Para negar la existencia del amor y la viabilidad de las parejas, se suele acudir a una cita de Jung que habla del amor de pareja como una loca y artificiosa carrera para tratar de construir un nosotros cuando a duras penas se puede ser UNO. Quienes diseñaban los contenidos de las revistas femeninas en los años cincuenta no tenían en cuenta esta observación, para ellos el matrimonio significaba ser dos en completa comunión, sentir las mismas emociones, gustar las mismas alegrías, llorar por las mismas penas. Si bien el presupuesto de Jung sacado de contexto se convierte en exageración, también es exagerada la presión subliminal a la que es sometida una mujer a lo largo de su vida para tratar de desempeñar ese papel de manera adecuada. Las instrucciones nunca cesan: consejos familiares, revistas para adolescentes, páginas de internet, el gran escaparate de tendencias que son la mayoría de los medios de comunicación, las telenovelas.
La artista Tania Candiani (nacida en la ciudad de México en 1974, y desde hace más de 10 años trasplantada a Tijuana) lleva varios proyectos estudiando cómo la conducta de la mujer (en el ámbito de lo doméstico, vida de pareja) es estirada cual corsé durante toda la vida, para atenerse a unos estándares de presentabilidad y corrección, por no aludir directamente a la belleza. Unos mínimos que para alcanzarlos (ser buena profesional, buena esposa, buena madre, buena amante) hay que poner el empeño de una saltadora de pértiga olímpica.

Este estudio antropológico sobre la mujer en el trabajo de Candiani, que desde sus inicios abunda en autorrepresentaciones y temas surgidos de la experiencia directa, empezó con Gordas (2001), exposición multidisciplinaria (instalación, video, fotografía, dibujo con cosido a mano o máquina, bordado, intervenciones) realizada a partir de los múltiples estímulos que empujan permanentemente a las mujeres a luchar contra el sobrepeso, mientras son bombardeadas con la misma intensidad por los placeres de la nutrición caprichosa y sobre todo, pasada de azúcares. Básculas, refrigeradores con candados, una serie genial de cuadros adiposos, y registro e intervención de reclamos publicitarios de una industria del adelgazamiento que cada vez engrosa más sus ganancias. Gordas explora la delgada barrera entre salud y patología, entre dieta sana y anorexia, entre método y compulsiones, como la bulimia. No en vano, una de las piezas más emblemáticas es el dibujo cosido de una mujer con sobrepeso induciéndose el vómito.
El estudio sobre la condición femenina prosigue con la serie de objetos intervenidos Protección familiar (2003-2004), alusión a la violencia doméstica, que incluye Cascos protectores, serie de autorretratos fotográficos “vistiendo” utensilios de cocina, diferentes coladores metálicos, para cubrirse el rostro y la cabeza de posibles agresiones, y continúa con la serie Lo doméstico (2004-2006), obra más centrada en la intimidad sexual —quizás el terreno donde la mujer vive más prejuicios, interviniendo—, colchones cosidos con interjecciones estereotipadas de placer: don´t stop, please, yes yes yes, oh my god.
Ahora, con Instrucciones y recetas, Tania Candiani disecciona de nuevo con burla elegante la contumacia de los medios de comunicación para con la mujer, al tomar modelos de la publicidad de los años cincuenta para constatar que: “Cambian los lenguajes de la publicidad y las estrategias y mensajes del arte, para hablar de un tema que a lo largo de los tiempos NO CAMBIA”. Para poner en evidencia el mensaje subliminal de la publicidad, Candiani usa textos de anuncios: “DOMINE SU CORAZÓN, un horóscopo para conseguir novio, ahora es posible comprar abundante belleza por poco dinero…" cosiendo con hilo esas consignas en telas de gran formato, con el contexto de las imágenes cambiado; así, algunas imágenes evocan más al autoerotismo que a la complacencia conyugal.
Una pequeña venganza estética a esos mensajes cargados de ideología indigesta que se perpetúan de un modo casi biológico, de abuelas a madres; es como si estuvieran encriptados en la información genética de las mujeres. Porque a pesar que películas y telenovelas (o los populares libros/historieta de vaqueros) tienden a mostrar a una mujer más liberada e independiente, en esos productos propagandísticos siempre se acaba estigmatizando el libre albedrío de las mujeres, ya que la buena de las telenovelas sigue siendo la representación de la buena esposa.
Candiani alude al rito de pasaje de la niñez (evocada como época libre de instrucciones y recetas) a la edad adulta con una instalación formada por trescientos relojes alineados sobre repisas en una pared, donde el tiempo suena como agua, tiempo líquido, en una cita literaria a la Alicia de Caroll, en contraposición al tiempo detenido, cristalizado en el registro, video y fotografía, de una instalación con ochocientos relojes que la artista realizó en el desierto de la laguna Salada, en Mexicali.
Unos dibujos a lápiz sobre tela de gran formato y sobre los muros completan esta propuesta de Tania Candían, quien ya nos tiene acostumbrados a abordar un tema (casi siempre relacionado con la vivencia de la feminidad) utilizando varios medios.
RUBÉN BONET
