Como accidentes en espera de ocurrir,
las obras de Alejandro Almanza Pereda desafían la integridad estructural, por
cuanto involucran los conceptos de estabilidad, riesgo y peligro. En una
segunda exposición en Magnan Emrich Contemporary, el artista afinó sus
iconoclastas montajes escultóricos. Apartándose de objetos y muebles
encontrados, se basó en innovadores cambios en los materiales, que habían sido
manifestados antes en el acuario de Jeff Koons y los artículos comerciales
exhibidos en anaqueles de Haim Steinbach. La nueva exposición de Almanza Pereda
amplió sus anteriores actos de equilibrio, a la vez que limó algunas asperezas.
Los aparatos de alumbrado y las herramientas de construcción todavía hacen parte de su vocabulario característico. Como en ocasiones anteriores, los objetos fueron recontextualizados en combinaciones asombrosas, y se analizó la altura, por cuanto las obras fueron elevadas en forma peligrosa y colocadas lejos del alcance.

En It is for our own safety se resumieron y parodiaron la distinción y el elitismo de rojas cuerdas de terciopelo. Al utilizar postes metálicos de 10 pies de alto, el artista aumentó la materialidad pero enrareció la imagen. Por encima de nosotros, las seductoras cuerdas mantenían secuestrado un resplandeciente candelabro. La plata, el color rojo y el cristal eran imperiosamente atractivos, evocaban clase y exclusividad y emanaban una falsa aura de cuento de hadas. Sin embargo, un sentimiento visceral de pequeñez, rechazo e inseguridad invadía al espectador mientras caminaba entre los postes y bajo el candelabro.
Gran parte de la fuerza de Almanza Pereda proviene de su capacidad para cargar en forma simbólica el ambiente y reflejar estados emocionales. Una obra donde esto se hizo muy evidente fue la pieza central de esta exposición, que constaba de dos partes. Basada en el juego Piedra Tijera Papel, los artículos estaban resguardados en una estructura de vidrio consistente en cuadrados y rectángulos transparentes unidos por brillantes clips de metal. Al evocar domesticidad, industria, pánico, violencia, vida y estancamiento, los diferentes objetos creaban un diálogo cismático.
Algunos de los objetos estaban repetidos. Seis globos de papel brillaban; había alambres que salían hacia arriba y penetraban en el techo. Había cinco hachas adornadas con el logotipo TRUPER escrito en vivos colores. Un cono de confeti… algunos trozos de carbón…dos bonsáis…cinco bloques de hormigón…cortauñas… un libro de leyes…, se abría una disertación entre estas entidades dispares.
En un compartimiento superior, un pegote de cemento había embadurnado los bordes y se había endurecido en el centro. Típico en él, Almanza Pereda había invertido el equilibrio y había puesto la parte más pesada sobre un constructo frágil en apariencia.
En uno de los cubos inferiores, un niño abierto y alto en una bolsa de papel marrón desinflaba por completo el elevado concepto de una vitrina. Normalmente, las vitrinas guardan apreciadas reliquias, no latas de cerveza vacías.
La pieza, ingeniosa e irreverente, era también enigmática desde el punto de vista de la estética, por sus ritmos y reflexiones. En el centro de todo había un fajo de billetes de cincuenta dólares. Un hacha de vidrio transmitía la idea de emergencia y también de tentación. No era una exposición pasiva, en el sentido de que reflejaba a la vez ansiedad e impulso.
Lo pesado y lo liviano se combinaban en una enorme bola de cadenas que colgaba en el espacio de Magnan Projects. Los seudocandelabros en el arte (la primera en explorarlos fue Petah Coyne) poseen un magnetismo forzoso, pero éste también tenía una mole perturbadora. Out to Lunch/Closed for the Day ponía en duda nuestra dependencia de los códigos de seguridad e inspecciones oficiales. La brillante espiral de metal (de más o menos una tonelada) encaraba el límite estructural de la solidez de la cadena para sostenerse. La estrategia recurrente de Almanza Pereda es llevar las cosas justo hasta el punto de quiebre.
En otra pieza increíble, un acuario de cuarenta galones de capacidad reposaba sobre un delgado marco soldado, de unos diez pies de alto. En el agua, una gran cantidad de bolas de Navidad de color rojo estaban amarradas a un mazo, suspendiéndolo. El mango de madera flotaba pero la pesada cabeza bajaba. En esta escultura, la intensa visión del artista pasó, literalmente, del soporte al suspenso.
El optimismo de una época festiva fue contrarrestado y reencauzado. Ecuaciones opuestas coexistían. Las nociones hundirse, inundar y romperse estaban controladas pero ejercían una presión permanente. La acción estaba implícita: específicamente, la posibilidad de que el mazo hiciera añicos los brillantes ornamentos o el tanque de vidrio. El contraste era igualado por los elementos opuestos agua y aire.
En un par de serigrafías, el artista repitió esta oposición equilibrada. Representó huevos en sus cajas, primero sobre una balanza y luego debajo de ésta. Al situar la balanza encima de los huevos la esperanza era amenazada pero también reforzada. Frente al arte de Almanza Pereda se nos corta la respiración a medida que el orden normal es convocado de nuevo en inesperadas señales de renovación. Las partes efímeras de la vida sostienen lo concreto. Lo liviano sostiene la oscuridad y lo pesado.
Al hacer un comentario sobre su humorístico título, The Fan and the Shit, Almanza Pereda bromeó diciendo que era sobre los seguidores del arte que venían a admirar su nueva mierda. El arte puede ser considerado como un subproducto de la digestión mental. Esta exposición presentó un potente fertilizante cerebral.
JEFFREY CYPHERS WRIGHT
