Conceptual y multimediática, la obra de Leopoldo Maler es de intensa expresión intelecto-emocional. Así presentada, ampliamos diciendo que manifiesta al espectador los cambios y los procesos de cambio. Maler, desde fines de los sesenta, trabaja con los siguientes conceptos: las artes visuales no sólo se basan en la pintura, y ésta y sus “colegas” son medios en constante expansión transdisciplinaria. A pesar de la variedad de expresiones que el artista desarrolla, se ha caracterizado por referirse —predominantemente— al cuerpo, tener un fuerte núcleo central y evitar la dispersión focal. Desde aquella máquina de escribir que emitía llamas —presentada en su Argentina natal—, desde los “dedos con fuego” de los setenta, en galería Pecannins, pasando por Silencio en el Camden Festival de Londres, en 1971, y por numerosas presentaciones internacionales, modificando las formas tradicionales, se llega al año 2008, cuando reinstaló Silencio en la exposición reciente en la Galería Nohra Haime. A más de un cuarto de siglo de su presentación original, la obra se mantiene vigente e impecable en su aguda y sutil síntesis expresiva. Maler, formado como abogado, transita por diversos territorios: instalación, tubos de neón, film, escultura, performance, escultura monumental, obras en colaboración, radio, TV, docencia, ¿hace falta decir algo más?

Tubos de neón iluminados conforman los barrotes metálicos de una cama de hospital, el colchón flat, y sobre el mismo, la insólita experiencia de un video que se visualiza en horizontal, como el que Leopoldo Moler presentó décadas atrás en Gran Bretaña. Una enfermera uniformada, sentada junto al lecho cumpliendo la misión nightingale, completa la video-instalación. Sólo un discreto aunque significativo elemento perturba la completa oscuridad de la sala: la palabra "Silencio" en neón azul, vibra en una pared lateral. Además de lo mencionado, cabe retomar la proyección en la cama de una mujer anciana que se da vuelta, cambia de postura y tonos, espera la muerte que la acecha, esa figura humana es el cuerpo virtual, el que no es tangible, el que no es acariciable, por el cual no corre sangre. Esa vida y muerte significadas en eléctrico azul frío y negro profundo, establecen una relación de contenidos que no han cambiado desde que el mundo es mundo, y desde que Maler la presentara por primera vez en Europa.
Entre las otras obras que integran la exposición neoyorquina, otra referencia al cuerpo y al silencio destaca en el terreno estético y recuerda la consciente actitud del artista en cuanto al individuo privado de libertad. De 1990 es Witness to Silence, una cabeza resuelta en fundición de acero, con neón que costurea los labios. Silencio forzado, un silencio no voluntario, silencio silenciado, silencio de muerte, de ejecución, de persecución, silencio del testigo que podría atestiguar lo que está forzado a callar: ¿La vida? ¿La crueldad? ¿La irreverente reiteración de crueldad? Hay diversos tipos de silencio, silencio de muerte, silencio temporal. Elipse Astral es una obra de largo procesamiento (1984-2000). En ella, el artista continúa aludiendo al ser humano a través de un relieve en negro y blanco, con clavos, madera y fibra de vidrio. El fondo como pizarrón con anotaciones de medidas, cálculos, fórmulas manuscritas lleva superpuesto un formato menor cuadrado, del cual emerge un perfil de mujer. Sobre el panel blanquiplateado, dos sectores de clavos se encaminan hacia la figura, creando una forma apuntada.
En el presente texto se menciona reiteradamente “el cuerpo”. El artista trabaja sobre el cuerpo como aquello que más afecta a los seres humanos. Lejos está Leopoldo Maler de centrarse en un tema como tal y ejercerlo con pequeñas variantes. Su estética es personal, arriesgada, dirigida a enlazar la percepción sensible y el intelecto. El cuerpo es el que soporta las represiones políticas de la época, el que sostiene las luchas cotidianas; el cuerpo es el que sobrevive y el que muere, el que procrea y el que lucha. En los setenta, en Argentina, los artistas utilizan la técnica y la tecnología —de manera incipiente—, producen cortes en los desarrollos tradicionales, enlazan las artes de la escena con las escenas de la calle. En ese país, ya en los cuarenta, el cinétismo, la luz de neón y el agua fueron usados por artistas, como es el caso del Movimiento Madí, produciendo obras clave en video-arte, danza, cine, instalación, performance y objetos.
Aquellos momentos iniciales tenían intensa originalidad, frescura, y hasta un cierto primitivismo expresivo frente al intenso corte intelectual. Ni aquellos artistas, ni los conceptualistas de los sesenta, trabajaban una estética seca, por el contrario, primaba, y predomina aún, la percepción sensible. Maler siempre ha estado lejos del conceptualismo seco, sus obras han sido concebidas y construidas con herramientas modificadas. ¿Qué resortes mueve este artista para no excluir al gran dúo (vida-muerte) y hacer de la presencia en diversos espacios de exhibición, una continuidad vital? La sensibilidad poderosa puede asir lo inasible de la imagen en video. En Silencio, la confrontación personaje sentado-personaje acostado, sin comunicarse, sin usar palabra alguna, crean un dúo en fuerte tensión. Ambas personas están estructuralmente sostenidas por un par de opuestos: la exclusiva cama en neón y la silla común. La correspondencia tecnológica de la mujer en video y la cama en neón se enfrentan al otro par no tecnológico de la enfermera y la silla; son pares triangulados por la única palabra que se hace presente y legible en la videoinstalación Silencio.
GRACIELA KARTOFEL
