Informados por su función

Alexandre Arrechea. Encuentro secreto, 2006. Plexiglás. 101,6 x 193 x 152,4 cm. (40 x 74 x 60 pulgadas).

Colectivasept 2008 - dic 2008· Por Jeffrey Cyphers Wright

Informados por su función

 La naturaleza antropomorfa de utensilios domésticos como mesas y sillas conlleva que estos retraten y reinterpreten. Traen consigo un aura de corporeidad al arte. Su familiaridad sugiere un contexto sepultado, rico en asociaciones.

En la historia postmoderna del arte, el mobiliario y nuestra relación con éste se han vuelto foco creciente de deliberación. Aludiendo a la intersección entre lo estético y lo pragmático, Informed by Function se presentó en Lehman College Art Gallery, del 6 de febrero al 15 de mayo de 2008. La exposición contó con la curaduría de Claudia Calirman y Susan Hoeltzel y exploraba “el diálogo de los objetos escultóricos influenciados por el vocabulario del mobiliario, el diseño y la arquitectura”.

Entre los recientes precedentes y contemporáneos se incluyen las sillas alargadas de madera de Doris Salcedo1, que traen consigo asociaciones con los desaparecidos y la prolongada inestabilidad en Colombia. En un contraste material, el argentino Leopoldo Maler2 opta por la tecnología de avanzada al insertar muebles a sus instalaciones de ensueño. En una exposición en Nohra Haime Gallery, este año, el artista proyectó la imagen de una persona sobre una cama para refractar la fricción entre la ausencia y la representación. En Sikkema Jenkins & Co., la silla lacada de acero inoxidable del escultor brasileño Saint Clair Cemig3 llamada Testigo (2008) parece ondularse y retorcerse, como si estuviera viva, alcanzando un clímax de contrastes.

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Marcia Grostein. Tu y yo, 1993. Fibra de epoxy y bronce pintado. 52 x 34,2 x 60,9 cm. (20,5 x 13,5 x 24 pulgadas). Ella, 1993. Fibra de epoxy. 180,3 x 68,5 x 60,9 cm. (71 x 27 x 24 pulgadas).

Estas síntesis no plausibles de lo utilitario y lo visual ofrecen nuevas miradas al interior de nuestro lugar en un territorio. Los dieciséis artistas incluidos en la muestra trataron el tema de manera incisiva e ingeniosa.

En la exposición, la silla era la mejor amiga del hombre (y de la mujer). Once artistas presentaron esculturas que reconfiguraban, rediseñaban y redefinían el concepto de silla.

La silla de sala de descanso con sus atractivas connotaciones de lo confortable y relajante fue el tema de dos de esas esculturas.

El costo de la buena vida se ve cuestionado en la silla de plexiglás titulada Encuentro secreto (2006), del artista cubano Alexandre Arrechea. Un barco de batalla emerge de las líneas traslúcidas y ondulantes, en negación del espacio personal que estaba implicado inicialmente. A pesar del magnetismo de la forma contundente de la sala de descanso, la estridente inserción de un buque de guerra levanta dudas acerca de la validez de nuestra visión del mundo. ¿Es la complacencia, culpable? La conspiración y la conciliación, la represión y la vigilancia son los “secretos” que Arrechea expone en su amalgamada quimera.

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Marc Andre Robinson. Trono para las canciones que vendrán por sí solas y de sí mismas, 2008. Objetos encontrados de madera. 457,2 x 457,2 x 60,9 cm. (180 x 180 x 24 pulgadas).

Maillot Maillol, a cargo de Michelle Jaffe, conjuga la forma de un chaise lounge con un traje de baño femenino. Las funciones de la silla y la prenda se mezclan de manera ingeniosa y sobrepasan nuestras expectativas. Las tiras colgantes se convierten en bandas de soporte. La abreviación de un bikini se hace telescópica dentro de un área inmóvil de reposo. El título está inspirado en las pesadas pero agraciadas esculturas femeninas reclinadas (como El río) creadas por el modernista francés Aristide Maillol (1861-1944).

Entre otras sillas se encuentra Parker (2006) de Forrest Myers, una descontrolada maraña de alambre casi con la forma de una gran silla de brazos. Esta cautivadora escultura se asemeja a un dibujo en lápiz AbEx activado. Las Sillas corregidas de William Stone desafían su propósito original. Tres sillas están apiladas en posición de inminente colapso, cada una con sus patas más cortas que las de la otra. Van cayendo como encuadres en cámara lenta y al mismo tiempo se levantan como los árboles de los que salieron.

