La subasta realizada por Christie’s el 28 de mayo estableció un nuevo récord mundial en materia de total de ventas registrado en toda la historia de las subastas de arte latinoamericano, sobrepasando el estimado alto relativo al total de la subasta y superando las expectativas. Quizás sea recordada también como una subasta lenta, muy larga, extremadamente larga, que duró, en realidad, más de dos horas. Muchos de los asistentes se fueron antes de que terminara, con lo cual reforzaron, una vez más, la tendencia de que, en el futuro, la moda para las subastas nocturnas será la vía telefónica o Internet. Casi todos los lotes más destacados de esta subasta quedaron en manos de postores que hicieron sus ofertas por teléfono.
La buena suerte de la subasta de Christie’s empezó con el primer lote, un paisaje con catarata, de Tomás Sánchez, avaluado en US$50.000/60.000, que sedujo a tres postores y finalmente alcanzó un precio de US$217.000. Esto habría sido desconcertante, de no ser porque el lote siguiente, The Promenade (El paseo), de Mario Carreño, al que se le habían calculado US$100.000/150.000, se vendió en US$265.000, y así ocurrió durante la mayor parte de esta exitosa noche, en la que los estimados casi nunca fueron un indicio del precio que finalmente se concretaría.

El precio más alto de la subasta, y un nuevo récord mundial para Rufino Tamayo, se presentó a comienzos de la venta, cuando el lote número 18, Trovador, una obra de 1945 que tenía un estimado de 2/3 de millón de dólares se vendió por el increíble precio de US$7.209.000, lo que la convirtió en la obra de arte latinoamericano más costosa vendida en una subasta. Esta hermosa pintura había estado en la cubierta del catálogo de la última temporada de Christie’s pero fue retirada en el último minuto, debido a una discusión con la junta directiva de la institución donde se encontraba.
La puja latinoamericana por Trovador se detuvo en 4 millones de dólares, lo que nos lleva al lote de la portada del catálogo de Sotheby’s: Comedor de sandías, de Tamayo, que tenía el número de la suerte, el 13, de la subasta nocturna. Se le había asignado un precio de US$2.000.000/2.200.000, y una puja muy activa lo elevó a US$3.625.000. Entre los coleccionistas mexicanos esta pintura siempre ha tenido fama de ser un gran Tamayo, y fueron precisamente ellos los que elevaron el precio a esa suma. A los otros Tamayos de las subastas también les fue muy bien, pero quedó muy claro que no todas sus pinturas tienen el mismo nivel de precios que estas excelentes obras de 1940. Esto es cierto incluso para obras más tempranas: Noche clara, de Christie’s, era un hermoso paisaje de apariencia surrealista, como lo interpretó Tamayo en 1932; su estimado era de US$350.000/450.000, y se vendió en US$421.000; otra obra surrealista de 1931, Naturaleza muerta con desnudo y guitarra, que presentaba una extraña agrupación de objetos con un maniquí desnudo, y que tenía un precio de US$500.000/700.000, no se vendió. El Los Angeles County Museum ha seguido vendiendo Tamayos de la colección Bernard Lewin, con el fin de beneficiar adquisiciones de arte latinoamericano, y Christie’s vendió muy bien dos de estas obras, una de 1975, Desnudo, que sobrepasó los cálculos de US$200.000/250.000, quizás un precio muy cauteloso, y llegó a US$385.000, y Fantasma, pintada en 1982, también superó el precio base de US$300.000/400.000 y se vendió en US$541.000. En Sotheby’s, la temprana Naturaleza muerta de Tamayo, de 1924, con un estimado de US$275.000/325.000, alcanzó US$505.000, después de una tenaz batalla entre tres postores. A otra temprana naturaleza muerta, también de la década de 1920, Relojes, le fue aún mejor cuando, un poco más tarde, superó su estimado de US$325.000/375.000 y se vendió en ¡US$685.000!


Pero quizás ninguna pintura mejor que El constructor para ilustrar el hecho de que en el mercado de Tamayo sólo un tipo muy selectivo de pinturas esté dentro del círculo de los millones; esta hermosa aunque austera pintura perteneciente a su década dorada, los años cuarenta, tenía un estimado de US$700.000/900.000 y, sin embargo, se vendió por debajo del millón, en US$965.000. El último Tamayo ofrecido en Sotheby’s provenía del Museo de Arte de Los Ángeles y, al igual que a sus contrapartes en Christie’s, le fue muy bien, al superar las expectativas de US$300.000/350.000 y venderse en US$553.000.
Otras obras mexicanas importantes vendidas en Christie’s incluyeron el lote de la portada del catálogo, El juglar, de Leonora Carrington, al que se le habían previsto US$600.000/800.000 y fue vendido en US$713.000, estableciendo un nuevo récord mundial para la artista. La temprana escultura de Zúñiga titulada Desnudo de pie, de 1944, tenía un precio base de US$70.000/90.000, pero despertó gran interés y llegó a US$229.000, un precio mucho más alto. Pedro Coronel también obtuvo un nuevo récord mundial cuando su colorida obra La guerra florida, con un estimado entre US$200.000/300.000, finalmente quedó en manos de uno de al menos tres decididos postores, quien pagó US$457.000. La pintura pertenecía a la colección de Frank y Jayne Fernández, expatriados estadounidenses que viajaron a México cuando en 1957 Eastman Kodak le solicitó al Señor Fernández que asumiera la dirección de su outlet mexicano. La colección también incluía una serie de excelentes obras de Gerzso y Dr. Atl, todas las cuales se vendieron muy bien.

