Rosemberg Sandoval, artista colombiano nacido en Cartago, una ciudad de provincia, quien declara ser hijo de campesinos desplazados y el menor de catorce hermanos, es pionero del performance en Colombia. Menciono estos datos autobiográficos porque ellos determinan el carácter de su trabajo, así como utilizaré de forma reiterada sus palabras porque encuentro que ellas son parte de su acción artística.
Su obra se inicia en 1982, con una serie de acciones en las que dibujaba o hacía objetos con vestigios corporales —vísceras o pelo— provenientes de cadáveres anónimos. “En 1987-1988 —dice Sandoval— borré a puñal una fotografía. En 1999 froté el cuerpo de un indigente adulto hambriento y pestilente sobre las paredes y el piso de un museo. En 2000 dibujé con mis vellos púbicos arrancados una tierna cara de bebé. En 2001 trituré con mis manos 30 docenas de espinosas rosas rojas hasta que la sangre se confundió con los pétalos caídos. En 2004 rediseñé banderas del Primer Mundo con papeles sucios recogidos de la calle"1.

En la obra de Rosemberg Sandoval frecuentemente hay algo mortificante, algo que parece traspasar los límites de lo tolerante, como ocurría con el accionismo vienés y otras prácticas afines en las que parece, se atenta contra la vida. Esa carga emocional y la manera a veces brutal de asumir el cuerpo pueden comprenderse a partir de sus propias experiencias. Cuenta el artista que la primera acción corporal que vio en su vida, “la hacía una hermana de mi papá, que vivió algún tiempo con nosotros estando yo muy pequeñito, y consistía en permanecer sentada y quieta sobre su baúl de madera cruda, contendido de sus pequeñas cosas, para luego cortar esa quietud absoluta, con un estado de convulsión que la tumbaba brutalmente de su pedestal, hiriéndose una ceja, o la boca o los codos. La imagen de ella con mirada fija en el vacío, ataviada con un remendado vestido de flores, su rostro desdentado y su cabello lacio tocado cuidadosamente con una diadema brillante, siempre quedó en mí”. La fuerza de esta imagen ha estado presente a lo largo de su trabajo, incluida Acciones políticas exposición individual presentada en abril en la Galería Casas Riegner.
La muestra comprendía 21 acciones, algunas de ellas hacen parte de esa condición brutal a la que aludía anteriormente. El artista las describe en estos términos: Caudillo (con lengua humana) 2000- 2007 “(con una piscina de formol atestada de cadáveres humanos como fondo), posé con ropa negra y con una lengua de un cadáver humano anónimo enganchada a mi cuello”. El cuarto del artista, 2007, “acción corporal hecha dentro del cuarto de mi hermano (en la casa de mis padres), en donde colgué de sus pies y del dintel de su puerta a un indigente”. Caudillo con bebé, “conspicuo, envuelto con ropa negra (y con una piscina de formol atestada de cadáveres humanos como fondo), posé con el cadáver de una bebé colgado a mi cuello y con ademán de una deidad contemporánea”.
Otras acciones, también llenas de fuerza, tenían un tono muy distinto, no sé si la palabra adecuada para calificar esa condición menos brutal pueda ser sutileza, son obras menos “chocantes”, pasan por un filtro que las tamiza que las hace muy eficaces. En ellas la violencia de las condiciones del mundo, la cercanía con la muerte y la destrucción que quiere mostrar Rosemberg Sandoval, no nos hace desviar la mirada porque algo resulta insoportable, estas obras quedan en la memoria, se fijan por su “belleza” y su violencia. Permanecen para que reflexionemos sobre el mundo en el que vivimos. Lo autobiográfico se hace evidente en Caudillo (con machete), 2000-2007, que es descrita por el artista: “de pies, con indumentaria luctuosa y con ademán de foto para documento, posaré sobre mi pecho uno de los pocos objetos llevados consigo por mis padres durante el desplazamiento forzado y padecido por ellos en 1960 de la vereda Pedro Sánchez en Cartago hacia Cali”. Dos de las acciones que más me impresionaron se titulaban, Amanecer con fango y Casita de arroz, en las que se utilizan dos estrategias distintas. La primera es un testimonio, una imagen de algo que acontece y Rosemberg Sandoval la captura y la presenta. La segunda es una acción realizada por el artista. Amanecer de fango, 2000-200, “frente a la casa de mis padres, un indigente adulto procedió a lavarse la cara, los brazos y las manos en un charco de agua fango para reiniciar su jornada de trabajo”. Casita de arroz, 2004 – 2007. “Casita elemental hecha con unos pocos granos de arroz crudo y colocada después en la palma de mi mano, que se cerró destruyendo la casita”. Estas obras señalan condiciones difíciles y precarias del mundo, realizan los objetivos que se propone Rosemberg Sandoval de alegorizar y presentar “la agonía y la muerte como amenazas irreversibles, como hechos comprobables y como condición de la materia que nos transforma en exterioridad, en polvo, en fango y en mugre”.
Las acciones se presentaron a través de vídeos y registros fotográficos, así como se incluyeron objetos utilizados en cada una de estas acciones. La factura impecable del video y el material fotográfico mitigaban en algunos casos la fuerza de la acción; en cambio, los objetos tenían otra apariencia menos aséptica. Por ejemplo, los juguetes, en las fotografías lucían como piezas de catálogo, los colores se veían brillantes, las superficies lisas y nuevas, mientras que los objetos reales tenían un carácter precario que los ligaba a posibles historias y acontecimientos. Algunos estaban algo empolvados, un poco deteriorados por el uso y el paso del tiempo, lo que les confería una dimensión impactante, más acorde con las intenciones de Rosemberg Sandoval: “Hacer política desde el arte, redestruir iluminando conectando lo ancestral y lo contemporáneo, lumpenizar el arte; digerir lo social, lo político y lo económico desde el poder de lo marginal; desafiar el gusto, el dinero, (…) hacen parte de un gran proyecto estético: convertir el arte en un sistema digno de interpretación de la realidad, ¡la moral como actitud, soporte y requisito para producir arte!”.
NOTA
1. Las distintas citas han sido tomadas del dossier del artista y del texto Acciones políticas que acompañó la muestra.
MARTA RODRÍGUEZ
