Martín Sastre (Montevideo, 1976) vuelve a recurrir a figuras de la cultura popular para desarrollar un trabajo repleto de humor, erotismo y deseo, que le sirve también para cuestionar la censura y la hipocresía. El conocido artista, que vive y trabaja en Madrid desde 2002, logra sus objetivos sin dejar de provocar y divertir al espectador, quien habrá de captar delirios y sutilezas, aun cuando no conozca con exactitud la historia de las imágenes del video y las fotografías desplegadas en la galería Ruth Benzacar.
Fiebre Forever (video, 18 minutos, 2007) es una recreación libre de la mítica y prohibida película Fiebre (Argentina, 1970), escrita, producida, dirigida y protagonizada por Armado Bo (Buenos Aires, 1914-1981) e Isabel Sarli, pareja en el arte y en la vida. Estrenada en Argentina en 1972, y en 1979 en España -con el más explícito título Fiebre sexual-, ésta es la historia de Sandra, una mujer apasionada y enamorada, también de Fiebre, un caballo de carreras que le da el título a la película. La ficción es un culebrón de mayúsculas proporciones que incluye a la exuberante Isabel Sarli, en el papel de Sandra. Casada con un terrateniente que la aburre, en uno de sus paseos por la propiedad la mujer se encuentra con un rudo hachero, el recio José María, compuesto por Armando Bo. Se enamoran y no pueden parar de juntarse desaforadamente. Sexo irresistible, rechazos antológicos y varias muertes en la cinta original, que suma la nada metafórica cópula de Fiebre con una yegua, circunstancias oníricas, sobreimpresiones indescriptibles, transposiciones exaltadas, entre otras escenas de colección.

Logrado y amoroso homenaje a la legendaria pareja de los artistas Bo y Sarli —dueños de una insólita y abundante filmografía, donde descuellan el absurdo, la cursilería y un crudo erotismo—, el video Fiebre Forever sostiene el interés narrativo, es de una excelente factura y se halla repleto de paradojas.
La interpretación de Sastre compacta los 83 minutos de la versión inicial sin perder la esencia de la misma. La elección de los protagonistas del video, rodado en España, no es nada casual. Tanto la actriz y cantante Alaska y Nacho Vidal son amigos del artista y tan extremos en lo suyo como Armando Bo e Isabel Sarli (Coca, para los amigos). Pero, a diferencia de los personajes originales, paradójicamente la versión de Sastre sublima más de lo que muestra; comprende las pasiones y expone los entusiasmos con picardía y satírica ternura.
Nada de desnudos ni de sexo equino explícito. Ardores y encuentros se funden en imágenes del fuego y en bucólicos paisajes, con música al tono, ensoñaciones retrospectivas y una voz fuera del cuadro que guía el disparatado relato. Alaska, ícono del Pop y personaje infaltable de la movida madrileña de los 80, trabajó en alguna película (Pepi, Luci, Bom, y otras chicas del montón) de Pedro Almodóvar, cuyo cine tiene indudables puntos de contacto con el espíritu de la filmografía de Armando Bo.
Nacho Vidal, popular estrella del cine porno mundial, que sugiriendo todo y mostrando poco lleva adelante los papeles masculinos (el marido, el amante) de Fiebre…, tiene también el papel estelar en Pop n’ Porn, una serie de irónicas fotografías en las que es acompañado por otras figuras como el caballo Fiebre, Hello Kitty o ALF.
Aunque estudió algunos años de arquitectura, Martín Sastre creció viendo todas las películas (mayormente de procedencia norteamericana) que encontraba en los videoclubes y realizó cursos para adolescentes en la Cinemateca montevideana. No sorprende que Sastre haya recurrido a los formatos y las figuras (Jackie Kennedy, Barney, Lady Di, Britney Spears) populares en sus videos, pero éstos están lejos de ser frívolos. Los dispositivos visuales son entretenidos y ocurrentes, pero también poseen una carga crítica: marcan al consumismo exasperado y debaten el poder de los medios de comunicación y de la política. Al frente y detrás de cámara, el artista no olvida su procedencia y se pone en el lugar del “artista superpobre”, uruguayo, latinoamericano.
Este último trabajo, Fiebre Forever, es un cambio de paradigma. Esta vez, Sastre aparece solamente por breves instantes -como el mucamo de la señora- y se nutre de figuras populares latinoamericanas; porque mientras que Sarli y Bo (incluso encarcelado) eran perseguidos por las autoridades y denigrados por ciertos intelectuales en Argentina, en el resto de la región sus películas eran vistas y aplaudidas.
Martín Sastre rinde un sensible e inteligente tributo a la voluptuosidad y a la libertad que sugieren las imágenes de Fiebre, una película repletas de clichés y en la cual es la mujer la que manda, la que elige con quien revolcarse por el estratégico heno de la escenografía. Actualmente, Bo y Sarli son figuras de culto de la intelligentsia porteña.
VICTORIA VERLICHAK
