instrumentos de cocina, jaulas de pájaro y ropa deteriorada, en una alegoría de tono sarcástico sobre la nostalgia. Cabe subrayar que los años ochenta fueron la etapa más fértil en la carrera de Oliva. En palabras citadas en el catálogo de la muestra Quiero pintar en paz…, donde se reúnen además de estas obras otras fechadas desde 1971 hasta el 2000, confiesa que en ese momento no existían presiones económicas ni deformaciones sociales ni de índole moral que lo afectaran. Fue además un espacio de tiempo que aprovechó para usar más las texturas.

La figura de José Martí ha sido reinventada una y otra vez por el autor, pues lo une al Apóstol la tenencia de una sensibilidad reformadora para con sus semejantes. El pensamiento martiano acerca de la creencia en el mejoramiento humano resulta significativa para Oliva. Lo patentiza con varios trabajos dedicados al maestro y, sobre todo, con su acción diaria a favor de la creación. Retrato de niñez, 1989, es un ejemplo de toda la ternura y amor que despierta su imagen ante los ojos de un artista que continuamente construye una obra aleccionadora.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 5
Gran apagón, de la serie Refugios, 1994. Óleo sobre tela. 290 x 520 cm. (114 x 204 3/4 pulgadas).

Los propios sucesos del contexto inciden en la toma de partido a favor de una producción crítica. Las series subsiguientes, Condecoraciones, Navegantes y Consejos de mamá, aducen un tono irónico pulsado hasta el sarcasmo. En la primera, con su habitual ironía arremete contra el conformismo y la mediocridad haciendo uso del choteo cubano. Realiza simulacros de documentos oficiales o medallas para entregar a ciudadanos o entidades que actúan negligentemente. Con esta serie crea un “cuño” que aparecerá estampado en el margen inferior de las piezas, en un juego con el carácter oficial de las opiniones expresadas.

El éxodo masivo de los cubanos hacia el exterior en cualquier tipo de embarcación, por pedestre que fuera, motivó al artista a reflexionar sobre el drama que costó la vida a miles de seres humanos. Con un acento similar no exento de humor enfocó los juicios elocuentes de su madre, quien ayudó a modular, en cierta medida, el lado filosófico de su personalidad. En estas obras pertenecientes a los Consejos… incluyó frases pronunciadas por ella que poseen una vigencia tremenda, además de funcionar como complemento textual del discurso.

 Oliva es uno de los artistas cubanos más prolíficos1. Su ingenio, imaginación y voluntad de trabajo lo convierten en un espíritu aguzado al tanto de cuanta historia individual o colectiva, por nimia que parezca, ocurra a su alrededor. Nunca el dolor o la alegría de sus semejantes le son ajenos; de ahí que cuente con muchas series en su quehacer. Se suman a las ya mencionadas otras como Juguetes, Sillones de mimbre, Balcones, Ventanas, Saturno, El artista y su modelo, Jinetes y Jineteras, Extraña declaración de amor y Boda de peninsulares y criollas.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 6
Morboso juguete chino, 2005. Escultura en técnica mixta. 180 x 50,8 x 50,8 cm. (71 x 20 x 20 pulgadas). Cortesía: Pan American Art Gallery.

La serie Refugios, que comienza en 1991, y a la cual pertenece su obra más conocida, El gran apagón, 1994, da inicio a las representaciones hechas por el autor sobre la figura de Fidel Castro. En su célebre pieza de gran formato, suerte de mural de tela, hace su primera interpretación sobre el líder y a su lado coloca a José Martí. Se ha hecho muy popular este lienzo por haber sido concebido en una etapa de difícil situación económica en la isla, y que a través del humor de este artista se convierte en un polémico espectro de sugerencias; aunque en realidad el centro de su reflexión apunta a la carencia de iniciativa y renovación en medio de una etapa crítica. El tratamiento de las figuras de Fidel y Martí se muestra con similar propósito: sustraerlos de la imagen mitificada y ofrecerlos tras su visión como hombres cotidianos. Aparece además un sinfín de motivos y símbolos presentes en el decurso de su obra: los lagartos, las sombrillas, los coches, las bicicletas, las frutas, los navegantes, las parejas de enamorados, la tribuna, encerrados todos en esta doble enmarcación, donde ocurren de manera simultánea disímiles acontecimientos. Vuelve a utilizar aquí su cuño de exclusividad para referirse irónicamente a la firma de acuerdos entre las empresas cubana y mexicana Cupet y Castrol, respectivamente, las cuales intentaban paliar la crisis energética en Cuba. El estado de opinión dentro y fuera del país se movilizó al comenzar el llamado “período especial”, sobre todo, por la presencia de largos “apagones”, y a Oliva le interesa mostrar todos los matices del fenómeno.

La visita del papa Juan Pablo II a Cuba en el año 2000 se convierte en fuente de inspiración para el tríptico El inconcluso milagro del pan y los peces. El encuentro entre la autoridad eclesiástica y Fidel es representado en un ambiente fraternal. En el lienzo central aparecen ambos líderes sentados en un sillón de mimbre. El segundo con los ojos cerrados sostiene en sus piernas un pez y alrededor de ellos pululan diversos personajes y símbolos. Los otros dos segmentos completan el diálogo matizado por la presencia del amor de pareja, las necesidades de alimentación del cubano y otros tópicos referentes al contexto. Para el ambiente de esta pieza prefirió la gama fría del verde como símbolo de la esperanzadora cita.