La India, de Ramos Martínez, casi dobló su estimado máximo en Christie’s, cuando alcanzó US$2.169.000 (el estimado era US$800.000/1.200.000); esto significó un éxito constante en cuanto a los niveles de precios más altos logrados hace poco por el artista en las dos últimas temporadas. En Sotheby’s otro Martínez, La niña de las flores blancas, también superó los cálculos de US$250.000/350.000 y se vendió en US$517.000. En el otro extremo del espectro estético, las abstracciones de Mathias Goeritz también mantuvieron el alto nivel de precios para el artista. Su Mensaje, una radiante hojilla de oro sobre madera estaba avaluada en US$200.000/300.000 y alcanzó US$265.000.
En Sotheby’s, el arte colonial tuvo dos exitosos puntos destacados. El valle de México desde el cerro de Sta. Isabel, de José María Velasco, había sido avaluado en US$180.000/220.000 y superó en más del doble el estimado alto, al venderse en US$553.000. Una pintura mexicana anónima, del siglo XIX, de la Virgen de Guadalupe, en un elaborado marco de plata barroco, con candeleros, había sido avaluada en US$60.000/80.000 y alcanzó el increíble precio de US$481.000.

Sotheby’s obtuvo 25 nuevos récords mundiales. Entre estos estuvieron Constructif mystérieux, de Torres García, a la que se le habían calculado US$1.100.000/1.400.000 y alcanzó US$1.721.000, y dos récords para Pettoruti, el primero para un óleo sobre lienzo, La señorita del sombrero verde, avaluado en US$300.000/400.000 y vendido en US$629.000, y el segundo, para una obra sobre papel, Espansione dinámica, que sobrepasó los cálculos de US$60.000/80.000, al venderse en US$265.000. Incluso el sector más conservador y tradicional de coleccionistas argentinos estuvo a la altura del desafío de los nuevos niveles en los precios. Quinquela Martin obtuvo un nuevo récord con El Puerto de Buenos Aires, una vista del Puerto de Buenos Aires, a buen tamaño, que siempre ha sido su tema predilecto. Se le dio a la pintura un estimado de US$90,000/120,000 y luego, durante la subasta, se vendió por la asombrosa suma de US$421,000, lo que es aún más insólito cuando se tiene en cuenta que sobrepasó ampliamente el récord anterior de US$76,000, que había obtenido tan sólo un año antes, cuando la misma obra se vendió en el Drouot de París.
Otro campo de constante éxito para las dos subastas fueron las obras contemporáneas ofrecidas, en particular, las de artistas cinéticos. Soto superó las expectativas en la subasta nocturna de Christie’s cuando los estimados de los dos lotes ofrecidos se elevaron considerablemente. El primero, Tres columnas blancas (en el catálogo se le denominó erradamente Columna rosa), tenía un estimado de US$200.000/300.000 pero llamó mucho la atención y terminó vendiéndose en US$481.000, un nuevo récord para el artista. El segundo Soto, Gris et couleur, tenía un precio base de US$80.000/120.000 y logró US$265.000, más del doble del estimado máximo. Sotheby’s también tenía dos obras de este artista, y en los dos casos superaron los estimados altos. La primera, Fiesta, se había avaluado en US$150.000/200.000 y fue adquirida por US$265.000; a la segunda, Esfera Virtual (Serie Orinoco) le fue aún mejor, pues con un estimado de US$80.000/100.000, se vendió en US$313.000.

