Exposición Individualsept 2008 - dic 2008· Por Autor no disponible

Marco Arce

Ramis Barquet Gallery

Isometric Projections/Proyecciones Isométricas es el título de la reciente exposición de Marco Arce, que incluye trabajos como Esqueletos, Cabezas, Caras verdes concéntricas. Desde el título, ya uno se planteaba los cambios en el uso de sistemas isométricos en las obras de este artista, quien hasta hace poco brindaba emotivos dibujo-pinturas, collages –—y otros medios— de trazo libre. Arce había presentado en exposiciones anteriores más acercamiento al doodle, a lo lineal y a lo orgánico, debidos a sensaciones personales; algunas obras con intensa presencia del color, en ocasiones atendiendo a cierta reflexión social con elementos de comparación y contraste, sensualidad y erotismo. Ahora, el artista introduce al espectador en un mundo también barroco, aunque con diferente origen: territorios recorridos desde el ejercicio de lo autobiográfico y la paternidad por medios digitales. Algunos textos del artista —El conejo y la cara enojada, Proyección isométrica, y El conejo y la cara enojada II—, que acompañan su hacer artístico, son amplios relatos autobiográficos. Él mismo se desnuda psíquicamente en un encadenado proceso de realidades y sueños muy difíciles. Refiere sueños de temor y momentos familiares trágicos, y dice que le ha despertado curiosidad cómo se conectan unas sensaciones con otras. También declara sus relaciones con la muerte, lo que da un giro mucho más personal al tema tradicionalmente enfocado en México con intensidad y originalidad.

Exposición Individual: Marco Arce — imagen 1
Marco Arce. Cabezas cruz, 2007. Acrílico sobre papel. 101,6 x 114,3 cm. (40 x 45 pulgadas).

“Esta serie se trata, posiblemente, del exorcismo de un mal recuerdo de infancia. A la edad de ocho o nueve años viví el momento más agudo del muy largo y tortuoso divorcio de mis padres... ¿Cómo me he relacionado con la muerte?, ¿cuáles han sido mis experiencias en torno a ella? ¿Cómo entra y sale por mi casa de múltiples maneras? A veces es una nube ligera, otras es un relámpago, a veces transparente, otras, dura y concreta. Sirvan estas piezas como un intento de explorar una serie de sensaciones que me acompañan y de las cuales me es preciso hablar y expresar de múltiples maneras”. En un camino paralelo, Marco Arce informa al espectador que los juegos electrónicos con su hijo y su propia adicción a los videojuegos en los setenta, durante la escuela secundaria lo inducen a esta exposición, con el uso de medios tecnológicos.

El carácter obsesivo que se ha manifestado en toda su obra subsiste, aunque ahora no son su ‘pulso’ y sus grafismos los que se ejercen sobre el papel. Al entrevistarlo, Arce dice: “Tengo un equipo de especialistas que manejan lo digital con más experiencia que yo y con otro tipo de sensibilidad”. También menciona que aquella adicción adolescente a los juegos es en cierta medida una pulsión de muerte. La violencia a que lo enfrentó la vida y la sublimación de la misma por un medio tecnológico le permiten tratar de ejercer una relación de paternidad diferente de la que él vivió. Su padre era fotógrafo; Arce y su hijo sacaron fotografías de libros, juguetes, programas de televisión y videojuegos con el teléfono celular. Buscando modificar la violencia presente en ellas, sin perder la calidad de las imágenes, decidió usar el vector gráfico —también llamado modelado geométrico— como sistema para rotarlas y deformarlas. El medio digital es una manera de extender el ejercicio obsesivo por medio de la perfección, los vectores, la ciencia, aunque la propia matemática de la actualidad ya se cuestiona sus certezas.

Al entrar a la exposición, un conjunto de obras enmarcadas —aparentemente en formatos mayores a los habituales—, conectaban con imágenes tratadas tecnológicamente. Sin entrar a describir por completo la representación isométrica, sólo recordamos que es una representación visual en dos dimensiones de un objeto tridimensional. Eso está muy presente en cada una de estas obras de Marco Arce, las que establecen una dualidad entre profundidad y superficie, no atienden a la escala ni a las tradicionales reglas de disminución proporcional de los tamaños según la distancia. Cada pieza tiene guardas continuas de pequeñas obras como las que el artista solía hacer, como se observa en Cabezas cruz, la menos referida a la muerte pero la más adecuada para reproducir en pequeña dimensión. Estos polípticos enmarcados, que miden 40 x 45 y 60 x 43 pulgadas, tienen toda la sensación visual de lo digital y a la vez, de lo pictórico. La sorpresa citada al inicio del presente texto remata en el proceso: las fotos de celular –de muy poca definición-, se trabajan por vectores y colores, se imprimen en papel tamaño carta, luego se calcan en papel albanene, en seguida se dibujan y pintan con acrílico sobre papel fabriano de 300 gramos. Arce se ratifica orgánico, autobiográfico y pintor, aunque use la tecnología digital.

GRACIELA KARTOFEL

Marco Arce: Ramis Barquet Gallery | artnexus