La idea de reinterpretar la imagen de Fidel Castro por su trascendencia como emblema de resistencia le atrae sobremanera al artista, y decide dedicarle una serie como un tema independiente. Bajo el título El gran abuelo emprende varias piezas donde el guía de la Revolución se muestra en situaciones comunes a cualquiera de los mortales. La indagadora veta psicológica en la obra de Oliva se hace notar al ofrecer una visión diferente de alguien que pocas veces ha contado con representaciones artísticas desacralizadoras.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 7
Abuelo contemplando una libélula, de la serie El gran abuelo, 2000. Técnica mixta sobre cartulina. 170 x 100 cm. (67 x 39 ¼ pulgadas).

El dominio del color es una de las características sobresalientes en el devenir plástico de Pedro Pablo Oliva, quien en dependencia de las circunstancias que aborde ilumina o apaga su tonalidad. En estas versiones donde rinde homenaje al gobernante cubano pretende dar la idea del paso del tiempo a través del uso de los colores fríos. Resulta distintivo el trabajo textural en el dibujo Abuelo contemplando una libélula, del año 2007. El acto de mirar un insecto se convierte en hecho placentero para el personaje interpretado y también para el artista, quien encuentra disfrute en las pequeñas cosas de la vida.

En su más reciente exposición, Historia de amor2, a propósito del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2006, vuelve a retomar la representación del gobernante cubano en la pieza que da título a la muestra. La relación amorosa entre Fidel y una mujer se expresa con sencillez al plantearla en el mismo sitio donde se dan cita tantas parejas cubanas: el muro del Malecón. La economía de trazos, la preeminencia del dibujo, la contención del color y la poca utilización de texturas conforman esta propuesta de gran formato que forma parte de un tríptico perteneciente a la serie Alegrías y tristezas del Malecón.

 Oliva ha demostrado a través de toda su trayectoria ser un creador versátil al cultivar el dibujo, la historieta, la pintura, la instalación, la escultura y la cerámica. Esta última la desarrolla con virtuosismo, sobre todo, teniendo en cuenta que en Cuba pocos ceramistas eluden lugares comunes. La presencia de volumen en su obra denota un mérito; lo cual no quiere decir que por ello su pintura sea venida a menos, sino que dicha proyección demuestra sus habilidades con la tercera dimensión, indudablemente más embarazosa como oficio. Desde el 2004 irrumpe en la manifestación, y un año más tarde resulta acreditado con el Premio Especial en la VIII Bienal de Cerámica Amelia Peláez, por la pieza El iluminado. A pesar del poco tiempo de trabajo en este sentido (apenas una veintena de obras), se convierte en un creador capaz de trasladarse con acierto dentro de cualquier expresión. Su participación en el Taller de Cerámica de Varadero le ha servido para ganar en dominio y han salido piezas como Morboso juguete chino, Nueva historia para Mamá Inés3, Boda de peninsulares y criollas, por mencionar las más relevantes.

Monografía: Pedro Pablo Oliva — imagen 8
El iluminado, 2005. Cerámica, metal y vela. 70 x 120 x 120 cm. (27 ½ x 47 1/5 x 47 1/5 pulgadas). Museo Nacional de la Cerámica.

 En el caso de Morboso juguete chino, 2005, llama la atención sobre esa clase de personaje burócrata y retórico que esconde bajo el velo del poder una actitud perniciosa. La cerámica consiste en un muñeco de cuerda que habla desde una tribuna con micrófonos de apariencia fálica, y al unísono guarda bajo su podio un grupo de muñecas Barbie. Insiste en resaltar el simulacro de la vida diaria, marcada por las miserias humanas pero ocultas tras una apariencia digna.

Sin lugar a dudas, cuando se realiza un balance de la historia de las artes plásticas cubanas la figura de Pedro Pablo Oliva sale a relucir por el sentido ético de su propuesta; en la que resaltan formalmente, sobre todo, el dominio del dibujo, el color y las texturas. Se suma a esto su labor como promotor cultural a través de su Casa-Taller, donde especialistas y público en general pueden encontrar bibliografía actualizada sobre temas de arte y cultura. En este mismo sitio se ofrecen conferencias, talleres, y cursos sobre artes plásticas u otras manifestaciones artísticas por parte de reconocidos críticos y profesores. Su apoyo en la creación y desenvolvimiento del Museo de Arte de Pinar del Río, así como la expectativa creada alrededor de la entrega anual del Premio Cubaneo a obras o proyectos de artes plásticas que sobresalgan en el territorio vueltabajero, le agencian otros puntos a su favor.

El Museo Nacional de Bellas Artes atesora un número considerable de piezas suyas, entre donaciones realizadas por el artista y adquisiciones de la institución. Las mismas servirán a generaciones venideras para armarse una idea sobre un proceso social polémico, que marcó a un hombre interesado en comentar sobre el destino del hombre como centro de sus inquietudes.

NOTAS

1. La extensa producción del artista no se puede abarcar en este texto. Ha realizado otras series que no menciono por resultar menos significativas. Su abundante trabajo comprende también obras resueltas con acuarela, dibujo, y mediante la combinación de varias expresiones.

2. Con esta pieza obtiene su segundo lauro en la manifestación: Premio especial en el evento La vasija realizado en el Salón Blanco del Convento San Francisco de Asís (La Habana) en junio del 2007.

3. Historia de amor es la más reciente exposición del artista realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes del 7 de septiembre al 31 de octubre de 2007 después de recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas 2006.

AMALINA BOMNIN

Crítica e historiadora de arte cubana.

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