Exposición Individualdic 2008 - feb 2009· Por Irina Leyva

María Fernanda Cardoso

Bernice Steinbaum Gallery

Mimicry fue la exposición individual de la artista colombiana residente en Australia, María Fernanda Cardoso, en la galería Bernice Steinbaum. La muestra abordó un fenómeno inevitable del mundo animal, la adaptación física de una especie a su entorno como mecanismo de supervivencia. Ésta fue la intención fundamental de la artista en la presentación de su obra.

No es la primera vez que trabaja con elementos animales. Anteriormente, había empleado sapos, pirañas y estrellas de mar disecados como parte de sus piezas. Quizás su obra más famosa sea su circo de pulgas, para el cual crio y entrenó pulgas en la misma forma en que se hacía en la década de 1930, cuando era una atracción popular. La conexión entre su obra anterior y la presente fue establecida en particular por tres obras que están siendo exhibidas en la actualidad: A Garden of Insects that Looks Like Plants (2006), una especie de acuario con insectos; y dos vídeos: Stick Insects on Branch (2004-2008) y Stick Insects Swaying on Metal Rod (2004-2008). Las piezas documentan insectos mezclándose con la naturaleza, muestran cómo éstos se ocupan en un proceso de mimetismo con cosas como ramas. Cardoso también utiliza estas piezas para que tengamos en cuenta la belleza de este fenómeno tal como sucede en la naturaleza.

Exposición Individual: María Fernanda Cardoso — imagen 1
María Fernanda Cardoso. Reversible A, 2006-2008. Impresión lambda. Sobre papel fotográfico. 180 x 120 cm. (71 x 47 pulgadas). Edición: 1/3 +1 PA.

El punto central de la exposición fue su obra más reciente, basada en el emú, ave nacional de su país adoptivo. Las piezas principales eran cuatro vestidos y cuatro sombreros de exquisita factura, fabricados en su totalidad de piel y plumas de esta ave, tejidas con habilidad en mallas de fibra de vidrio. Aunque cada vestido era muy diferente de los otros, era claro que las formas fueron hechas a propósito para que parecieran emús.

Los vestidos se exhibían como objetos, como esculturas colgantes, acompañados de fotografías en las que se mostraba cómo se veían cuando se llevaban puestos. Emu Rectangle era quizás una de las piezas donde la dicotomía objeto-vestido era más evidente. La obra, en su forma primaria, era un rectángulo hecho de plumas cuyos colores entre café y negro creaban una imagen abstracta que reproducía los colores y la textura típicos de las praderas australianas. Esta estructura podía convertirse en dos vestidos diferentes, lo cual sugería un camuflaje dual. Dependiendo qué lado de la prenda estaba hacia el exterior, el vestido mostraba las plumas o la malla de fibra de vidrio, insinuando diferentes representaciones del disfraz.

Rauna era otra obra que colgaba como objeto escultórico pero una vez usada por un modelo cobraba vida y adquiría la forma de un gigantesco pájaro marrón. El efecto final era sin lugar a dudas reforzado por el sombrero, una forma triangular que cubría toda la cara y daba la impresión de ser un pico que unía las plumas del vestido con las del sombrero. La persona que estaba metida en el atuendo se hacía invisible. En una proyección repetitiva a la entrada de la galería se veía una modelo vestida con el traje Rauna que hacía movimientos similares a los de un pájaro listo a alzar el vuelo. La mujer-pájaro representaba la idea de transformarse en animal mediante el método de camuflaje y podía considerarse un vestigio de culturas precolombinas. Evocar el espíritu de un animal es intrínseco a las religiones chamánicas, en las que una ceremonia revive el espíritu del animal y le permite a quien participa unirse con su ancestro, que cree es el animal. Por consiguiente, esta relación persona-animal se convierte en un sacramento de dependencia y supervivencia directas. Este enfoque totémico de la vida fue la base de las piezas de Cardoso, quien, en cierta forma, estaba documentando su transgresión, de su apariencia humana a un emú, que para ella es la última etapa de su transformación en nativa australiana. Su obra tenía una cualidad ritual que involucraba los objetos que ella hace (vestidos, sombreros) y a la persona que los usa. Más que simples disfraces, son un intento por convertirse en el animal, para adquirir esas características que definen su nacimiento.

A primera vista, podría pensarse que la intención de Cardoso era hacer un vestido de alta costura. Aunque puede interpretarse así, la moda no es precisamente su principal inquietud; su declaración va más allá. Hechos con paciencia infinita y diestro trabajo manual, estos vestidos y sombreros son creaciones únicas. Su respeto por el material es casi ritualista, imita las cualidades del animal con reverencia, tomando las plumas y la piel y usándolas, literalmente. Su obra habla de autoadaptación, de la capacidad de convertirse en algo o alguien más, bajo determinadas circunstancias. En cierta forma, su obra se torna una metáfora por excelencia de su proceso de adaptación en Australia. Al transformarse en un componente integral de la fauna local, el emú, ella está imitando ese proceso, por lo demás corriente, y mezclándose, de manera satisfactoria, con su nuevo ambiente. Al registrar esta progresión de manera visual, Cardoso está haciendo alusión al equivalente humano de la práctica del camuflaje, recreada, en cierta forma, cuando intentamos integrarnos a una nueva cultura o adoptar nuevas tradiciones.

IRINA LEYVA

María Fernanda Cardoso, por Irina Leyva | artnexus