Exposición Individualsept 2008 - dic 2008· Por Victoria Verlichak

Flavia Da Rin

Ruth Benzacar Galería de Arte

 Suceden cosas en torno a las magnéticas fotos de Flavia Da Rin (Buenos Aires, 1978), que ya han viajado y han sido admiradas en varias partes del mundo, y que acaban de ser exhibidas en su segunda individual en la Galería Ruth Benzacar. Tan seductoras como inquietantes, sus imágenes son publicadas una y otra vez en periódicos y revistas especializadas y tenidas en alta consideración tanto por los conocedores como por el público en general. Sus imágenes son escogidas como imagen de bienales y muestras, como la realizada en Fondation Cartier en 2005, que, entre las de casi 30 artistas de J'en rêve, eligió una de Da Rin y la distribuyó por todo París en carteles de la vía pública.

Envolventes y ambiguas, las imágenes anuncian una ingenuidad y linealidad que no tienen. Desde el comienzo de su trabajo, Da Rin circunscribe el espacio de la invención fotográfica, del dibujo, principalmente a su propia imagen, siempre cambiante y emplazada ante espacios reales o ilusorios.

Exposición Individual: Flavia Da Rin — imagen 1
Flavia Da Rin. Sin título, 2008. 127 x 120 cm. ( 50 x 47 ¾ pulgadas).

Además del trabajo de horas frente a la computadora, sus obras incluyen mecanismos de la performance, ya que es ella misma la que está en cada una de las piezas de su reciente muestra, El misterio del niño muerto. Da Rin se viste y se fotografía para las 17 obras (tres en blanco y negro, un dibujo y el resto fotos a color), de distinto tamaño y formato de esta serie, que se imponen por su intrínseca fascinación y contundencia. Tratados digitalmente, según las necesidades de un relato que sólo la artista conoce cabalmente, el rostro y el cuerpo de Da Rin cambian de género, de edad, y generan al niño del título, al fantasmita, a los familiares, musas, hadas negras, viudas, niñas; conciben a esas señoras que asisten a los velorios para lucirse.

Sus representaciones discurren entre lo culto y lo popular, y aun cuando las imágenes predominantes de El misterio del niño muerto aluden a la historia de la pintura, la artista manipula su semejanza hasta convertirla casi en personajes de historietas, exagerando sus facciones y acentuando sus expresiones. De igual modo, los retratos están construidos sobre un principio enraízado en las tradiciones fotográficas. Pero Da Rin no realiza la toma buscando el “momento decisivo”, sino que “hace” la fotografía, confirmando la diversidad de este medio atravesado por la hibridación.

Humor y desolación, en esta muestra estructurada alrededor del concepto de una transformación infinita, asociada a la idea de la artista como artífice de múltiples relatos que tienen a su propia imagen siempre en primer plano. En esta delirante historia desfilan mayormente imágenes de mujeres y niñas emparentadas, eufóricas, sorprendidas o llorosas, con manos tan expresivas como sus rostros y con ropas tan lindas como sus adornos. Las dos figuras masculinas jóvenes que aparecen se muestran algo insolentes antes que desoladas, mientras que el presunto abuelo se revela crispado.

En distintas instancias, el niño que sucumbe ofrece un semblante tan triste que genera espanto; se presenta soplando las velitas del que se intuye es el último cumpleaños, con ojeras tan grandes que le ocupan la mitad de su rostro, con su cadavérica blancura, como una aparición del más allá, nadando en brazos de un adulto.

En estos tiempos donde nadie quiere envejecer y la muerte se maquilla, al mismo tiempo que se banaliza en videojuegos y películas, Da Rin se atreve a abordar este inusual tema sin regodearse con lo siniestro, subrayando el cinismo de algunos personajes y las supuestas elevadas exaltaciones de otros que sonríen, cantan y transmiten bienestar. ¿Imaginan la alegría del paraíso? ¿O no? ¿Qué vemos cuando miramos estas fascinantes imágenes? ¿Todas forman parte de una broma macabra?

“Cuando terminé de hacer la serie me puse a pensar acerca de su significado. Por un momento pensé que, a punto de cumplir 30 años, al representar la agonía del pobre niño (inspirado en parte en el Oskar de El tambor de hojalata, en los chicos-viejos de Akira [animación de Katsuhiro Ôtomo], los niños góticos) tal vez hablaba, también, de mi deseo de alejarme de la etiqueta del eterno ‘joven artista’, que no me parece interesante ahora”.

El hecho de titular una muestra con una “muerte”, más si es la de “un niño”, es algo arriesgado. Pero Da Rin sale victoriosa de su audaz y pródiga propuesta; en sus imágenes hay más enigmas que certidumbres. Sus trabajos suscitan iguales dosis de ternura y consternación, generando alternativamente ansiedad y sosiego y dejando que el espectador eche a volar su imaginación. 

VICTORIA VERLICHAK

Flavia Da Rin, por Victoria Verlichak | artnexus