Exposición Individualdic 2008 - feb 2009· Por María Clara Bernal

Fernando Uhía

Valenzuela Klenner Galería

 La exposición de obra reciente de Fernando Uhía que ocupaba los dos últimos pisos de la galería Valenzuela y Klenner reunía una cantidad considerable de trabajo en dos series: los Technoesmaltes y los Paraguernicas. Las dos series aparecen distantes formalmente y por esto resulta sorprendente que hayan sido ejecutadas al mismo tiempo. Una aproximación más cuidadosa permite ver que las dos series comparten, sin embargo, la preocupación que ha acompañado a Uhía durante su carrera, un cuestionamiento constante sobre el mundo globalizado y su incidencia no sólo en el arte sino en la cotidianidad, en los espacios en donde menos se esperan, la Ciclovía o un paquete de papas fritas, espacios en los que el habitante de la ciudad está desprevenido y, por lo tanto, vulnerable.

En la serie de los Technoesmaltes Uhía usa pintura de aceite sobre puertas de vivienda social que compra en lugares genéricos como el Homecenter. De forma meticulosa Uhía deja chorrear el esmalte sobre las superficies dando como resultado combinaciones que tienen para un bogotano reminiscencias vagas a colores que ha visto juntos en la ropa deportiva de la tradicional Ciclovía del domingo. No es claro si se puede hablar de abstracción en el mismo sentido en que se habla de abstracción con Barnet Newman o Mark Rothko, cuando en las pinturas de Uhía se trabaja algo tan pedestre como los colores de la ropa del domingo, se puede decir que en estas pinturas se hace aterrizar la abstracción en plena Carrera Séptima de Bogotá.

Exposición Individual: Fernando Uhía — imagen 1
Fernando Uhía. De la serie Paraguernicas, 2007-2008. Acrílico y óleo sobre tela. 147 x 180 cm. (57 ¾ x 70 ¾ pulgadas) c/u.

Además de un interés formal en el color se pueden intuir latentes las preguntas sobre el arte y lo artesanal y sobre la producción de arte y la producción en masa. Los Technoesmaltes tienen una superficie aparentemente industrial pero al acercarse el espectador puede percibir el gesto del artista, el control sobre la pintura que cae, la superposición de capas, el movimiento de la superficie. Lo que en el diseño de una sudadera o unos tenis sería un límite perfecto entre un color y otro acá se muestra irregular, es una subversión silenciosa y sutil pero sigue siendo una subversión contundente. Son pinturas acerca de la gravedad; no solamente “la gravedad hace la pintura”, como lo afirma el artista, sino que la gravedad hace el tema, el peso muerto de una cultura sobre otra, el peso que de tanto llevarlo a cuestas ya no se siente. El logro de estas pinturas es darle materialidad a esa gravedad.

La otra serie que se muestra es la de los Paraguernicas, que se aparta de la abstracción formal de los Technoesmaltes para volverse de cierta forma hacia lo figurativo. En ellas Uhía abandona el formato tradicional y los materiales que han caracterizado su pintura de los últimos años, para explorar las texturas y los tiempos del óleo. El tema a pesar de surgir de los productos del mundo globalizado cambia, el artista vuelve la mirada sobre un asunto puntual de la actualidad colombiana, el paramilitarismo, su difusión mediática y sus derivados.

Resulta realmente sorprendente la capacidad de estas pinturas de combinar el profundo conocimiento de historia del arte del artista y las imágenes de los medios en Colombia en la actualidad. La capacidad de pasar de lo banal y lo satírico a lo macabro y doloroso. Las piezas destinadas a formar un personaje de los Simpson y sacadas de las figuritas que salían hasta hace poco en las papas fritas se transforman ante la mirada del espectador. Pasan de ser personajes de tira cómica a ser protagonistas del terror, incitadores de memorias sobre el famoso Guernica de Picasso pero también a traer reminiscencias sobre los grabados del artista colombiano Luis Ángel Rengifo sobre las torturas en la época de la violencia bipartidista en Colombia, y finalmente, en las imágenes que han llenado nuestros días en el último año con las confesiones de los paramilitares sobre el paradero de los tantos desaparecidos, las imágenes de las fosas comunes. En un corto tiempo se pasa de la admiración del color en su eufórica y engañosa belleza publicitaria a la pesadumbre de los cuerpos descuartizados. En pocos instantes se da uno cuenta de lo macabro de la situación.

En últimas, no podría ser distinto: las pinturas de Uhía son como su tema, aparentemente descomplicadas, divertidas, vibrantes y seductoras pero en el fondo siniestras, desalentadoras y trágicas.

MARÍA CLARA BERNAL

Fernando Uhía, por María Clara Bernal | artnexus