Pero quizás ningún éxito fue mayor, en proporción, que el logrado por Ordenamiento de una superficie, virajes progresivos de rotación, de Julio Le Parc, ofrecido en Sotheby’s con un estimado de US$40.000/60.000, que superó todas las expectativas al lograr un nuevo récord mundial para el artista, cuando se vendió en US$313.000. Este artista tiene una amplia e interesante producción que hasta ahora había sido mucho más apreciada en Europa que en las subastas latinoamericanas, pero esta venta comprobó que esto puede cambiar rápidamente y que Le Parc va en camino de convertirse en un pilar del sector contemporáneo de las subastas, junto con toda esa generación de artistas argentinos que también incluye a Luis Tomasello y Martha Boto. Estos artistas cinéticos desarrollaron un lenguaje internacional cuando se trasladaron a París en la década de los cincuenta, y sólo ahora están recibiendo atención seria de parte de todos los coleccionistas de arte latinoamericano. Martha Boto tenía una pieza en la subasta de Sotheby’s, Intercessions lumineuses, que había sido avaluada en US$20.000/25.000 y se vendió por encima del estimado, en US$37.000, un nuevo récord mundial para la artista. Espirales rojos (No. 12), de Antonio Asis fue ofrecida en Christie’s con un precio base de US$30.000/40.000 y se vendió en US$51.400. Reflexión No. 75, de Luis Tomasello, ofrecida también en Christie’s con un estimado de US$50.000/70.000 obtuvo US$67.000, mientras que su Atmósfera cromo-plástica No 77, en Sotheby’s, de la que se esperaba obtener US$60.000/80.000, se vendió muy bien, en US$79.000.
Hay una tendencia constante de apreciación de la generación de artistas cinéticos que cruza las fronteras de la nacionalidad. A Coloritmo 69, del venezolano Alejandro Otero, Sotheby’s le había asignado un precio base de US$150.000/200.000, y se vendió en US$409.000, el doble del estimado alto y un nuevo récord mundial para el artista.


El interesante caso de las dos obras de Cruz-Díez que rompieron récord en Sotheby’s ilustra muy bien el profundo interés en esta área del mercado. Primero, su Physichromie No 437 superó con creces su estimado de US$70.000/90.000, al venderse en US$169.000 en la subasta nocturna, pero al día siguiente, su Physichromie No. 743 se vendió en US$205.000, creando un nuevo récord mundial en menos de 24 horas.
De Brasil, la obra Relieves blancos (No 357), de Sergio Camargo, tenía un precio base de US$40.000/60.000 y fue vendida por Sotheby’s en US$169.000, mientras que en Christie’s, su Relieve No. 282, con un avalúo de US$150.000/200.000, obtuvo US$289.000, e incluso su pequeñísima No 120 se vendió por encima del estimado, US$60.000/80.000, en US$85.000. Irezumi con patrón de cerámica, de Adriana Varejão, ofrecida por Christie’s en US$80.000/120.000 terminó vendiéndose en US$193.000; era una hermosa pieza de cuero de vaca pintado que había sido usado en un performance. Vik Muniz tenía en Christie’s una pieza de su serie de chocolate, Misa, a la que le fue muy bien, pues superó los cálculos de US$40.000/60.000 y logró US$109.000. Sin título, de Mira Schedel, ofrecida por Sotheby’s, había sido valorada en US$35.000 y superó el estimado más alto, al venderse en US$85.000.

En forma muy similar a las tendencias del mundo contemporáneo de las finanzas internacionales, el arte latinoamericano está presentando las mismas partes fragmentadas de crecimiento del mercado: por una parte, estas ventas pueden verse como el triunfo del arte latinoamericano tradicional clásico, representado en el enorme éxito de Tamayo. Fue, sin duda, la primera vez que el artista superó en precio los récords previos para todo el arte latinoamericano, que antes les habían pertenecido, tradicionalmente, a Frida y Diego. Por otra parte, otros sectores del mercado, de artistas abstractos Torres García, y los cinéticos, están logrando nuevos niveles de precios.
Enfrentado a este nuevo mundo de precios altos y constante crecimiento del arte latinoamericano, le pregunté a Carmen Melián, directora de este departamento en Sotheby’s, cuál sería su consejo hoy para los nuevos coleccionistas que recién entran en este campo, y si deberían empezar con los clásicos, concentrarse en lo contemporáneo, o combinar las dos opciones.

Ella les sugirió escoger primero lo que les encante, luego, educar el ojo y adquirir tanto conocimiento del área y los artistas como puedan, con el fin de tomar las mejores decisiones para coleccionar. Al hacerle la misma pregunta a Margarita Aguilar, de Christie’s, su respuesta fue: incluir lo mejor de cada área y concentrarse en la calidad, a la vez que se asegura que todas las áreas, clásica, contemporánea y colonial, estén bien representadas.
Aquí no cabe duda de que el arte latinoamericano es en la actualidad un activo participante del escenario artístico internacional, y que sigue creciendo, lo que es la mejor noticia para vigorizar las subastas en el futuro.
Total de la subasta en Christie’s: US$33.861.360. Es el total más alto para una subasta de arte latinoamericano. La venta combinada de las subastas diurna y nocturna fue 87% por dentro del estimado y 82% promedio de ventas por lote.
Total de la subasta en Sotheby’s: US$28.141.600. La venta combinada de las subastas diurna y nocturna fue 80,4% por dentro del estimado y 90% promedio de ventas por lote.
ALBERTO BARRAL
Dealer de arte, Nueva York.