Más conocida quizás por sus alargadas esculturas (de hasta 15 metros de altura), Marcia Grostein da vida a las formas simples. Sus características formas seudoanimales parecen surgir y desdoblarse a partir de una sola línea. Las contundentes y erguidas construcciones compiten en su ascenso con las copas de los árboles.

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Courtney Smith. Polly Blue Pell Mell, 2005. Armario de la década de 1950 con espejo y dos mesas laterales. Madera prensada, lámina de plástico. Dimensiones variables.

En esta muestra, la silla de tres patas de Grostein parece galopar delante de un par de rezagados que la admiran. Las piezas de fibra y epoxy conjuran el disimulo mientras su estabilidad se ve amenazada por la danza y su comprometida postura. Percibimos cierto salvajismo al borde de la racionalidad, como una invitación a la emoción de lo desconocido y a la promesa de peligro.

El peligro yace latente en Silla eléctrica negra de Iván Navarro. Tras una cortina en una habitación pintada de negro, una silla vacía, hecha con tubos de luz de neón, confronta al espectador. La brillante luz púrpura se ve mortecina y por capas, dando pausa a nuestra admiración por la bella presentación. La disyuntiva entre nuestro concepto de eficiencia y el reconocimiento de la criminalidad implanta una armonía destemplada.

Haciendo eco a la silla eléctrica en serigrafía de Warhol, esta obra lleva más allá la distinción de la iconografía del estado, específicamente, el horror de la brutal y asesina represión chilena. Flotando en la oscuridad, la silla nos perturba con su seductora congoja.

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Pedro Cruz-Castro. Híbrido III, 2006. Madera, cascos, arcilla, epoxy, metal y tinte. 21 x 30 x 15 in. (53,3 x 76,2 x 38,1 cm.).

Igualmente perturbadora resulta la obra Híbrido III (2006) de Pedro Cruz-Castro. Una pequeña cómoda se ve equipada de ágiles patas de venado que intentan brincar en todas las direcciones. El pesado y sólido conjunto de cajones se posa con crueldad en los brillantes abdómenes distendidos. En esta batalla clásica entre la civilización y la naturaleza, recordamos las especies extintas, el cambio climático y nuestro propio curso hacia una colisión con el destino.

Varios artistas integraron espejos a sus obras. En Ilusión persa (2008) de Madeline Weinrib, un tapete de espejos y gouache nos invita a un recorrido. Al mezclar motivos tradicionales con diseños modernos que contrastan lo abstracto con lo orgánico, la obra rebosa exuberancia. Con reflejos de luz sobre la pared, desplaza el espacio negativo del espejo y lo vuelve un velo diáfano.

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Iván Navarro. Silla eléctrica negra, 2006. Luz de neón negra. 76,2 x 76,2 x 76,2 cm. (30 x 30 x 30 pulgadas).

Como la raída arquitectura de Gordon Matta Clark, Friedrich Kunath presenta la mitad de un piano en En qué parte del mundo te encuentras ahora. El instrumento musical se completa cuando su imagen se duplica en un enorme espejo colocado en ángulo recto. Es como decir “Te extraño”, entonces “te inventaré”. La ilusión es efectiva pero transitoria y sólo funciona desde un ángulo. Aunque el piano sigue tocando, manteniendo la fantasía (literalmente con la ejecución de Glenn Gould de las Variaciones Goldberg de Bach).

En otra referencia a la música, Marc Andre Robinson creó Trono para las canciones que vendrán por sí solas y de sí mismas (2008). Hecha de una espectacular rueda rígida de sillas de desecho, la obra dominaba el espacio. Su escala y su geometría simple eran contundentes. Sus “objetos encontrados” y amigables con el medio ambiente, así como los métodos tradicionales de utilizar pegamento y grapas, le daban a la obra un aura de calidez y progreso. Y como todas las buenas obras de arte, también implicaban lo opuesto. Uno se sentía al mismo tiempo entronado y amenazado. Tal vez el aro de sillas era una rueda Catherine, un enorme instrumento de tortura que rodaba sobre sus víctimas y evocaba el concepto de lo fortuito e inevitable.

Todos estamos a merced del destino, pero el arte lo desafía. Y estas obras eran muy desafiantes.

NOTAS

1. Ver textos sobre la Bienal de Venecia en ArtNexus No. 66, escrito por Carlos Jiménez.

2. Ver en esta misma edición crónica de Leopoldo Maler escrita por Graciela Kartofel.

3. Ver en esta misma edición crónica de Saint Clair Cemin escrita por Richard Leslie.

JEFFREY CYPHERS WRIGHT 

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