Mediante el uso de materiales no convencionales, Francisco Bugallo explora las posibilidades discursivas de los grandes temas de la pintura occidental. En la reciente exposición, titulada Al final… el juicio, presentada por la Galería Freites, entre el 8 de junio y el 27 de julio, se exhiben treinta y una obras, de mediano formato, realizadas en los años 2007 y 2008. Consecuente con las disciplinas tradicionales, el artista no vacila, sin embargo, en experimentar con nuevos elementos, agregados que se constituyen en significantes, así como con soportes que evidencian las huellas del tiempo. De este modo, escudriña insistentemente tanto en los modelos creados por los maestros del pasado como en los significados simbólicos y alegóricos que trascienden a través de los siglos. Su propuesta, no obstante la referencia temática, se ha orientado desde la mirada contemporánea, haciendo suyas las nociones de la apropiación y la renovación, la imitación y la invención, lo que conlleva una reflexión acerca de los íconos que configuran y moldean la memoria colectiva. En esta oportunidad toma como ejemplo los personajes que pintó Miguel Ángel, entre 1536 y 1541, para El Juicio Final. Los extrae del conjunto, los descontextualiza, aísla las figuras, estudia poses, expresiones, volúmenes y escorzos para luego recrearlos desde una perspectiva particular; un elenco que no está lejos de ser “el santuario de la teología del cuerpo humano”, tal y como lo expresara Juan Pablo II, en su homilía del 8 de abril de 1994, en la misa que se celebrara en ocasión de la restauración de este portentoso fresco que decora la Capilla Sixtina.

En estas composiciones las formas son ejecutadas tanto en el estilo clásico, hecho con grafito, carbón y sanguina sobre cartulina, como en técnicas que implican otros procedimientos, como yuxtaposiciones u horadaciones obtenidas con clavos y otros objetos punzantes; delineados ahuecados que en otros tiempos serían una plantilla de calco, utilizada por los pintores de antaño para traspasar el diseño preliminar sobre un muro o pared. En otras obras, en cambio, incluye diferentes medios en los que lo pictórico y lo extrapictórico dimensionan y enriquecen el discurso plástico. Materiales naturales o industriales, como silicona, cascos de botellas, cuchillos, plumas, cal, cemento, espejos y lentejuelas, entre otros componentes, transforman su obra en un juego de entrantes y salientes, de texturas variadas que distorsionan los límites entre lo bidimensional y lo tridimensional. “El artista –señala Federica Palomero, curadora de la muestra– busca ahora la ruptura con su conocimiento académico de la pintura, con el alarde técnico, con la facilidad de ejecución a que había llegado, y se obsequia nuevas libertades, aunque sea para sumergirse en un universo de dudas, pues ya ni siquiera la materialidad de los pigmentos, el espesor de sus capas pueden fungir como asidero. De sus trabajos anteriores, Bugallo conserva sin embargo la fragmentación, la deconstrucción del gran relato apocalíptico entronizado por la Historia del Arte…”.
Vista su obra en conjunto, podríamos concluir que para el autor el dibujo, como oficio, expresivo, imitativo y representativo de la realidad, varía según el instrumento y la manera de aplicarlo. De acuerdo con lo expresado por Paolo Pino, en Diálogo sobre pintura, en 1548, diríamos que esta disciplina consiste en el trazado de figuras implícito en el diseño como una de las etapas que anteceden a la pintura, y que se define como …perfilar, contornear las figuras y dar claroscuros a todas las cosas, a lo cual vos llamáis esbozo… Es así como Bugallo –explica la curadora– evoca el martirio de san Sebastián perforando el soporte, en vez de dibujar flechas incrustadas en su cuerpo, que es como habitualmente se reconoce a este santo; por otra parte, la representación de san Bartolomé, uno de los doce apóstoles de Jesús, que fuera desollado vivo por predicar el evangelio, aparece rodeado de una aureola de afilados cuchillos que aluden al tormento con el cual consagró su fe. Con la incorporación de estos elementos, contrapone dos aspectos fundamentales para la plástica, como son la forma y el contenido, una relación en la que los materiales solían estar subordinados a la función narrativa del arte. En esta exposición ambos aspectos se confrontan, combaten entre sí sin excluirse, generan tensiones que potencian la intención del discurso, y que el espectador interesado deberá percibir en su intento de visualizar, de manera integral, el propósito del artista. Bugallo pone énfasis tanto en el tema como en los materiales; de esta manera logra penetrar lo recóndito de nuestra memoria, acostumbrada a almacenar estas imágenes tipificadas con las cuales hemos crecido y convivido durante años. El encuentro entre lo pasado y lo presente tiene como punto de partida la figura humana proyectada desde su corporeidad desnuda, frágil, voluble; pero también desde su condición de criatura noble, hermosa, virtuosa, una revelación que pone al hombre como la sublimación del acto creador.
GLADYS YUNES
