Exposición Individualdic 2008 - feb 2009· Por Dermis Pérez León

Fernando Montiel Klint

Galería Fernando Pradilla

Con esta primera exposición individual en Madrid de Fernando Montiel Klint (1978, Ciudad de México), la galería de Fernando Pradilla apuesta por una fotografía contraria a la tendencia predominante en la última versión de PhotoEspaña, la cual estuvo más cercana a la escuela alemana y a la tradición documental. Montiel Klint acude a otra vertiente de los inicios de la fotografía, aquella de tradición pictórica en el género del retrato, donde el sujeto era fotografiado en una atmósfera onírica, con un paisaje como telón de fondo, o rodeado de símbolos que identificaban su estatus social o intelectual. La serie Nirvana presenta una galería de personajes en estados hipnóticos, perdidos en su propia escenografía, que los invade y anula.

Si estamos de acuerdo con la visión de Baudrillard sobre cómo los objetos desplazan en su seducción al propio sujeto, y que éste, a su vez, se siente cada vez más atrapado en el mundo material —argumento que el filósofo francés desarrolla en Las estrategias fatales— entonces, la serie de fotografías Nirvana de Montiel Klint podrían ilustrar esta idea pesimista. Aquí el sujeto ha perdido su sentido de “ser”. No nos ofrece ninguna pista en el mundo esquizofrénico que lo rodea, es decir, si como sujeto es portador de algún saber, historia o poder. Anulado por el contexto surrealista donde prima el sinsentido de las cosas, el individuo representado es parte del escenario que se construye, desde la noción de mercancía. Los objetos que lo rodean han pasado a identificar al retratado al ser más fascinantes que él mismo, más atractivos y deseables. Aun cuando podría decirse que no tienen otro valor que no fuera el que les diera el comprador o el mercado, sin ellos el individuo no sería más que vacío.

Exposición Individual: Fernando Montiel Klint — imagen 1
Fernando Montiel. Nirvana, 2007. Impresión cromógena sobre dibond. 115 x 148 cm. (45 ¼ x 58 ¼ pulgadas).

Las fotografías de por sí nos seducen, no sólo por ese escenario excéntrico, teatral, casi de mise en scène, que retrata mundos privados. Nos enfrentan a la duda de lo posible e imaginado, exacerbado por el tratamiento de la iluminación dramática, diría de escenario cinematográfico de alguna producción que pretende ser sofisticada, pero que devela el trucaje de lo falso expuesto. Montiel Klint exacerba aún más la belleza de su producto, con la cualidad táctil y atractiva de la toma cinematográfica de pose y gran formato, contraria a la fotografía documental en la cual predominan el momento “decisivo” y la presencia de pocos elementos que dan la clave de significado. Aquí todo es saturación, composición barroca, y para ello no se desdeña acudir a elementos del diseño para enfatizar más su cualidad pictórica.

La situación absurda, casi irreal, de los individuos aquí expuestos —todos ellos jóvenes de cierto estrato favorecido de la sociedad mexicana—, nos podría recordar las fotografías de Daniela Rossell de la serie Ricas y Famosas. En ellas el imperio de la riqueza kitsch y el exceso de la clase alta mexicana, potencia el contraste entre los objetos dispares de esos interiores que rodean al retratado, incluyendo la servidumbre, y la “exposición” obvia a cierta fragilidad y soledad del personaje. Pero Montiel Klint, apela más a la ironía, al humor de la situación en que contextualiza al sujeto y desde luego, a la obvia teatralidad, para darle a la imagen otro carácter que no redunde en la toma documental. Sin embargo, sale perdiendo el personaje, a favor de la escenificación y seducción de los objetos que lo rodean. Ellos aluden a íconos de la cultura popular asimilados por una élite “culturizada” que los incorpora como parte de su consumo. Los objetos, no sólo construyen la imagen y la toma fotográfica, sino que caracterizan al retratado hasta anularlo e integrarlo en su “estrategia fatal” como parte más de una mercancía en exhibición.

¿Es por ellos quizás que sus personajes aparecen suspendidos en el espacio, sumergidos en un mundo de objetos o literalmente en el agua de una piscina plástica en medio de una habitación en posición de meditación? Alejados de la mirada, no nos confrontan, ni cuestionan nuestra situación de voyeur, sino que nos hacen cómplices, y se muestran como parte del escenario que comparten con sus objetos. Los retratados se muestran en una actitud contemplativa o al menos “ausente”; están en el vacío, y no justamente el del Nirvana, aquel al que se llega mediante un proceso de meditación y desprendimiento del mundo material. Aun cuando Nirvana es, casi irónicamente, la alusión a un estado extático de contemplación, los personajes de Fernando Montiel se encuentran en el vacío del sinsentido de nuestra cultura consumista actual. 

DERMIS PÉREZ 

Fernando Montiel Klint, por Dermis Pérez León | artnexus